Víctimas de las bombas y víctimas de la verdad

La agresión criminal de EEUU y Gran Bretaña ha provocado crecido número de víctimas civiles, que se acrecienta días tras día. Ayer se agregó la matanza de 7 mujeres y niños en la carretera cerca de Najaf y los ataques a los camiones que llevaban pacifistas de EEUU y Europa desde Jordania a Irak. Los asesinos procuran evitar que sus infamias trasciendan al mundo, y a tal fin han pergeñado una doble maniobra: por un lado colocan bajo orden militar a los periodistas que se prestan a esta degradación: son los «periodistas-incrustados», que marchan en los tanques invasores; y por otro lado, a los que se niegan a marcar el paso los hacen echar sin miramientos de los medios en que trabajan, cuyos propietarios son meros amanuenses del Pentágono. Además, los mandos quieren extender la censura y la información mentirosa al conjunto de los periodistas destacados en el frente. Todo para ocultar sus crímenes de lesa humanidad.

El caso Peter Arnett

La cadena norteamericana NBC expulsó a uno de sus periodistas destacados, Peter Arnett, quien ya fue contratado por el Daily Mirror, periódico británico opuesto a la guerra. Arnett cubrió la guerra de Vietnam y en la primera guerra del Golfo de 1991 describió en directo para CNN las primeras bombas caídas sobre Bagdad; pero en 1998 la cadena lo despidió después de emitirse un documental preparado por él sobre el uso de gas sarín por parte de las tropas norteamericanas contra sus propios compañeros que desertaban rumbo a Laos durante la guerra de Vietnam. Recordemos, ya que mencionamos a CNN (que se aprecia de «guardar distancia» en sus informativos), que el 26 de marzo interrumpió abruptamente una entrevista al ministro de Información iraquí y la responsable en funciones lo explicó así: «Cortaremos esta trasmisión porque esto es algo que no le gustaría al gobierno de Estados Unidos».

El pecado de Arnett fue conceder una entrevista a la TV estatal iraquí en cuyo transcurso intercaló su opinión de que el primer plan del Pentágono para la invasión había fallado. bastó para que el Pentágono decretara su expulsión. En su intervención póstuma en el canal, Arnett reiteró que se limitó a repetir «lo que ya todos sabemos sobre la guerra». Pero a esa altura ya estaba con los dos pies afuera.

Phil Smucker es un periodista del Christian Science Monitor de Estados Unidos. En su caso la transgresión consiste en que no aceptó integrarse a la cohorte de los 600 periodistas-incrustados que viajan con los invasores y escriben al dictado de los mandos. Estos alegaron un pretexto cualquiera (que en un reportaje sobre operaciones militares en curso en el sur, había facilitado precisiones sobre la posición de las tropas) para expulsarlo, impedir su trabajo y hacerlo escoltar hasta la frontera con Kuwait por militares yankis.

Otros periodistas y Reporteros Sin Fronteras

Un pretexto similar se utilizó contra el periodista estrella de la cadena Fox, Geraldo Rivera, quien también fue conducido a la frontera con Kuwait por soldados estadounidenses de la división 101 aerotransportada, acusado de dibujar un mapa en la arena fijando la posición de algunas divisiones.

Recuérdese que la cadena Fox es la más patriotera, utiliza la expresión «nuestras tropas» y ha conchabado al ex teniente coronel Oliver North, delincuente condenado por su participación en el escándalo Irán-contras (venta de armas a las bandas que luchaban para derrocar al gobierno sandinista).

Por añadidura, los mandos yankis operan como en territorio conquistado decretando la expulsión y la censura a periodistas de todas las nacionalidades. Un camarógrafo de la cadena Qatarí Al Jazira fue detenido e interrogado durante 14 horas por las tropas estadounidenses cerca de Basora. Otro periodista del mismo medio denunció que su equipo fue blanco de disparos de efectivos británicos mientras filmaba en esa ciudad. Dos periodistas portugueses (Luis Castro y Víctor Silva) y dos israelíes (Dan Scemama y Boaz Bismuth) afirmaron haber sido «maltratados y humillados» el 25 de marzo por militares yankis que les hicieron pasar «las peores 48 horas de su vida». En contraste, siete periodistas de diarios italianos que fueron detenidos en Basora por milicianos del partido Baas, declararon que se les recriminó haber entrado sin visado, pero que fueron bien tratados y liberados al otro día.

A esto se agregan las denuncias formuladas por una institución prestigiosa, cuyos integrantes se juegan la vida por una causa justa, como Reporteros Sin Fronteras (RSF).

La información bombardeada

Estos protestaron, por boca de su secretario general Robert Menard, contra «la forma en que las fuerzas anglo-estadounidenses tratan a los periodistas que cubren la guerra en Irak», especificando que «muchos periodistas han sido alcanzados por disparos, otros han sido detenidos e interrogados durante varias horas, y las fuerzas militares han maltratado, golpeado y humillado a otros». También condenó los bombardeos del fin de semana contra el Ministerio de Información en Bagdad, pues «como todo el mundo sabe, en él se encontraban las oficinas de los medios de comunicación internacionales». De esa suerte «fue bombardeado el derecho a la información mundial». Los periodistas trabajaban en los sótanos del edificio, que sufrió daños de consideración, y debieron abandonarlo.

Crímenes que no podrán ocultar

Ayer al largo rosario de crímenes se agregaron la matanza de siete mujeres y niños en la carretera, cerca de Najaf, y el bombardeo a dos camiones que unían la capital jordana Ammán con Bagdad llevando pacifistas de EEUU y Europa dispuestos a oficiar de escudos humanos. En el primer caso los mandos militares alegaron que dieron orden de detenerse al vehículo y al no ser acatada dispararon. El Washington Post dice que hubo confusión en la cadena de mandos. En el otro caso, los responsables militares pretextaron desconocer el hecho, para dar tiempo a la fabricación de la mentira de turno. *

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