Todos podemos luchar contra la guerra
Pero el mundo ha cambiado: ya no hay comarcas lejanas ni hay guerras ajenas. Todas las bombas que caen estallan en nuestro patio, agujerean nuestro techo, matan a nuestros niños. Si el 11 de setiembre el mundo se horrorizó ante la barbarie, hoy se horroriza doblemente, pues a la locura bélica se le ha sumado el poderío militar más abrumador de la historia.
Es por eso que formamos el Comité de Intelectuales Contra la Guerra. cuya primera gran tarea será ayudar y apoyar a los intelectuales de Estados Unidos e Irak en su lucha por la paz: dos pueblos unidos en el espanto, víctimas de la misma locura. La iniciativa responde a la gravedad de los acontecimientos que el mundo está viviendo en estos días. Destacados intelectuales norteamericanos, desde escritores hasta médicos, desde directores de cine hasta profesores universitarios, han denunciado reiteradamente en los últimos meses y, en especial, en las últimas semanas, un alarmante cercenamiento de las libertades individuales en aquel país.
La organización independiente Human Right Watch (HRW), prestigiosa en todo el mundo por su monitoreo de la situación de los derechos humanos a nivel internacional, ha denunciado repetidamente que la Constitución y las leyes de EEUU han sido violadas durante el curso de las investigaciones sobre los episodios del 11 de setiembre: personas arrestadas sin cargos, detenciones prolongadas ilegales, deportaciones sumarias de sospechosos, evidencia falseada, etc.
Este clima de inseguridad creciente en EEUU se ha visto reforzado por la aprobación de medidas legislativas –como la llamada «Patriotic Act»–, que recortan de forma severa los derechos de cualquier persona sospechosa de vinculaciones con el terrorismo.
En las últimas semanas, la creciente oposición de millones de estadounidenses a la cruzada de conquista en Irak ha generado respuestas violentas de la policía y de las autoridades federales norteamericanas. Cientos de manifestantes han sido arrestados en Boston, Nueva York, San Francisco, Filadelfia y otras ciudades. Muchos académicos admiten que les resulta cada día más difícil mantener una posición activa contra la guerra, a raíz de las presiones que reciben. Figuras de la talla de Noam Chomsky o James Petras han denunciado abusos, atropellos, censuras, espionaje. Muchos periodistas han debido guardar en un cajón sus enfoques sobre la guerra para conservar sus puestos de trabajo. Otros, como el corresponsal de guerra Peter Arnett, han sido despedidos de manera fulminante de sus empleos. Algunos sitios antibélicos en Internet han sido saqueados por hackers que operan desde territorio de EEUU. Empresas del área de Internet, como la poderosa Vortech de Orlando, Florida, sacó del sitio que administra a la revista «Yellow Times», porque había publicado fotos de soldados norteamericanos prisioneros de los iraquíes. Varios periodistas han resultado muertos en el frente de batalla por fuego de las fuerzas aliadas, pero de eso en EEUU se informa poco y mal. Un periodista de CNN, Kevin Sites, debió cancelar su weblog a pedido de la compañía para la cual trabaja. Al Jazeera, la «CNN del mundo árabe», ha sido saboteada. Como dice nuestro manifiesto: «las denuncias en EEUU están condenadas a resonar en campana de palo».
A muchas personas que viven en EEUU pero que nacieron en otros países los miedos se les multiplican: por la posibilidad de quedarse sin trabajo, de ser expulsados del territorio norteamericano o, en el mejor de los casos, de terminar peleando ellos o sus hijos una guerra que no quieren, entre otras cosas porque comprenden que esta es una aventura de rapiña y reparto: Bush, Blair y Aznar quieren, cual diabólicos alquimistas, convertir la sangre en petróleo. Del rojo al negro por encima de miles de cadáveres.
En Irak la situación es aún más dramática: a la falta de libertades individuales, reiteradamente denunciadas por la comunidad internacional y por muchos intelectuales iraquíes, se suma ahora la lluvia de bombas de la coalición invasora. Aislados del resto del mundo, los iraquíes se ven imposibilitados de conocer la verdad sobre lo que ocurre en su propio país, en la misma ciudad en la que viven. Su horizonte es hoy metralla y muerte. Sus medios de expresión, si antes eran recortados por el régimen, ahora son amputados por una guerra de conquista que quiere dejarlos mudos y ciegos.
En esta dramática coyuntura, el Comité Internacional de Intelectuales Contra la Guerra se plantea, sobre todo, trabajar en favor de la paz, en favor de la libertad, en favor de los derechos individuales. Sus tareas básicas serán las de brindar información y denunciar el avasallamiento de esos derechos. Su objetivo más apremiante: realizar una inmediata labor de divulgación, gestionando el máximo conocimiento público posible de lo que ocurre dentro de los EEUU y de lo que sucede también con sus tropas en campaña, hoy en Irak y mañana quién sabe dónde.
Vamos a actuar de forma coordinada y simultánea en muchos países: Argentina, Brasil, Chile, España, México, Francia, Colombia, Paraguay, Perú, El Salvador, Ecuador, Colombia, Uruguay. Vamos a divulgar información veraz, de fuentes confiables y de hechos probados. Vamos a denunciar las atrocidades que se cometen. No se trata de un «comité de notables» a la vieja usanza, sino de un comité de activistas: un grupo de intelectuales laburantes que considera su ineludible deber moral la denuncia de los actos de represión, engaño y tramoya continuada del gobierno de EEUU y sus secuaces para con su propio pueblo. Imaginemos, si eso ocurre en el propio territorio de la Unión Americana, qué no sucederá en los territorios invadidos. ¡Si esto hacen con la leña verde, qué no harán con la leña seca!
Acá no se trata de armar cónclaves internacionales, ni de hacer lobby en torno a grupos o sectores. Aquí se trata de ponerse al servicio de una causa que, si no es combatida a tiempo, terminará por arrastrarnos a todos en una barbarie de guerras de conquista y sumisión. Por lo tanto, este Comité está dispuesto a recibir las ideas y el trabajo de todos los que quieran luchar por la paz y contra la guerra, por la libertad y contra la tiranía.
En lo organizativo, el comité tiene una dirección electrónica:
y allí todos los que quieran pueden adherir a esta iniciativa. En pocos días, además, tendremos una página web, que esperamos no sea arrasada por los casacas pardas cibernéticos. No habrá recaudación de fondos, no habrá dinero, no habrá nada de eso. Cada uno va a poner su esfuerzo, su trabajo y su propio dinero para desarrollar las actividades en cada país. Desde la dirección electrónica y el sitio web se divulgarán denuncias, se propondrán iniciativas, se generarán propuestas. Una de ellas es crear en cada país un comité de intelectuales contra la guerra, que actúe en todos los ámbitos posibles. Y también se recibirán adhesiones e ideas. Un arma formidable es la información: mientras los señores de la guerra desinforman y mienten, nosotros informaremos con la verdad como un puño. Todo el que quiera puede recibir esa información. Y puede divulgarla por todos los medios a su alcance: hablando con sus amigos, imprimiendo volantes, reenviando los boletines que emitiremos. Hagamos oír el repique de las campanas de la paz, que entre todos podemos. Con medios pacíficos, vamos a gritar NO a esta guerra para no tener que llorar NO en las guerras que vendrán. *
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