Jóven “más inteligente que Einstein” había sido declarado autista por los médicos
Declarado con un “coeficiente intelectual superior al de Albert Einstein”, el jóven norteamericano Jacob Barnett, se ha convertido en un blasón para todos los que cuestionan varios aspectos de las ciencias médicas, principalmente los referidos al conocimiento de la mente humana.

Cuando Jacob tenía dos años de edad, era sumamente retraído, se aislaba de todo y solamente se contentaba con jugar con libros en algún rincón tranquilo de la casa. Imprevistamente dejó de hablar las todavía pocas palabras que decía y simplemente se aisló en su mundo para no comunicarse más, salvo con su madre. Los médicos lo diagnosticaron como “autista” y le anticiparon a la familia que el niño difícilmente fuera a hablar en su vida, y que tampoco podían anticipar si haría algo más que lograr atarse los cordones de los zapatos.
Durante los siguientes dos años, salvo el afecto de la madre, el niño quedó en lo que era y estaba. Expertos en educación especial se abocaron a tratarlo con los más estrictos ejercicios procurando desarrollarle algunas habilidades básicas y dotarle de algún conocimiento en tanto se creía que la enfermedad lo acompañaría para siempre. Cuando no estaba siendo asistido el niño solo se recluía entre libros que a todas luces no podía entender, pero lo tranquilizaba y así lo dejaron… hasta que cumplió cuatro años.
A los 11 años entró a la Universidad, a los 12 habría ganado el Nobel
Pero su madre estaba segura que algo “diferente y positivo” tenía la mente de su aislado hijo. Cuando iba a pasear en la ciudad aprendía de memoria con solo verlos los nombres de todas las calles. Imprevistamente recitaba el abecedario de principio a fin, de ida y de vuelta. Cuando comenzó a dibujar patrones matemáticos en el piso de su cuarto, la madre ya estaba segura, pese a que el niño seguía viviendo en silencio. Contra todos los pronósticos médicos, al final de los cuatro años, “Jake” comenzó a comunicarse en cuatro idiomas. Salteó prácticamente la escuela y la secundaria: a los 11 años entró en la Universidad de Indiana, para los 12 cobraba ya un sueldo universitario como “investigador adjunto de física cuántica”.
Ahora tiene 14 años y cursa su doctorado en física cuántica en la misma universidad.
La teoría que desarrolló sobre astrofísica, cuando tenía 12 años, es considerada por algunos científicos, merecedora del Premio Nobel, según publica la cadena BBC.
Su madre ha escrito ahora un libro sobre como “sacar lo mejor de lo que guardan los niños” por muy dentro que lo tengan… y pese a lo que, a veces, afirmen los médicos.
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