El combate de los periodistas para cubrir la guerra en Irak

Los periodistas que trabajan en Irak, incorporados en unidades estadounidenses o británicas o vigilados por las autoridades iraquíes, cubren estos días la guerra como buenamente pueden, a pesar de los peligros y de la censura.

«Nos encontramos a unos 180 kilómetros al sur sobre la carretera principal. Es una carretera que no tiene fin. La ruta pasa entre las aguas del Tigris y del Eufrates en la dirección de Bagdad», declaró el periodista Phil Smucker en una entrevista concedida la semana pasada a la cadena de televisión CNN en pleno combate en el sur de Irak.

Este reportaje bastó para que el periodista del Christian Science Monitor fuera escoltado hasta la frontera con Kuwait por los militares norteamericanos y «expulsado» por haber puesto en peligro una unidad militar al facilitar tantas precisiones.

Smucker no formaba parte de los 600 periodistas «incorporados» a las tropas de la coalición que han aceptado no revelar informaciones consideradas demasiado sensibles por el estado mayor aliado.

Para los periodistas que trabajan fuera del control de los militares estadounidenses y británicos o de las autoridades iraquíes, la guerra es una aventura de alto riesgo.

La cadena de televisión británica ITN anunció el 23 de marzo que uno de sus reporteros, Terry Lloyd, había muerto cerca de Basora, en el sur de Irak tras «aparentemente» haber sido alcanzado por disparos de las fuerzas de la coalición. El camarógrafo que trabajaba con Lloyd, Fred Nerak, y su intérprete libanés, Hussein Osman, fueron dados por desaparecidos.

Un camarógrafo independiente australiano, Paul Moral, fue hallado muerto el 22 de marzo en el Kurdistán iraquí tras la explosión de un coche bomba.

En lo que parecía un accidente, un periodista de una cadena británica, Gaby Rado, cayó del techo de su hotel en Suleimaniyak, en el norte, y fue hallado muerto el domingo en el aparcamiento del hotel.

Otros periodistas fueron localizados sanos y salvos después de haber desaparecido durante varios días en Irak.

Incluso para aquellos que aceptan trabajar bajo las reglas que dictan los estadounidenses o los iraquíes, la guerra sigue siendo la guerra, con su cuota de bombas, emboscadas y campos minados.

Un camarógrafo de la cadena qatarí de información Al Jazira, que desapareció el viernes fue detenido por las tropas estadounidenses cerca de Basora e interrogado durante catorce horas antes de ser puesto en libertad.

Otro periodista de Al Jazira, el único medio de comunicación presente en esta ciudad asediada por los británicos, declaró que su equipo fue blanco de disparos cuando trataba de filmar la distribución de la ayuda alimentaria.

Siete periodistas de la prensa escrita italiana que desaparecieron el viernes en Basora dieron señales de vida al día siguiente en Bagdad. Habían sido detenidos por milicianos del partido Baas, en el poder en Irak, cuando los periodistas italianos solicitaron ayuda para orientarse. Los iraquíes les recriminaron haber entrado en Irak sin visado. Los siete declararon que fueron bien tratados.

Sin embargo, dos periodistas portugueses y dos israelíes tuvieron menos suerte: los cuatro afirmaron haber sido «maltratados» y «humillados» el 25 de marzo por militares estadounidenses que pensaron que eran espías o terroristas.

En Bagdad, los periodistas extrajeros que trabajaban en un centro de prensa situado en los sótanos del Ministerio de Información tuvieron que mudarse a un hotel después de que los bombardeos estadounidenses del pasado fin de semana dañaran considerablemente el edificio. *

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