Desorientados pero a salvo, desertores iraquíes descubren el alcance de la guerra

Jóvenes soldados desertores del ejército iraquí fuman y sonríen apretujados y cansados, pero distendidos, con aspecto de sentirse un poco perdidos en su uniforme verdegrisáceo y sin saber nada de lo que ocurre en el sur de su país.

Estos trece soldados llegaron el lunes al amanecer al cuartel general de los combatientes kurdos en Jabat, en el Kurdistán (norte) que escapa al control del régimen del presidente iraquí Saddam Hussein.

Los soldados aprovecharon los ataques aéreos británico-nortamericanos contra sus posiciones cercanas a la localidad kurda de Kalak para huir y luego ocultarse. Caminaron dos o tres kilómetros, durmieron en el campo y luego cruzaron la línea de demarcación.

Fue un pastor quien los vio primero, hambrientos, cansados y perdidos, y les mostró el camino hacia Jabat, donde quedaron a cargo de sus enemigos de hasta hace unos días, los peshmerga (combatientes kurdos) del Partido Democrático del Kurdistán (PDK).

«La mayoría son conscriptos, verdaderamente jóvenes. Están obligados a permanecer en la línea de demarcación y participar en la guerra», comenta un comandante kurdo que dice llamarse Tajana.

En una pequeña habitación cubierta de humo, los desertores se apretujan los unos contra los otros. Son unos veinte, están flacos, tienen los borceguíes llenos de fango y la mirada todavía atónita por haber escapado a la muerte.

«Era muy difícil irse. No conocíamos el camino y estábamos seguros de que los soldados de nuestra propia división nos iban a matar», cuenta uno de ellos, más viejo que el resto (31 años) y que acepta hablar con algunos periodistas, entre ellos la corresponsal de la AFP.

El régimen, preocupado por la deserción de sus soldados, instauró «comités de castigo» compuestos por miembros de la milicia de los Fedayin de Saddam y de los servicios de inteligencia militares encargados de vigilarlos y matarlos si intentan escapar, explicaron los desertores al PDK.

De este modo, hace dos días, diez soldados que intentaban alcanzar el Kurdistán fueron detenidos cerca del pueblo de Jalend, según un responsable local del PDK, Ismail Ibrahim. El jueves, otros tres fueron abatidos cerca de Kalak, según las autoridades locales.

El soldado, que acepta hablar con la condición de no revelar su identidad, está en el ejército desde hace 12 años y ya había intentado desertar.

«Me atraparon, me torturaron y luego me enviaron de nuevo a las posiciones (cerca de Kalak). Vi los bombardeos, las víctimas. Estuvimos allí tres días sin agua, sin alimentos, sin defensa antiaérea. Dijimos que era necesario irnos», contó antes de que se le saltaran las lágrimas al acordarse de su familia. «No sabe si estoy vivo o muerto», dijo con las lágrimas corriendo por sus mejillas.

Todos están conmocionados. «Estaban deprimidos por haber dejado a su familia en Irak», explica Ibrahim, que los recibió.

Además, no sabían nada sobre la guerra, sin medios de comunicación, sin radio, sin periódicos.

«Estaban completamente aislados y cuando se dieron cuenta de que la guerra abarcaba todo el país, se desesperaron.

Uno de ellos viene de Nasiriyá (sur) y se puso a llorar mientras preguntaba si su familia había sido detenida o había muerto por una bomba. Hace dos días otros soldados oriundos de Basora (sur) se fugaron para volver a casa. No sabían que allá había una batalla», concluye Ibrahim. *

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