Un auténtico rompecabezas político
El primer ministro de Israel, Ariel Sharon, se enfrenta a grandes obstáculos para formar una coalición que asegure mayoría parlamentaria a su gobierno, a pesar de su aplastante victoria en las elecciones generales de esta semana.
El centrista Partido Laborista, que sufrió en los comicios una derrota sin precedentes, advirtió que no se coaligará con Sharon. Las diferencias políticas e ideológicas con respecto a los demás partidos también dificultan el propósito del primer ministro de formar un gobierno estable y con capacidad ejecutiva.
La preocupación de Sharon por este desafío quedó en evidencia en su discurso del martes, luego de la votación. «No es tiempo de celebraciones. Es tiempo de reflexión, de unirnos, de fusionar todas las fuerzas para alcanzar una victoria genuina contra el terrorismo y de iniciar un verdadero proceso de paz», afirmó.
El primer ministro invitó en el mismo discurso a los laboristas a integrar una coalición, pero el público comenzó a entonar cánticos en contra de un gobierno de unidad y en favor del ex primer ministro Benjamín Netanyahu, el gran rival de Sharon en el partido gobernante.
Netanyahu, primer ministro entre 1996 y 1999, es canciller desde que los laboristas dejaron la coalición en noviembre, y perdió ante Sharon el liderazgo del Likud en las primarias de enero.
El líder laborista, Amram Mitzna, rechazó la idea de participar del gobierno y dijo que para él «no es vergonzoso ser oposición».
Los laboristas señalaron que necesitan tiempo para organizarse desde la oposición para poder proveer una alternativa viable al electorado israelí en el futuro.
Será muy difícil que el Partido Laborista reniege de su promesa de la campaña electoral de no colaborar con Sharon, al menos mientras a su frente siga Mitzna, quien dijo no estar dispuesto a servir «a las defectuosas políticas de Sharon».
El miércoles, un día después de los comicios, Sharon confirmó que mantendrá en este nuevo período de gobierno la misma postura que ha enseñado ante los palestinos, y subrayó que coincide con la visión que tiene del conflicto el presidente de Estados Unidos, George W. Bush.
«En el marco de los esfuerzos de Israel para avanzar en el campo diplomático y lograr una paz estable, Israel está listo para dialogar solamente con aquellos palestinos que no están vinculados con el terrorismo en ninguna forma», dijo el primer ministro.
Sharon hizo esta declaración en respuesta a la oferta del líder palestino, Yasser Arafat, de iniciar conversaciones de paz de inmediato.
Sus palabras pueden leerse como una exclusión de todos los dirigentes palestinos que respaldan la Intifada (insurrección popular contra la ocupación israelí).
Estas afirmaciones harán aún más difícil que los laboristas integren el gobierno, pues proponen un repliegue israelí de los territorios ocupados y la reanudación del proceso de paz.
El Likud duplicó su poder en el Knesset (parlamento) al obtener entre 37 y 38 asientos, de acuerdo con los resultados preliminares divulgados el miércoles. El Partido Laborista tuvo el peor desempeño electoral de su historia: de los 26 escaños que obtuvo en 1999 sólo conservó 19.
Los partidos de derecha y religiosos en el Knesset conforman una cómoda mayoría de 66 escaños.
Unos diez puestos pasaron de la izquierda y el centro a la derecha, un cambio sin precedentes en el escenario político israelí.
Uno de los problemas de Sharon es que entre los partidos que forman la mayoría derechista de 66 escaños se cuenta la extremista Unión Nacional.
El primer ministro expresó preocupación por el impacto internacional de una eventual participación de la Unión Nacional en el gobierno.
Las ideas de este partido son incompatibles con los planes de Bush para Medio Oriente, y Sharon teme perder el apoyo de Washington.
El primer ministro israelí también espera una ayuda adicional de Estados Unidos para superar la crisis económica. Sospecha que el gobierno de Bush estaría menos inclinado a entregarla si la Unión Nacional se incorpora al gobierno.
El tercer gran partido israelí también es problemático para Sharon.
El antirreligioso Shinui fue uno de los grandes ganadores de las elecciones del martes, pues casi triplicó su representación en el parlamento al obtener 15 asientos. Pero esta fuerza política prometió que nunca participará en el gobierno con el partido religioso Shas, que retrocedió en el Knesset de 17 a 11 escaños.
Estos dos partidos, después del Laborista, son los más importantes para formar una coalición, pero las posibilidades de sentar a sus líderes en una misma mesa son escasas.
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