"Si la ola de protesta crece, podemos evitar la guerra"
LA REPUBLICA tuvo acceso a este encuentro con el escritor norteamericano.
–¿Qué esencia del pensamiento de Martí rescataría usted para proyectar en nuestra realidad?
–Es el momento de buscar las raíces históricas y teóricas del antiimperialismo norteamericano. Hay otras variantes de antiimperialismo, como las fundamentalistas; hay otras expresiones que no son progresistas en su contenido social. Lo importante de Martí es que defendía la autodeterminación en conjunto con un proyecto de bienestar social; eso me parece muy relevante en el contexto actual.
Como Bush intenta contraponer el fundamentalismo al imperialismo como las únicas dos opciones, la opción de Martí representa una alternativa a las dos políticas.
–¿Qué difusión tienen las ideas de Martí en el mundo académico norteamericano?
–El conocimiento de Martí está en una fase inicial, está ubicado en las comunidades de las nuevas generaciones de cubanos, tal vez hijos de exiliados, que tienen interés en reconstruir su identidad en relación con Cuba y a partir de Martí.
Están los especialistas en la lengua española y estudios latinoamericanos que también introducen el tema de Martí.
Un tercer grupo son los religiosos progresistas que están tratando de explicar el fenómeno cubano y sus raíces nacionales y encuentran ahora esta lectura sobre Martí y sus interpretaciones históricas de la realidad.
Estos son los puntos de entrada del pensamiento de Martí en Estados Unidos.
–¿Qué percepción tiene del momento que se está viviendo en su país?
–En los últimos tres o cuatro meses un sector ha empezado a tomar en cuenta la amenaza que representa la ultraderecha en el gobierno norteamericano. Digo ultraderecha porque desconoce todos los marcos jurídicos internacionales, porque no funciona dentro de la tradicional política de alianzas con sus socios de Europa, porque no respeta a sus gobiernos, clientes y tutelados en la comunidad árabe, generando una sensación de que es un gobierno fuera de control.
Esto tiene otras implicaciones, un grupo de intelectuales, como nosotros, Chomsky y otros miles, que participan en las grandes marchas: doscientos mil en San Francisco, entre trescientos y quinientos mil en Washington, generando una minoría activa, y otro sector que empieza a cuestionar y organizar en sus clases materiales sobre el problema de la paz y la guerra, comienzan a transitar aquel camino de oposición a la guerra de Vietnam.
Esto tiene otra fuente, los temores que existen en la clase dominante. Ahora en sectores del gran capital hay incertidumbres y cuestionamientos acerca de las consecuencias de perseguir una guerra unilateral. Esto ha generado editoriales de la prensa semioficial como el New York Times, diciendo que el gobierno está actuando de una forma que genera más enemigos que construyendo coaliciones.
Entonces el panorama está cambiando en forma muy rápida; cuanto más nos acercamos a las fechas fijadas para el ataque, son mayores las inquietudes y los rechazos que provoca.
–¿Sigue considerando inminente una guerra contra Irak?
–Hace dos meses pensaba que la guerra era inevitable, que la marcha de la fuerza no se detenía. En mi barrio, mis vecinos, las reservas ya viajaban hacia Medio Oriente. Pero mientras surja una enorme resistencia interna, mientras haya divisiones fuertes en Europa, mientras no haya capacidad para reclutar los clientes para acompañar la aventura belicista, entonces siguen montando tropas pero se posterga la fecha de ataque, se posterga la declaración unilateral; tal vez por un plazo corto, pero cuando la correlación de fuerzas empieza a cambiar, el gobierno comienza a tener pequeñas vacilaciones frente al costo político, que es lo que entienden y le duele a ellos. Dicen: vamos a desprestigiarnos, vamos a quedarnos políticamente aislados. Hay que condicionar el concepto de inevitabilidad. Si esta ola crece más, más vacilaciones tendrán. Puede ocurrir, también, una acción impulsiva, porque el señor Bush y su poder son la derecha de la derecha en la política norteamericana.
–¿Qué papel deberían jugar los intelectuales para ayudar a detener la guerra?
–Primero tenemos un trabajo educativo: desenmascarar el militarismo como una dinámica de la política, desenmascarar la política supuestamente antiterrorista. No ocurre ningún atentado desde el 11 de setiembre de 2001, a pesar de que cada semana un nuevo ataque es inminente. Es como en los regímenes de las novelas antiutópicas, en los que se usa la amenaza constante para intimidar a la población. Hay que desenmascarar. En segundo lugar. hay que mostrar que Estados Unidos está detrás del mayor terrorismo, como en Afganistán, junto a la policía secreta de Pakistán, usando torturadores en Medio Oriente, con Israel, en Egipto, en Marruecos. Hay que analizar las fuerzas de apoyo de esta política militarista y criticar a los fundamentalistas cristianos, la derecha cristiana, que tiene más de dos millones de activistas, y a los derechistas judíos vinculados con los dirigentes en el régimen de Bush, otro de los blancos. No hay vacas sagradas en este contexto.
Es necesario estimular a la gente, no sólo con escritos y artículos, también con reuniones, actos y participando en las grandes movilizaciones. Esto implica también coordinar acciones con los activistas. No es suficiente «tirar» una firma contra la guerra, hay que vincularse con los líderes naturales de los movimientos sociales y no pensar que los intelectuales deben esperar que las masas los acepten. Deben ir a discutir con los líderes naturales, vincularse con ellos, que son los que realmente mueven a la gente. Los intelectuales, en general, no van a mover a las masas, lo que pueden hacer es influir sobre los líderes que pueden mover a las masas y a partir de esa asociación lograr un impacto. No podemos quedarnos diciendo que hay males en ambos lados, que hay mal en Irak y hay mal en Estados Unidos, como hipócritas y Poncio Pilatos. Debemos embarrarnos más las manos, como decía Sartre.
–Hoy Martí es revindicado en Cuba, en España y en la Florida. ¿Dónde lo ubicaría más cercano, mejor interpretado?
–Los escritos de Martí son muy ricos y diversos, pero en el eje de su pensamiento está el tema de la liberación nacional, más específicamente, la lucha antiimperialista contra España y el nuevo imperialismo de su época, Estados Unidos. Lo que dicen en la Florida es que Martí era simplemente un nacionalista, pero sin darle contenido ni contexto; es simplemente la banderita, un nacionalismo hueco. El contenido de toda la práctica de los exiliados o «gusanos» es servir a Estados Unidos. Asesoraron en el asesinato del Che Guevara, colaboraron en el asesinato de patriotas chilenos, en la articulación del Plan Cóndor, metidos en Venezuela en la Policía secreta, en la contra en Nicaragua, en todos los lugares donde Estados Unidos necesita acciones terroristas que pueden disociarse del acto, activan la red terroristas de los cubanos de la Florida, que sirven para hacer el trabajo sucio y cuando caen son terroristas sueltos. Sirven también para atemorizar a críticos, particularmente a los cubanos demócratas. Este triste papel nada tiene que ver con Martí, que era totalmente lo opuesto, que atacó a los colaboradores del imperialismo.
Si Martí no era socialista, era un liberal iluminado que apoyaba programas de bienestar. La mayoría de los cubanos de la Florida apoya la derecha republicana, legalmente o con fraudes electorales.
Hay muchos puntos clave que separan a Martí de los pseudomartianos de la Florida.
–PodrÃ
a hablarnos de la relación entre militarismo, globalización y hegemonía.
–El militarismo como fenómeno no significa meramente que los militares o sectores promilitares dominan la política civil. El militarismo, como yo lo uso, significa una política global que no toma en cuenta las condiciones económicas y políticas. Están actuando de una manera voluntarista, tratando de imponer por su voluntad algo similar a Hitler, cuando sus asesores le transmitían sus reservas en crear los dos frentes y él decía: ¡Somos alemanes, somos poderosos! Eso es el militarismo norteamericano. Rumsfeld cree que Europa vieja no cuenta, que sólo cuentan los satélites nuevos de la Europa oriental con sus trescientas tropas que hablan mal el inglés. Esta actitud de soberbia, de prepotencia, se sostiene sin importarles que la economía esté cayendo, que la deuda interna se esté multiplicando, no les importa que las fuentes externas de financiación estén estableciendo un récord, no importa que las inversiones no sean suficientes para estimular la economía.
Nuestro objetivo es mostrar poder y conquistar, y lo peor es que lo quieren todo. No sólo quieren un espacio en Medio Oriente, no sólo quieren el petróleo; es un proceso en todo el mundo.
Esto no tiene nada que ver con la globalización. La globalización es un concepto en el que las empresas multinacionales se vinculan a partir de compartir inversiones, integrar diferentes redes de circulación de capitales, etcétera. Este concepto que por los ochenta pudo aparecer con cierta validez hoy está superado. Estados Unidos no quiere compartir poder con nadie, estamos hablando de que el Estado imperial está generando las condiciones que determina como funcionan las multinacionales, incluso la incertidumbre. Entonces debemos hablar diferente de imperialismo y militarismo. Hegemonía es una palabra que hoy se está usando mal. Hegemonía significa que las ideas del poder dominante circulan y son aceptadas por los pueblos o líderes subordinados. Estados Unidos no tiene hegemonía, el problema está en reemplazarla por otra, en cómo buscar, en cómo se elabora.
–¿Visualiza usted la posibilidad de un mejoramiento de las relaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos?
–En estas condiciones, en el ámbito de gobierno no hay ninguna posibilidad de algún tipo de acercamiento. Hay que ver, en todo caso, si las cosas no empeoran más. Ahora bien, en el ámbito de gobierno de Estados es otra cosa, hay una gran apertura de la clase capitalista hacia Cuba, hay un acercamiento de los editoriales de la prensa burguesa hacia una posición contra el bloqueo, de permitir los viajes de ciudadanos norteamericanos, etcétera. Otra vez se evidencia el concepto de la autonomía de los militaristas y los ideológicos de las bases capitalistas. Esto pasa en el caso de Cuba, así como en la posible guerra contra Irak. *
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