Izquierdistas junto a conservadores rechazan el proyecto del presidente Chávez
El discurso progresista y antiglobalizador del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, es duramente criticado por la izquierda, que lo califica como de «fachada progresista, autoritario y neoliberal», justificando con ello su alianza con los partidos conservadores para removerlo del poder.
Para la izquierda más tradicional, como el Movimiento Al Socialismo (MAS), Chávez traicionó el proceso al «amenazar a la clase media y a los sectores productivos del país». Para el ultraizquierdista movimiento Bandera Roja el presidente «se olvidó de los pobres para favorecer los grandes capitales».
La mayoría de los seis partidos políticos que integraron la alianza izquierdista Polo Patriótico con la que ganó Chávez la presidencia en 1998, se separaron del gobierno, y hoy junto a ONG representantes de la sociedad civil, militares de derecha retirados, partidos demócratas cristianos y socialdemócratas integran la opositora Coordinadora Democrática.
A esta coalición impensable antes de que Chávez arribara al poder, la izquierda llegó arrastrada por el repudio común a él.
«Es una barbaridad esta alianza, demuestra el drama en el que está el país», dijo a la AFP Manuel Isidro Molina, ex dirigente del MAS, fundador del Polo Patriótico y reciente disidente del gobierno «por el asco de corrupción que dejó la impronta de Luis Miquelena», mentor político del presidente y ahora férreo opositor.
Según Molina, «de un lado hay un gobierno que se vende como antineoliberalista y es el reino del neoliberalismo por su política económica que desfavorece al trabajador, y del otro una oposición de derecha, revanchista, que atenta contra todo el país para su fin poco democrático».
«En el proceso de Chávez hubo un cambio de fachada pero privó la cultura de la corrupción, de los intereses personales, de liviandad, que arrojaron este desastre», agregó Molina.
Leopoldo Pucchi, secretario general del MAS, ex primer ministro del Trabajo de Chávez, dijo a la AFP que la «ausencia de un discurso de consenso con la oposición» fue uno de los motivos del distanciamiento.
«Luego, apostar a la derrota del adversario fue decepcionante, y después el fortalecimiento con armas y dinero de los círculos (bolivarianos) violentos» que reflejó un proceso de «vieja ideologización izquierdista y división social del país».
«Nosotros somos más una izquierda moderna, como la que plantea (el presidente brasileño Luiz Inácio) Lula da Silva, y creemos en que todo proyecto de justicia social se tiene que hacer partiendo de la base capitalista existente», aseveró Pucchi en entrevista con la AFP.
Gabriel Puerta Aponte, ex guerrillero y máximo dirigente de Bandera Roja, aseguró a la AFP que «Chávez representó en su momento una ruptura desde el punto de vista de la hegemonía política, pero en lo económico es continuidad, sigue en la senda neoliberal».
«Aquí no ha habido ninguna protección a la empresa nacional, al contrario, tenemos un cementerio de empresas, entre ellas la Electricidad de Caracas históricamente en manos de capitales nacionales y adquirida por medio de OPA (Oferta Pública de Adquisición) por la estadounidense AES Corporation sin que el gobierno lo impidiera», dijo Puerta Aponte sobre este ejemplo mencionado por todos los dirigentes consultados.
La OPA hecha por AES Corporation hace dos años denuncias que las franquicias transnacionales se apegan a leyes laborales de sus países que desprotegen a los trabajadores, «y acuerdos de inversiones que sólo favorecen a capitales extranjeros», son parte de las críticas.
Luego, una tasa de desempleo que supera el 16 por ciento, según cifras oficiales, y niveles abismales de pobreza completan los argumentos de una izquierda ahogada en el espectro mayoritariamente conservador de la oposición.
Míticos ex guerrilleros venezolanos de los años sesenta, como Américo Martín, Douglas Bravo, Angela Zago y Teodoro Petkoff, son desde dentro y fuera de la Coordinadora Democrática acérrimos adversarios «del difuso plan de Revolución de Chávez», denominado por Molina como «Robolución (sic) por la corrupción que prima».
A ellos se suma incluso Andrés Velázquez, un dirigente sindical de la industria siderúrgica considerado en 1993 el «Lula de Venezuela», que alcanzó el tercer lugar en las elecciones presidenciales de ese año cuando ganó el democristiano Rafael Caldera.
«Gracias a la inmadurez, infantilismo y espíritu confrontacional, (Chávez) unió en su contra a sectores muy variados que van desde la derecha a la izquierda y eso le hace imposible a estas alturas imponer su voluntad», sentenció Petkoff recientemente en la revista de análisis SIC.
Petkoff fue además de guerrillero, ministro de Finanzas en el gobierno de Caldera en 1994 y ahora dirige el diario opositor Tal Cual, que critica también el liderazgo del paro general lanzado hace casi dos meses.
Para Petkoff es una lástima que Chávez no haya aprovechado la oportunidad de iniciar un cambio real y se dedicara «a destruir el amplio frente social y político. Allanó el camino para que quienes, por razones obvias, adversarían cambios que afecten sus intereses, encontraran en sus proclamas ‘revolucionarias’ los insumos para combatirlo». *
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