Señor presidente, ¿por qué la globalización no nos llega?

¿Por qué la globalización, que genera tanto dinero, no beneficia a los trabajadores?, se pregunta Geraldo, un obrero metalúrgico de Brasil, que es respondido por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, en un documental presentado ante el Foro Social Mundial que se celebra en Porto Alegre (Brasil).

«¿Por qué ocurren todos esos despidos? ¿Para hacer más lucro y más lucro? ¿Para dónde va todo ese lucro?», se pregunta Geraldo, que trabaja en una montadora de autos Ford en Brasil, de la que ya fue despedido una vez y ahora teme perder nuevamente el empleo.

El documental, producido por Article Z, de Patrice Barrat (uno de los organizadores de eventos del Foro Social Mundial), intentó responderle, poniéndolo en contacto con las personas que Geraldo pensó que podrían explicarlo.

«No sé para dónde ese dinero va», le responde un trabajador de una planta de Ford a punto de cerrar en Estados Unidos. De otros trabajadores en Francia aprendió que cobran mucho más que él y tienen mayor seguridad laboral.

«Nos encantaría que los trabajadores fueran los que prosperan, pero esa no es la manera. Hay costos, y no son compensados con la venta de autos» por la situación económica, le explica el consultor Kevin Tynan. «Quisiera preguntarle a un economista, un premio Nobel», sobre cómo funciona la economía, exclama Geraldo, que denuncia que «siempre vemos a nuestro país pidiendo dinero fuera, se entregaron al Fondo Monetario Internacional».

«La manera como ha sido gestionada la globalización ha llevado a una desigualdad y una inseguridad crecientes», le contesta Joseph Stiglitz, Premio Nobel de economía y ex vicepresidente del Banco Mundial, hoy crítico de los organismos multilaterales, quien añade: «Seguir las prescripciones del FMI no es una garantía para el éxito de la economía».

«Si los mercados internacionales se sienten confiados en Brasil, puede significar que la economía brasileña será fuerte. Pero si pasa lo contrario, tendrá dificultades. Dicen que si los países hicieran lo correcto, todo estaría bien, pero eso es equivocado, porque incluso con las mejores políticas puedes encontrarte rehén de los fatales mercados internacionales», afirma Stiglitz.

El presidente Lula, que también fue obrero metalúrgico, le responde a Geraldo: «El problema es que en Brasil tenemos algunos millones de Geraldos pasando las mismas necesidades. Eres un operario consciente, sabes que tenemos que cambiar el modelo económico». Lula, que participó del recientemente terminado documental ocho meses antes de las elecciones (octubre pasado), continuó: «Estábamos en lo cierto cuando dijimos que la globalización estaba pensada apenas desde el punto de vista del capital y no del de los intereses de la humanidad, del pueblo pobre (…) Cada país tiene que cuidar de los intereses de su pueblo, y si se quiere globalizar los intereses del capital, es necesario también globalizar los de los trabajadores».

«Entonces, Geraldo, ¿para ti la mundialización no es buena?», le preguntan al final del documental.

«No, no lo es, porque es una farsa. La única cosa para la que sirvió fue para modernizar fábricas, perder puestos de trabajo o que el capital huya de un lado para otro en cuestión de segundos (…) nosotros también queremos un pedazo de esa globalización», responde. *

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