Morales: Imponer las demandas campesinas "por la fuerza"
Entrevistado por AFP en su reducto en esta ciudad ubicada a 403 kilómetros de La Paz, dijo que ya hubo un intento de «cambiar el Congreso mediante el diálogo (y) ahora viene el encuentro, a la fuerza, por la fuerza y a cambiar. Como no se puede cambiar (la situación campesina) desde el Congreso nacional, se va a cambiar desde los caminos y desde las calles».
Un día después de que el radical diputado indigenista Felipe Quispe, un ex guerrillero dirigente de la poderosa Confederación Sindical Unica de Campesinos, se uniera a su protesta, Morales dijo que sus bases, unas 30.000 familias de labriegos indígenas del Chapare, otrora centro de producción de droga, decidirán la suerte del gobierno del presidente liberal Gonzalo Sánchez de Lozada, que asumió en agosto pasado.
Si sus bases, representadas por «los compañeros que están en los puntos de bloqueo (de caminos), deciden ‘fuera Goni (como se conoce popularmente al mandatario) y (el vicepresidente) Carlos Mesa’, ya no hay más diálogo», advirtió.
Evidentemente fortalecido por la adhesión de Quispe, mejor conocido como «El Mallku» (autoridad suprema en lengua nativa), dijo que la lucha de ambos, «la lucha popular», apunta a derrocar «a los representantes del modelo (neoliberal), que sigue siendo la reproducción del modelo capitalista, tan salvaje y tan inhumano».
«Definitivamente este encuentro con el hermano Felipe Quispe da más fuerza, más confianza al pueblo boliviano (…). La sangre nos une, el engaño de hace quinientos años nos une, la injusticia, la represión de la militarización nos une», proclamó.
Casi dos años después de jaquear en setiembre de 2000 al entonces presidente Hugo Banzer y de obligarle a firmar convenios sobre la base de un prolongado corte de rutas, que abarcó el centro y Los Andes bolivianos, afirmó: «Nosotros reaccionamos cuando el modelo quiere imponer políticas de miseria, cuando nos imponen políticas a bala, con muertos, heridos (…) en ese momento todos salimos para unirnos y hacer una sola causa para enfrentar al modelo». Aseguró tener la fuerza, organización, logística y decisión para bloquear caminos «durante 365 días más».
Poco menos de dos semanas después de paralizar la vía por la cual transita el grueso del comercio nacional, medida de fuerza que se ha extendido a las rutas del sur y sureste del país y a unos valles agrícolas, también productores de coca legal, cerca de La Paz, dijo estar convencido de que «el pueblo organizado, movilizado, es la fuerza motriz que hace historia, que cambia políticas, que cambia sistemas».
Pese a admitir que la protesta tiene un costo político, principalmente en ciertos sectores de las clases medias que respaldaron su candidatura en las elecciones de junio pasado y que le permitieron disputar con Sánchez de Lozada la presidencia en una vuelta congresal, sostuvo que, como contrapartida, «dentro del movimiento popular nos consolidamos».
Aseguró que la opinión pública del país «apoya a Evo Morales con el tema de la coca» y que con su cerrada oposición a la exportación por parte de privados de gas natural boliviano a mercados de ultramar, «arrasamos».
«Los transportistas (afectados por el corte de rutas) también nos apoyan (para) derrocar a este gobierno», agregó.
Consultado sobre si su protesta podría desencadenar un quiebre institucional en un país cuya historia reciente está impregnada de regímenes de facto, dijo que su decisión de exigir la renuncia de Sánchez de Lozada y de Mesa «es lo más constitucional, lo más democrático».
«No es ninguna posición inconstitucional, es contra la dictadura de Goni», afirmó luego de asegurar que tras la dimisión de ambos pedirá la convocatoria a nuevas elecciones.
«Nuestra propuesta es refundar el país mediante una asamblea constituyente popular de las naciones originarias e indígenas, porque no participamos de la fundación del país (en 1825)», sostuvo. *
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