Muchas dudas por informe final de la SIDE sobre el caso AMIA
El trabajo, concluido al galope, como si el Gobierno quisiera irse con el cruel atentado resuelto. Dejo 86 muertos y una herida incurable –como en 1992, la voladura de la embajada de Israel– el informe tiene la «virtud» de haber conseguido el repudio del espectro ideológico dividido de la comunidad judía y una bronca no disimulada del juez Galeano quien lleva el caso particularmente en torno a la conexión local, cuyos presuntos integrantes en su mayoría oficiales de la policía de la Provincia de Buenos Aires, están actualmente sometidos a juicio oral.
Como el informe es «secreto» llama la atención que hayan circulado copias por numerosas dependencias y de allí a que lo sepan los periodistas, no hay mucho trecho. De acuerdo entonces a los trascendidos, a la Argentina llegaron dos o tres libaneses que entraron por la Triple Frontera y fueron apoyados por diplomáticos iraníes con el consejero cultural Moshen Rabbani a la cabeza. De la Triple Frontera trajeron un explosivo plástico denominado C4 y uno de los libaneses, con nombre y apellido, se sentó al volante de la camioneta Trafic y la condujo hasta producir la masacre.
Pagina/12 escribe que esta «es, en síntesis, la historia oficial» , una manera de poner en duda algunas de sus afirmaciones de este informe del caso AMIA elaborado por la SIDE, con colaboración de la CIA y el Mossad. Desde días atrás en que se conoció la existencia del informe se levantó una fuerte polémica y las organizaciones de familiares y la AMIA salieron con dureza en contra del mismo, mientras que la DAIA –que reúne a todas las entidades judeo-argentinas– abrió un compás de espera, pero señalando que tiene expectativas sobre el texto.
El jefe de la SIDE, Miguel Angel Toma, calificó de «contundentes» las conclusiones y su idea es que el juez Galeano, que siempre sostuvo esta hipótesis, libre órdenes de captura internacionales contra varios funcionarios de Irán, en especial Rabbani. En el informe se menciona como partícipe del ataque a un sirio-libanés, Alberto Kanoore Edul, que vive en la Argentina y siempre fue sospechoso.
El escrito sostiene que el atentado se perpetró mediante un conductor que se inmoló en la camioneta, se brinda su nombre y apellido y señala que se le hizo un entierro con honores, aunque oficialmente se dijo en el Líbano que murió en otra parte, no en la Argentina. «De todas maneras, será casi imposible comprobar cabalmente que ese hombre –los críticos de la SIDE ya lo califican como «un Mohamed inventado»– haya sido el suicida», sostiene Página/12.
Un arrebato
El. explosivo no fue el que siempre se dijo, amonal, como creyó Galeano, sino uno plástico, C4 que es un explosivo sofisticado que, según la SIDE, se importó desde la Triple Frontera. Hubo –se dice en el papel– apoyo de la embajada de Irán y de células «dormidas» reclutados en algunas mezquitas y centros culturales vinculados a Teherán. No se sabe si el informe precisa dónde se armó la camioneta con los explosivos y si eso se puede comprobar o no. También será clave saber si se imputa a integrantes de centros islámicos, con nombres y apellidos, o en este rubro también se termina pidiendo la captura de varios Mohamed que ya están lejos de estas costas.
Para Pagina/12, el caso Kanoore Edul tiene importancia, ya que se trata de un individuo, hijo de una famosísima familia de la comunidad islámica, con estrechos vínculos con Carlos Menem e integrantes de la familia Yoma (ex cuñado del ex primer mandatario). Kanoore Edul llamó por teléfono al poseedor de la camioneta Trafic, Carlos Telleldín, una semana antes del atentado y nunca pudo explicar esa llamada. Extrañamente por su casa pasó un camión que dejó allí un contenedor y poco después dejó otro frente a la AMIA. Transcurridos cinco minutos desde esta última entrega se produjo el atentado, aunque los peritos y también ahora la SIDE dicen que los explosivos no estaban en el contenedor. Pero el informe no habla de la conexión local.
A los observadores llama la atención la súbita voluntad del Gobierno y la SIDE para emitir un informe final sobre el caso AMIA. Un argumento que se esgrime en al avance de las conclusiones es el reciente acercamiento entre la SIDE, la CIA y el Mossad que sirvió para que norteamericanos e israelíes aportaran información que, supuestamente, no habían querido dar antes por desconfianza con los conductores de la central de inteligencia.
Los beneficiados lejos de la verdad
Lo llamativo, como escribe el diario citado es que el informe «le viene como anillo al dedo a Washington. Juntando argumentos para la guerra contra Irak, se le da una especie de certificación de que otro país integra el Eje del Mal». Algunos argumentan que la SIDE está con graves dificultades en el juicio oral. Sus cuadros principales son sospechosos de armar pruebas falsas e incluso está la hipótesis de que sabían del atentado y se les escapó por ineficiencia. «Esos jefes de la SIDE deben declarar pronto, con este informe pretenderían salvar la ropa», sostiene el matutino.
Pero aquí no termina todo. La SIDE le enmendó la plana al juez Galeano sobre las declaraciones de un testigo secreto, ex integrante de la plana mayor de la inteligencia iraní, conocido como «el testigo C», que está protegido por el gobierno alemán.
Este personaje envió al secretario de inteligencia, Toma, una carta donde desmiente haber acusado al ex presidente Carlos Menem de encubrir el atentado a cambio de un soborno por 10 millones de dólares. El inopinado giro de lo que «C» le dijo varias veces a Galeano, coincidió con el encuentro de un oficial de la SIDE con el polémico testigo en Alemania, y sin que el juez, ahora irritadísimo, supiera de la gestión.
Galeano le mandó una misiva a Toma preguntándole cómo esa carta de «C» llegó al diario Clarín y podría interrogarse cómo el informe de marras es comentado por voceros de la SIDE por todos lados pese a su carácter de «confidencial». De hecho el testimonio de «C» con tanto manoseo, queda destruido. Y hay un beneficiado de todo esto: Menem.
Olga Dejtiar, una familiar de las víctimas del atentado, sostiene que la SIDE busca «limpiar el nombre de Menem en este momento de campaña política». Toma, se sabe, es un allegado al ex presidente. Entonces la pregunta llega sola: «¿Y Duhalde?».
Gerardo Young, periodista de Clarín que cubre temas de inteligencia escribe: «Nadie lo dice pero todos lo piensan: la SIDE parece haberse convertido en un escenario, sino el único, donde la pelea entre Duhalde y Menem, en vez de acentuarse se neutraliza. El arrepentimiento del Testigo «C» sería un logro de ese acuerdo, un gesto del Gobierno para que el rival histórico entienda que la pelea es sólo electoral».
Una duda cruel aflora: quién instigó este entendimiento para un asunto tan sensible. Habrá más sorpresas. *
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