Juan Pablo II está dispuesto a debatir sobre sus poderes en aras de la reunificación

El Papa busca unidad del cristianismo

«Me parece oportuno proponer una reflexión común sobre el ministerio del obispo de Roma con el fin de encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de la misión, se abra a una situación nueva», afirmó el Pontífice.

Los poderes papales, y en particular el primado del Pontífice y su infalibilidad, fueron considerados siempre un obstáculo para la unidad entre católicos, ortodoxos y protestantes.

Juan Pablo II hizo esta propuesta en ocasión de la semana de oración para la unidad de los cristianos.

«El Señor fundó la Iglesia Una y Unida. Pero muchas comunidades se presentan como las verdaderas herederas de Jesucristo. Todos aseguran ser discípulos del Señor, pero tienen opiniones divergentes y puntos de vistas diferentes, como si Cristo mismo se hubiese dividido», sostuvo el Pontífice.

«La semana de oración para la unidad de los cristianos es un momento favorable para implorar con nuestros hermanos ortodoxos y protestantes el don de la unidad», dijo.

Los obispos son considerados en todas las Iglesias –católica, ortodoxa, orientales no católicas y anglicana– como los sucesores de los apóstoles.

Pero el primado pontificio concedido al obispo de Roma –miembro y jefe del colegio pontifical– es rechazado por las Iglesias ortodoxa y protestante.

La infalibilidad, es decir, la imposibilidad de equivocarse, reconocida al Papa plantea igualmente una diferencia importante entre las Iglesias cristianas.

El Papa espera desde hace años una reconciliación con la poderosa Iglesia ortodoxa rusa, cuyo patriarca Alexis II se negó en varias ocasiones a reunirse con el Pontífice.

Las relaciones entre ambas religiones atraviesan un período de incomprensión, en particular tras la decisión de Juan Pablo II, en febrero pasado, de transformar en diócesis las cuatro administraciones apostólicas en Rusia.

La jerarquía ortodoxa, por su parte, acusa a los sacerdotes católicos de «expansionismo y proselitismo».

La Iglesia de Cristo definida en los primeros Concilios Ecuménicos (Nicea 323 y Constantinopla 381) es «Una, Santa, Católica y Apostólica».

La Iglesia ortodoxa es la única que permaneció fiel a las enseñanzas de Cristo y a la tradición apostólica, sin quitar o agregar nada, sostienen sus fieles. Jesucristo, afirman los ortodoxos, fundó una Iglesia única de la cual él es el Jefe.

La Iglesia de Roma, con el tiempo, elaboró su «Petrología» y desplazó «el fundamento que es Jesucristo, que rechaza con desdén el reino de este mundo» y, ayudada por los teólogos, planteó otro fundamento, «la persona de Pedro, vicario de Jesucristo». El obispo de Roma tuvo así en sus manos «dos poderes», el espiritual y el temporal.

Pero si el primado es un privilegio del sucesor de Pedro, entonces habría que preguntarse a quién le corresponde este privilegio, si al Papa de Roma o al Patriarca de Antioquía, que posee ciertamente la sucesión en la cátedra, según afirman los ortodoxos. El dogma de la infalibilidad papal, proclamado en 1870 por Pío IX, en coincidencia con el ingreso de las tropas italianas de la Casa de Saboya cuando liberaron a Roma del poder temporal papal, provocó el total rechazo de las Iglesias ortodoxas y protestantes.

La polémica fue mayor tras la aparición de la teología del Purgatorio como lugar de expiación o purificación temporaria tras la muerte que los ortodoxos y protestantes consideraron contra la enseñanza de las sagradas escrituras. La doctrina del Purgatorio llevó como consecuencia a la herejía de las Indulgencias que dividió en dos al catolicismo romano.

La Iglesia ortodoxa no conoce el Purgatorio como lugar o estado especial, porque no existen motivos bíblicos o dogmáticas para admitir la existencia de este lugar. *

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