Lo dijo Lula: el FMI es como el dentista, duele pero hay que acudir a él. Duhalde lo imita

Kirchner, el delfín presidencial

Sin embargo, todavía debe superar un escollo clave: evitar que se realicen las elecciones internas y lograr legalidad para que cada pretendiente de la desavenida y potencialmente violenta familia peronista vaya por su lado a las presidenciales con la seguridad que dos de ellos irán a la segunda vuelta.

El miniacuerdo firmado con el FMI evita el default con los organismos financieros internacionales, quita del medio por unos meses las interminables discusiones sobre si Argentina debe acordar con el gran auditor del capitalismo, acota la cotización del dólar y con ellos los precios y, en cierto modo, atornilla la fecha del 27 de abril como día en que se elige el presidente, siempre que algunas impugnaciones puestas a consideración de los tribunales no generen alguna cuestión.

Lo dijo Lula: el FMI es como el dentista, duele pero hay que acudir a él. Duhalde lo imita.

Vayamos por partes. El presidente se decidió finalmente por el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, como candidato presidencial del espacio «renovador» del peronismo, de impronta antimenemista. No obstante, habrá que verificar si su respaldo alcanza a convencer a los caciques provinciales y comunales que le den apoyo entusiasta a una figura que funge de progresista y que irrita al no pequeño universo centroderechista del justicialismo que no es menemista.

El plenario que lanzó al ruedo a Kirchner para evitar el triunfo de Carlos Menem o de Adolfo Rodríguez Saá fue presuntuoso. Se definió como espacio de renovación. Prohombres del universo del duhaldismo, como el cacique de Santiago del Estero, Carlos Juárez, o el gobernador de Tucumán, Julio Miranda, fueron disuadidos para no concurrir al cónclave por ser paradigmas de la politiquería y hubo un abanico de intendentes bonaerenses que son renovadores de casas y automóviles, a lo sumo.

Con todo, los antiguos aliados internos y promotores no justicialistas de Kirchner suponen que lo importante radica en el compromiso del pretendiente de hundir al modelo neoliberal. Son hombres que pertenecen básicamente al Frente Grande que fundara Carlos «Chacho» Alvarez, aunque el titular actual, el jefe del gobierno porteño, Aníbal Ibarra, daría el sí en dos semanas desligándose de un compromiso verbal de votar por Elisa Carrió.

Algo es real. La líder del ARI no hizo nada para atraer al jefe comunal, convencida de que los dirigentes del FG fueron captados por las viejas maneras de hacer política: es una definición discutible, pero es la que prima en su tarea de acumulación.

Un acompañante para Kirchner

Kirchner debe definir con Duhalde quién será el copiloto. El de Santa Cruz preferiría no ser acompañado por Hilda González «Chiche» Duhalde, la esposa del presidente, una supuesta tractorista de sufragio en los sectores pobres, atraídos por Menem, ilusionados con recuperar el ingreso destruido por la devaluación, que era una burbuja con el sistema de convertibilidad que la precedió.

No es sólo por eso que la señora podría estar en la fórmula: sería la manera de recordarle a Kirchner que es producto de una decisión del caudillo bonaerense. Y para los discípulos de Duhalde, sería la garantía de que sus intereses y espacios territoriales serán defendidos.

El periodista Miguel Bonasso, un aliado y amigo del sureño, en su libro sobre la caída de Fernando de la Rúa, «El palacio y la calle», endilga al actual primer mandatario de haberla promovido entre otros motivos para tapar un affaire en el Banco de la Provincia de Buenos Aires en sus tiempos de gobernador. El ungimiento de Kirchner, ¿incluye cláusulas que superan las formulaciones programáticas y las alianzas políticas?

Por lo pronto, desde sectores de izquierda se lanzó la imputación contra Kirchner por supuesto lobbysmo a favor de la petrolera Repsol. «Es un agujero negro que nunca aclaró», reconoce en la intimidad uno de sus más entusiastas promotores.

En el espacio de Elisa Carrió se felicitan por no haber acordado con el santacruceño a la luz de su convenio con Duhalde, considerado por allí como exponente de la política que no da para más.

Otro nombre que ronda es el del secretario de Turismo, Daniel Scioli, quien llegó a la política de la mano de Menem. Acaso sea para compensar al ala más conservadora del duhaldismo, pero daría argumentos a los progresistas que dudan del sureño. Este no rechaza al ex menemista, aunque sus preferencias irían por dos jefes comunales de peso bonaerense.

El elegido es consciente que es ungido por necesidad, porque el duhaldismo fracasó primero en colocar a Reutemann en carrera y su relevo, el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, fue un fiasco. Por eso, Kirchner continuará construyendo su propia fuerza de características frentistas y promoverá un movimiento de amplia base que, en febrero, intentará atraer a sectores independientes que ven con simpatía a Carrió.

Aviso para Carrió

De todas maneras, para la diputada nacional no es una buena noticia lo sucedido, porque no es improbable que pueda quedar fuera del balotaje si se cumple la profecía de Duhalde de que dos peronistas irán al segundo turno.

Carrió acaba de perder el apoyo del socialismo que proclamó su propio binomio de escasas posibilidades electorales, que está disgustado con la mujer que supieron apoyar cuando creyeron que podría ser su referente disciplinada, sin tener en cuenta el historial de la combativa legisladora: lo más lejos de aceptar ser dirigida.

Chocaron concepciones incompatibles, como acumular en política pese a que las coincidencias de criterios sobre el país que debería construirse es muy amplia.

Regresemos al peronismo. El espacio no menemista se debilitó internamente con la candidatura del santacruceño, pero no es seguro que sus críticos vayan a jugar por Menem o por Adolfo Rodríguez Saá. Pero si no consiguen emitir una firme señal, corren el peligro de que caciques lugareños sean tentados por uno u otro.

Eso está por verse. En lo inmediato la criatura que acaba de nacer con fórceps debe conseguir que el Congreso del Partido Justicialista suspenda el viernes próximo las elecciones internas y autorice a los pretendientes a concurrir con sus propios lemas pero con la simbología partidaria: los rostros de Perón y Eva. Es lo que Menem no quiere, porque se siente seguro de que puede triunfar en el comicio partidario, donde es difícil que acudan independientes, al menos en masa, a pesar de los aparatos. Con muy poco, vista la división existente, cree ser el primero y correr con los colores del stud, un fuerte handicap ante el electorado persistentemente peronista.

El ex presidente apelará judicialmente y tratará que el congreso partidario no reúna el número mínimo de delegados para eliminar un arma clave de la democracia interna de los partidos. De hecho, Duhalde más que prohibirla, lleva al escenario nacional su definición, legaliza la fractura.

El tercer pretendiente en discordia. Rodríguez Saá de hecho puede rebanarle partidarios a Menem porque aunque digan cosas diferentes, son paradigmáticos del estilo caudillesco, poco responsable en las promesas, apelando al realismo mágico de las soluciones, música alegre para los oídos de millones de desamparados.

Se está dibujando un escenario donde dos justicialistas competirán por espacios parecidos, pero donde Kirchner buscará atraer a independientes temerosos del regreso de Menem a la Casa Rosada.

Se disipan las «agorerías» que anunciaban escenarios de caos, que guste o no el petiso convenio con el FMI diluye. Así, las perspectivas para Menem que de nuevo sólo exhibe a su joven esposa, se dispararían hacia la nada. Los escenarios más enredados no se ha
n dado y con ello Duhalde tiene margen para monitorear a su candidato.

Sin caos pero con luchas

Los centros de veraneo internos están trabajando a full: claro que no modifica un ápice las condiciones de vida de la mayoría, agravadas por la devaluación salvaje de enero de 2002, pero de la recesión comienza a salirse. Esta realidad seguirá motorizando luchas sobre todo en el espacio de los desocupados.

El acuerdo con el FMI fue de algún modo impuesto por los países del G7, con EEUU, Francia e Italia a la cabeza y con inversiones en ese país para doblarle la mano al staff del organismo, poco dispuesto a su firma. Fue un tour de force donde el gobierno argentino amenazó con no pagar sus deudas con los entes financieros mundiales, no por ideología anti Fondo, sino porque no debía achicar sus reservas externas. De todos modos, usó una parte de ellas a guisa de crédito puente para pagarle una cuota al Fondo, la que debe reintegrar antes de fin de mes cuando lo convenido se formalice si no surgen nubarrones.

Hubo concesiones en el largo trámite, algo más de un año, como las modificaciones a la ley de quiebras o la anulación de la ley sobre subversión económica, la más apta para procesar a los responsables del vaciamiento económico del país: la fuga de capitales.

Esta fuga regresa con disposiciones del Banco Central eliminado trabas para exportar capitales: la defensa de las reservas ha dejado de ser al Alcázar de Toledo de la economía local.

Es petiso el acuerdo porque dura alguito más que el período Duhalde, no trae nada de plata fresca pero quita del medio el fantasma del default al reprogramar compromisos por once mil millones de dólares que descongela créditos acordados por el Banco Mundial y el BID, cuyo titular, el uruguayo, Enrique Iglesias, uso sus contactos e ingenio para facilitar el convenio.

No es poco para un gobierno débil y limitado en el tiempo. Deja, de todos modos, un presente griego a la administración que arriba: el reclamo del FMI para privatizar los bancos oficiales, el aumento de las tarifas de los servicios públicos en porcentajes mucho más elevados a los ya acordados, garantizar el superávit necesario para disponer de divisas para pagar la deuda externa hoy en el freezer –pero que el acuerdo despeja el camino para su renegociación –, para lo cual no será nada indiferente el nombre del presidente que vendrá. *

El presidente finalmente se decidió por el gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner.

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