"Tengo miedo al aislamiento", dijo el presidente brasileño

El ‘jeito’ Lula y su gobierno

Las principales víctimas del estilo que aporta Lula son sus guardaespaldas, que no saben a qué santo encomendarse en cuanto el presidente se baja de su auto para ser abrazado, besado y tocado por las decenas de personas que le esperan allá donde se desplaza, incluso a la entrada de su residencia en el Palacio de la Alvorada.

A las advertencias sobre el peligro que corre el presidente ha respondido a la seguridad que para él el mayor peligro es el del aislamiento. «¿Miedo de qué? Me gusta esto. Tengo miedo al aislamiento», ha dicho el presidente, que adora el cuerpo a cuerpo con el pueblo llano que lo aclama como si de un Mesías se tratase.

El presidente ha confesado a sus asesores que seguirá manteniendo el contacto físico con el pueblo porque no quiere sentir la soledad de los palacios, un mal que afecta a la mayoría de los inquilinos que han pasado por ellos, incluido su predecesor Fernando Henrique Cardoso.

Para su próximo viaje a Europa, Lula ha decidido romper con la tradición y viajar en vuelo comercial junto a la veintena de personas que lo acompañarán porque resulta más barato. Esta decisión supone un nuevo quebradero de cabeza para sus guardaespaldas, que ya protestaron al respecto.

Fiel a sus orígenes, el presidente Lula participará en el Foro Social Mundial de Porto Alegre el día 24, aunque de allí se trasladará al Foro Económico Mundial de Davos (Suiza), su antítesis, donde se codeará con la flor y nata de la política, la economía, la ciencia y la cultura mundiales, que lo aguarda con gran interés.

De allí se desplazará a Berlín y después a París para entrevistarse con el canciller alemán Gerhard Schroeder y el presidente francés Jacques Chirac, en su primera visita oficial a Europa.

El ministro de Desarrollo, Industria y Comercio, Luiz Fernando Furlan, ha decidido convertir a la esposa de Lula y primera dama, Marisa, en ‘garota propaganda’ de las excelencias de los productos brasileños, en particular de las joyas y piedras preciosas que lucirá en sus viajes al extranjero.

La ruptura del protocolo es normal en el gobierno de Lula, pero el que se lleva la palma es su ministro de Cultura, el cantante Gilberto Gil, quien siempre que puede alterna su cargo con su profesión y pasión de músico.

Gil, que desde que es ministro no abandona los trajes de raya diplomática y corbata, se lanzó al palco después de hacer de maestro de ceremonias en la toma de posesión de sus secretarios y asesores –antropólogos, poetas, actores y gente del cine– y, guitarra en mano, cantó para deleite de la numerosa asistencia varios de sus mejores temas. Pero el show del ministro no acabó ahí. Poco después, en el Palacio de Planalto, sede de la presidencia brasileña, donde interinamente ejercía la máxima autoridad el vicepresidente José Alencar mientras Lula visitaba Ecuador, Gilberto Gil volvió a hacer lo que mejor sabe: cantar.

En esta ocasión atacó con ‘Aquarela do Brasil’, una de las canciones más populares y bellas de la música brasileña, del compositor Ary Barroso. Las celebraciones por el centenario de su nacimiento fueron inauguradas el miércoles por Alencar.

«Hay que descontraer los gestos de la República, dar a las relaciones políticas un poco de ritmo», explicó Gil. *

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