Marisa, la primera dama de Brasil, será la nueva cara del país
Marisa, de 52 años, intentará promover los productos brasileños junto a figuras muy conocidas en el mundo, como «O Rei» Pelé, el futbolista Ronaldo, el escritor Paulo Coelho y el músico, compositor y actual ministro de Cultura, Gilberto Gil.
El anuncio fue realizado por el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, el empresario Luiz Fernando Furlan.
Furlan agregó que, en el próximo viaje internacional del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, Marisa lucirá joyas brasileñas prestadas por fabricantes nacionales.
Marisa acompañará a su marido en el viaje al Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza, que se completará con rápidas visitas de un día a Alemania y Francia, entre el 24 y el 28 de enero.
«El objetivo es aumentar las exportaciones este año el diez por ciento y llevarlas a 66 mil millones de dólares», explicó Furlan.
La meta es ambiciosa: el año pasado, las ventas brasileñas crecieron sólo el 3,5 por ciento, aunque el país logró un superávit récord porque con la desaceleración económica se redujeron las importaciones.
Marisa está casada con Lula da Silva desde hace 28 años y tienen tres hijos y dos nietos.
Hasta la última campaña electoral, ella tenía una vida simple y tranquila lejos de la prensa. Era una ama de casa típica.
«Ellos nunca tuvieron empleada doméstica. Marisa es discreta pero tiene un carácter firme. Ella exige que Lula y sus hijos se laven los calzoncillos y las medias», contó un amigo de la familia, Carlos Alberto Libánio Christo, más conocido como Frei Betto.
Pero en los últimos meses su vida cambió radicalmente.
En el tramo final de la campaña electoral, cuando se perfilaba la victoria del PT, el publicista de Lula da Silva, Duda Mendonça, le sugirió que dejara el perfil bajo y acompañara a su marido a los actos.
Por esas necesidades del marketing electoral, Marisa afinó la figura, se hizo un lifting, pasó a vestir ropas de marca y se convirtió en cliente de Wanderley Nunes, el coiffeur de los ricos y famosos, entre ellos la top model Gisele Bundchen.
Marisa nació en San Pablo y es nieta de inmigrantes italianos que se conocieron en el barco que los traía Brasil.
Sus padres cultivaban verduras y tenían algunos animales y ella, al igual que su marido, salió a trabajar temprano.
A los nueve años cuidaba los tres hijos de un odontólogo paulista, sobrino del pintor Cándido Portinari, y a los trece entró a trabajar en una fábrica de chocolates.
Ella se casó por primera vez a los 21 años, con un joven que era chofer de taxi, quien a los seis meses de matrimonio fue asesinado por dos ladrones mientras hacía horas extra.
En aquel momento, Marisa estaba embarazada de su primer hijo, Marcos, que hoy tiene 31 años.
Luego ella conoció a Lula da Silva, que comenzaba su carrera sindical y también era viudo.
«El es muy cabeza dura. Yo estaba de novia y no le prestaba mucha atención. Pero Lula se las arregló para alejar a mi novio y luego de siete meses nos casamos», explicó la primera dama a la revista IstoE Gente.
Ella siempre acompañó a su marido desde un discreto segundo plano y, al principio, la actividad política de Lula da Silva le traía problemas.
«Mi casa estaba siempre llena de gente; parecía un comité», señaló.
Luego la política le empezó a gustar y en 1980 hasta inventó la primera bandera del PT.
«Yo tenía una tela roja, italiana, un recorte de género guardado hacía mucho. Cosí la estrella blanca sobre el fondo rojo. Quedó lindo. Nosotros no teníamos comité ni nada; mi casa era el comité. Así comenzamos», recordó en octubre, antes del triunfo electoral, en una entrevista con el sitio on line del PT. *
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