El general intentó sin éxito recuperar las Islas Malvinas

Murió Galtieri, el dictador que declaró la guerra a Londres

Nacido el 15 de julio de 1926, se graduó en 1949, con sólo 23 años, en la norteamericana Escuela de las Américas, verdadera cuna de dictadores latinoamericanos.

Galtieri, junto con Jorge Videla, Emilio Massera, Roberto Viola y Reynaldo Bignone, entre muchos otros militares, es un símbolo de los años más oscuros de la historia contemporánea argentina: la dictadura que se inició el 24 de marzo de 1976 y concluyó el 10 de diciembre de 1983.

Fueron años de plomo, de 30.000 desaparecidos –según organismos de derechos humanos–, de cárcel y exilio, durante los cuales Leopoldo Galtieri fue primero jefe del Segundo Cuerpo del Ejército con asiento en Rosario (310 km al norte de la capital), y luego, del 22 diciembre de 1981 al 17 de junio de 1982, el tercer presidente de facto del llamado Proceso de Reorganización Nacional.

Cuando la crisis económica se agudizaba y el descontento crecía, y tres días después de que una multitudinaria manifestación sindical desafiara como nunca antes el poder de las armas en la histórica Plaza de Mayo, Galtieri se lanzó a ocupar el 2 de abril de 1982 las Malvinas, enclavadas en el inhóspito Atlántico Sur.

Históricamente, los argentinos reivindican la soberanía sobre el archipiélago del Atlántico Sur, sentimiento que fue utilizado por los uniformados para desviar la atención del creciente descontento.

«La falta de percepción de la realidad, la confusión entre sus deseos y lo que se podía hacer fueron la constante del accionar del ‘general majestuoso'», tal como lo bautizara Ronald Reagan, el ex presidente de EEUU, escribió Luis Moreno Ocampo –fiscal del juicio que condenó a Galtieri en 1986 por «impericia» en la contienda bélica– en su libro «Malvinas, el juicio de la historia».

El iracundo y colérico Galtieri, famoso por recibir a sus interlocutores con un vaso de whisky en la mano, supuso que su amistad con los Estados Unidos y los servicios prestados al haber entrenado a los «contras» nicaragüenses contra el sandinismo, serían debidamente compensados en su aventura bélica nada menos que contra la Gran Bretaña de la primera ministra Margaret Thatcher, la Dama de Hierro. Lo que no tuvo en cuenta este general desconcertante y de una alarmante chatura intelectual es que el compromiso de Washington con Gran Bretaña trascendía un archipiélago aislado del mundo y tenía eje en la Guerra Fría con la Unión Soviética a través de la OTAN.

Lo demás es historia conocida y tristemente recordada por los argentinos que debieron enterrar a 652 de sus hijos (lo mismo que 255 británicos), caídos en una guerra que les decían que estaban ganando y que el 14 de junio entendieron que habían perdido al firmarse la rendición.

La reivindicación popular de recuperar las Malvinas sufrió un nuevo retroceso y el repudio se volvió contra Galtieri que rápidamente, el 17 de junio, fue destituido por la Junta militar.

Galtieri fue juzgado en 1985 por los crímenes contra los derechos humanos, pero sólo fue encarcelado en 1986 en otro juicio por los cargos de «incompetencia» como jefe militar en la guerra de las Malvinas.

En 1990, un indulto del entonces presidente Carlos Menem lo sacó de la cárcel, pero en el exterior se sucedieron las denuncias por graves violaciones a los derechos humanos. *

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