El mundo mira a Lula

El miércoles 1º fue el día de Lula y del pueblo brasileño. Difícil era imaginarse previamente una toma de mando presidencial con tanto calor popular, tanta alegría y tanto control. Cientos de miles de personas, en su mayoría gente humilde, participaron activamente de los actos y no hubo el menor incidente que lamentar, salvo un exaltado que en plena caravana saltó y abrazó al Presidente entrante, haciéndolo casi caer de su Rolls-Royce convertible.

Hoy todos los entendidos dicen que Lula se expone demasiado al contacto con la gente y que ahora, como Presidente del Brasil, debería ceñirse a lo que indican sus expertos en seguridad. Pero el miércoles pasado, Luiz Inácio da Silva no pensó ni un minuto en cuidarse, tenía que tener el mayor contacto con la gente que lo llevó a ocupar ese cargo, eligiéndolo democráticamente. Lula explotaba de alegría como casi todo Brasil y varios latinoamericanos que también vemos en él una esperanza.

Lula es un hombre muy emotivo: a lo largo de las distintas etapas de la ceremonia siempre derrochó expresividad, en su rostro y con los brazos, sólo cortados por los dolores de una inflamación que sufre en su hombre derecho. Por eso saludaba con la izquierda y únicamente usó la diestra para su juramento y cuando no pudo evitar algún abrazo. Pero nadie puede dudar de su sinceridad, la cual emana por sus sentidos y de la nobleza de sus propósitos. Sus discursos fueron espontáneos (aún el que leyó), emotivos y emocionantes. Habla con el corazón.

Lo que también fue emocionante es la repercusión mundial que tuvo la asunción de Lula a la presidencia del Brasil. El jueves, el diario Globo sacó una página con las portadas de los periódicos más importantes del mundo del 2 de enero. En casi todas, el nuevo Presidente brasileño era la noticia principal de tapa. Algo que es inusual en este planeta globalizado.

Lula, esta especie de Presidente de los pobres que tiene Brasil, es noticia mundial. Todos quieren conocer más de este tornero mecánico, que vino de la miseria del sertao nordestino y que de líder sindical agresivo derivó en el hombre de consenso que llegó a la presidencia de la nación más grande de América Latina. Un fenómeno que no se da todos los días.

El acto también fue noticia por los invitados del exterior. En Brasil, en lo previo, mucho se había criticado la fecha de la pose presidencial, el primer día del año, principalmente porque restaba presencias de jefes de Estados extranjeros. Pero la calidad suplantó a la cantidad. Las estrellas fueron Fidel Castro y Hugo Chávez, fueron aclamados, más el primero que el segundo, por la gente que acompañó la caravana en la futurista Explanada de los Ministerios. Dicen que ni siquiera en la inauguración de Brasilia hubo tamaña multitud como el miércoles pasado.

Fidel vino, sin importarle la mordedura de alimaña que sufrió en su pierna y que puso en duda su presencia. Estuvo, fue ovacionado, caminó con normalidad y hasta lució unas modernas zapatillas deportivas negras, junto con traje oscuro, en la ceremonia en que asumió como ministro de Educación Cristovam Buarque.

Chávez también recibió vítores de la gente, pero se lo vio más tenso. No es para menos con las dificultades que enfrenta en su país; y además, él no vino sólo para saludar a Lula en su gran día, también trajo una lista de pedidos.

El día siguiente, el jueves 2 de enero de este recién iniciado año 2003, fue el día de los ministros. Todos asumieron sus cargos. José Dirceu, el nuevo ministro jefe de la Casa Civil, improvisó un discurso que dio contenido a lo que Lula había expresado emotivamente el día anterior. Antonio Palocci, ministro de Hacienda, trazó los lineamientos económicos que tendrá este gobierno. Cuestiones que Lula ni siquiera rozó en su alocución del día anterior. Y así siguió completándose el equipo ministerial que acompañará al obrero que se transformó en Presidente: desde una estrella de la música popular como ministro de Cultura, hasta una recolectora de caucho, compañera del asesinado Chico Mendes, como ministra de Medio Ambiente. Y no hay que olvidar que Dirceu fue dirigente estudiantil guerrillero y que Palocci, además de ser médico sanitario tiene antecedentes trotskistas.

Este es el equipo que jugará junto con el Presidente y aunque heterogéneo, el propio ministro jefe de la Casa Civil, una especie de Primer Ministro, asegura que actuará unido. Y se va a necesitar de la unidad para enfrentar tantos desafíos como tiene este nuevo gobierno. Quien despierta tantas expectativas en su pueblo, también acepta una responsabilidad mayor. Lula sabe que la tiene y que no puede fracasar y sus principales ministros también lo saben. Esta es una oportunidad histórica que no puede ser desperdiciada.

Su pueblo mira a Lula, América Latina también lo hace con atención. El mundo entero mira a este hombre, una suerte de Cenicienta política que se transformó en Príncipe. Ellos, su gente, lo hicieron Presidente por el largo camino de la democracia. Una esperanza que fue creciendo, una personalidad que fue madurando, un sueño popular que se hizo realidad.

Ahora el hombre es Presidente y ya le toca gobernar. En su primera jornada como Primer Mandatario, recibió a los visitantes extranjeros. Desayunó con Hugo Chávez, quien le pidió gasolina y técnicos de Petrobras y cenó con el comandante Castro, quien lo debe haber tenido hasta la madrugada. Lo alentador fue que en San Pablo subió la Bolsa y bajó el dólar.

Los signos con los que empieza su mandato el Presidente Lula son alentadores. La gran mayoría de los brasileños confía en él. Para Latinoamérica también es una esperanza de un futuro más venturoso y el mundo entero mira con respeto a este barbudo simpático y canchero. No importa que no haya terminado la secundaria y le falte un dedo de la mano que perdió con el torno. Todos los ojos miran hacia él.

Dios quiera que éste sea el despuntar de una nueva era para Brasil y para América Latina. Quienes creemos que no hay mejor camino para el desarrollo que a través de la justicia social confiamos en ello. Por eso, este 1º de enero lo festejamos y nos alegramos. Pero al día siguiente, tuvimos que ponernos a trabajar. Estos ideales demandarán mucho esfuerzo para concretarse. *

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