Después de la euforia popular, las dificultades acechan al presidente

Tras la apoteósica investidura de Luiz Inácio Lula da Silva en el poder en Brasil, los mercados y la sociedad esperan impacientes ver cómo llevará a cabo sus ambiciosas promesas sin mayoría parlamentaria y en un contexto económico interno y externo adverso.

Todos los analistas coinciden en que Lula gobernará en la cuerda floja. Por un lado, tendrá que satisfacer a unos recelosos mercados y, por otro, las esperanzas puestas en él por el 61 por ciento de la población brasileña que lo llevó al poder, sedienta de cambios sociales y económicos.

«El gobierno de Lula puede ser el cielo o el infierno», advirtió a AFP el analista de la Consultora Tendencias Christopher Garman. Es que las grandes expectativas generadas por su victoria, que se plasmaron en la apoteósica recepción que el miércoles le brindaron cerca de 200.000 personas en las calles de Brasilia para asistir a su investidura, pueden provocar una «frustración muy grande» si no consigue los resultados esperados, alertó Garman.

Lo primero que tiene que hacer Lula, en opinión del politólogo Fabio Wanderley Reis, es «neutralizar el potencial de crisis».

«Tengo la impresión de que si gana la confianza del mercado y si conduce bien la economía no le va a ser difícil conseguir la mayoría que necesita en el Congreso» para votar las reformas que ha prometido: la de las pensiones, la fiscal, la política y la de legislación laboral.

La reforma de las pensiones es la gran prioridad del nuevo gobierno para acabar con los privilegios de los funcionarios públicos y unificar las pensiones públicas y privadas, y lograr un equilibrio estructural y duradero de las cuentas públicas.

Además de contribuir a reducir el déficit de la Seguridad Social, cercano a los 5.000 millones de dólares, su aprobación podría llevar al gobierno a un «círculo virtuoso», según el analista.

Se entraría así en una dinámica que repercutiría en el optimismo del mercado financiero sobre la capacidad articuladora de Lula, que a su vez puede incidir en la recuperación del real, la caída de la inflación y los tipos de interés, situados en el 25 por ciento.

Después del discurso en el que dijo que la palabra clave de su gobierno será «cambio», Lula pidió paciencia al pueblo brasileño para llevarlo a cabo, el real seguía su volatilidad. Empezó la jornada con una recuperación de 1,10 por ciento, y se situó en 3,50 unidades por dólar, pero la tendencia se revirtió al final de la mañana se cotizó a 3,54.

El nuevo Congreso Nacional elegido en octubre tomará posesión el 1 de febrero, pero hasta el 17 no iniciará sus trabajos.

Mientras tanto, los mercados pueden dar una tregua al nuevo gobierno, aunque estarán pendientes de la decisión que adopte el Comité de Política Monetaria (Copom) el 22 de enero sobre los tipos de interés, que dará una idea de los derroteros de la nueva política económica.

La labor de Lula será «singularmente difícil porque tiene que gobernar a derecha y a izquierda», predijo Reis. Tanto para satisfacer a los mercados como para cumplir sus promesas.

En su primer discurso como presidente Lula insistió en la necesidad de alcanzar un pacto social para conseguir los cambios y «entrelazar el trabajo y el capital productivo». El pacto social será también «decisivo para facilitar las reformas que la sociedad brasileña reclama».

El instrumento fundamental de ese pacto por el cambio es el Consejo Nacional de Desarrollo Económico y Social que aglutina a trabajadores, empresarios y representantes de la sociedad civil y que se instalará este mes.

«Si consigue el pacto, que alguien acepte perder para que otros puedan ganar, el éxito de su gobierno está asegurado; de lo contrario, sería imposible», señaló el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Rio de Janeiro, Luiz Henrique Baia. «Todo dependerá de su capacidad de negociación», agregó.

Lula tiene a favor la oleada de esperanza que ha generado su ascensión al mando del país. Según una encuesta divulgada la víspera, el 67 por ciento de la población espera un buen o muy buen gobierno. *

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