Fuegos artificiales en las principales capitales del mundo

El mundo festejó la llegada de 2003 en medio de gran vigilancia policial

Más de medio millón de personas se dieron cita en Nueva York para asistir a la tradicional celebración de Times Square, en el corazón de la ciudad, donde el tono festivo de la multitud no ocultó el temor oficial a un ataque terrorista, del cual dio testimonio el despliegue de miles de policías, francotiradores y perros adiestrados para rastrear explosivos.

En medio de estas medidas de seguridad, exactamente a la medianoche el actor parapléjico Christopher Reeve ayudó a pulsar el botón que disparó la tradicional bola de cristal luego de la cuenta final de los últimos segundos de 2002, la que desencadenó una explosión de fuegos artificiales y papel picado.

En América Latina, el Año Nuevo estuvo marcado por la asunción de Luiz Inácio «Lula» da Silva como presidente en Brasil.

En Brasilia, a partir de la medianoche, decenas de miles de personas procedentes de todos los rincones del país empezaron a ocupar posiciones en la Plaza de los Tres Poderes, para acompañar la ceremonia de asunción de Lula.

En Caracas, la marcada división política se reflejó en las celebraciones que apenas separadas por dos kilómetros realizaron la oposición y los simpatizantes de Hugo Chávez.

Los opositores efectuaron una fiesta «por la libertad» en la que reiteraron que mantendrán la huelga general iniciada hace un mes para forzar la renuncia del mandatario. Los chavistas se concentraron frente a la petrolera estatal Pdvsa, convertida en símbolo de la disputa.

Del otro lado del Atlántico, varios miles de españoles se reunieron en la emblemática Puerta del Sol, en Madrid, donde recibieron al Año Nuevo como lo marca la tradición, comiendo las doce uvas al ritmo de las doce campanadas de medianoche.

En París, una ciudad vigilada por unos 5.500 policías y militares, 450.000 personas se congregaron en la avenida de los Campos Elíseos y cerca de 50.000 en otros lugares.

El centro de los festejos alemanes tuvo lugar en Berlín, con una temperatura de 8 grados bajo cero, donde cientos de miles de personas asistieron a una fiesta gigantesca en el corazón del centro histórico, que presenció la movilización de unos 1.400 bomberos. El punto más alto fueron los fuegos de artificio en la Puerta de Brandeburgo, símbolo del Berlín reunificado, donde se dispararon 1.800 cohetes en diez minutos.

Unos 9.000 agentes de seguridad vigilaron la ciudad de Moscú y cerca de 250.000 fueron movilizados en el resto de Rusia, para que los ciudadanos de ese inmenso país celebraran el Año Nuevo con las mayores garantías. Hubo conciertos a la luz de la luna, concursos de Papá Noel, degustaciones de champán y fuegos artificiales.

Los australianos fueron los primeros en festejar el Año Nuevo, pese a las advertencias del gobierno sobre el riesgo de un atentado, poco más de dos meses después de la matanza en Bali (Indonesia), que dejó unos 190 muertos, casi la mitad de ellos australianos.

En Sydney, en donde una cantidad récord de policías patrulló la ciudad, alrededor de un millón de personas se congregó en el puerto para asistir al lanzamiento de fuegos artificiales.

La isla de Bali fue uno de los lugares más custodiados del mundo, pues el gobierno de Indonesia movilizó hacia ese famoso destino turístico a buena parte de los 180.000 agentes desplegados en todo el país para impedir cualquier atentado durante la despedida del año. *

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