Dirigió a la poderosa Unión Obrera Metalúrgica durante varios decenios

Murió Miguel, capo máximo de sindicalismo peronista

 

En ese sentido la desaparición de Miguel no deja de ser parte de la parábola de la decadencia de Argentina. La UOM, que llegó a contener a medio millón de obreros, hoy sólo tiene 150 mil afiliados.

Miguel fue, a pesar de sus discursos, un responsable adicional –por sus lazos con el menemismo– del derrumbe de la industria nacional, apresurada por la globalización pero también por la apertura indiscriminada a los productos extranjeros, que fue dinamitando el que fuera importante sector metalúrgico.

El sindicalismo peronista no ha sido uniforme. A la caída de Perón en 1955, surgió una nueva generación que piloteó Augusto Timoteo Vandor: las «62 Organizaciones Gremiales Peronistas», la columna vertebral de ese movimiento que hoy vive uno de sus momentos más críticos.

A las «62» a secas llegó Miguel en 1969 tras el asesinato de Vandor, un dato clave de los sangrientos enfrentamientos dentro del justicialismo, reflejo del surgimiento del movimiento de los Montoneros, autores de este crimen así como de otros capos del sindicalismo pro burgués, con el final conocido.

A diferencia de Vandor que buscaba un espacio independiente de Perón, Miguel fue verticalista, leal a los objetivos del líder para regresar al poder.

Un hombre de Perón

Antes, de las entrañas de ese sindicalismo había brotado la importante experiencia de la llamada izquierda peronista, que el tándem Vandor-Miguel combatieron: la CGT de los Argentinos, de la que fue su líder el obrero gráfico Raimundo Ongaro y uno de sus númenes el intelectual Rodolfo Walsh.

Miguel, heredero de las «62», fue aliado de Isabel Martínez a la muerte de su marido, Perón, quien fue heredera de una presidencia llamada a sucumbir entre la incapacidad, las intrigas del famoso López Rega (el Brujo), el pánico a los movimientos guerrilleros y finalmente la irrupción militar.

Con todo, Miguel impulsó el movimiento huelguístico que obligo a Isabel Perón a desprenderse de López Rega, creador de la asesina Triple A.

Curiosamente, uno de los líderes del golpe de Estado terrorista, el almirante Emilio Eduardo Massera, está en coma y llegó a ser jefe de la Armada por el consejo de Miguel a Perón. El almirante Cero tuvo preso al metalúrgico después que los militares tomaran el poder, pero la cárcel lo salvó de que fuera aniquilado por otra facción uniformada.

Le decían «Loro» o «Tordo». Acaso su símil fue el mexicano Fidel Velázquez, que reinó en el sindicalismo de PRI por medio siglo, período más extenso que el de Miguel pero sus vidas expresan elocuentemente la metamorfosis operada en las fuerzas políticas que los proyectaron. O como dijo Eduardo Galeano, escribieron el prólogo y el epílogo del mismo libro.

Miguel sobrevivió a la dictadura militar, e incluso se le vinculó con los golpistas en la voz ascendente en 1983 de Raúl Alfonsín, quien creció con su denuncia de un «pacto militar-sindical» que le permitió alinear a las antiperonistas capas medidas incluso de los suburbios, donde el justicialismo y la «62» de Miguel eran imbatibles.

Facetas

Pero no pudo con la desindustrialización, que en cierto modo facilitó, al mantener en posiciones equívocas a los sindicatos que controlaban la CGT, la tarea del menemismo.

El lado siniestro del miguelismo fue fuerte, cobijando a matasietes, que además se hicieron trizas entre ellos por asuntos de dinero, mujeres y droga, incluso quemando en un horno de la UOM a uno de esos matarifes de trabajadores honrados.

En 1975, emergió en el centro metalúrgico de Villa Constitución, un fuerte movimiento clasista dirigido por el hoy diputado del ARI, Alberto Piccinini. Miguel y los militares hicieron la faena de destartalarlo de cuadros por la vía del terrorismo.

Se lo vinculó a la mafia italiana, aunque con pruebas leves. Se supone que tuvo testaferros, porque su vida privada fue austera, excepto esas misteriosas escapadas anuales a Italia.

Ya en decadencia, el viejo dirigente se acercó a los sectores disidentes de la CGT oficial y por eso la UOM está hoy con el sector del camionero Hugo Moyano que se autodesigna combativo. Aunque en la decadente industria metalúrgica están brotando comisiones internas más cercanas al clasismo que a la visión peronista histórica.

De hecho, lo que quedó de esa poderosa dirigencia, de la que Miguel fue la quintaesencia, son gerentes de obras sociales, la mayoría de ellas al borde de la quiebra. Por razones comprensibles, su mejor biografía, escrita por los periodistas Ricardo Cárpena y Claudio Jaquelín, se titula «El intocable». Murió de insuficiencia renal a los 75 años. *

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