Popularidad de Lula hará que investidura presidencial se convierta en fiesta histórica
«Participa de la mayor fiesta popular. Podrás decirles a tus hijos y nietos: yo participé», proclaman incansables altavoces rodantes por toda Brasilia, la capital diseñada hace 42 años por el arquitecto Oscar Niemayer.
El ex obrero metalúrgico de 57 años que dirigió las feroces huelgas sindicales del fin del régimen militar y que al frente de su Partido de los Trabajadores (PT) ganó las presidenciales en Brasil, decidió que su llegada al poder, el miércoles, sea una fiesta del pueblo.
Lula asumirá en una ceremonia oficial en el Congreso y recibirá la banda presidencial en el Palacio de la Presidencia, ante al menos seis presidentes latinoamericanos y representantes de numerosos países, pero a las puertas de estos edificios habrá una fiesta popular paralela.
Esa fiesta está siendo diseñada por el famoso publicista Duda Mendoza, que condujo la campaña de Lula y ha programado espectáculos con el popular cantante y futuro ministro de Cultura Gilberto Gil y hasta un recorrido del presidente en Rolls Royce abierto.
Se esperan 150.000 personas y al menos 1.000 autobuses de todo el país. Hasta un camping gratuito para unas 10.000 familias sin recursos está a disposición de los visitantes, que reciben instrucciones en carreteras, aeropuertos, y hasta en un número 0800.
«Sólo Ayrton Senna, la selección y el Papa consiguieron una movilización parecida en Brasilia. Nunca un presidente», proclama el responsable del PT capitalino, Wilmar Lacerda.
Las avenidas de Brasilia ya están de gala. Este domingo, el voluntario Max D’Oliveira y 50 colegas estaban terminando de colocar 9 km de tela verde-amarilla de la bandera brasileña y roja del PT.
El PT distribuirá centenares de miles de viseras, adhesivos y banderines con la leyenda «Yo participé de este cambio».
Pero no todo es gasto, ya que el izquierdista partido de Lula está haciendo negocio con la venta de un «kit souvenir de la investidura», a cuatro dólares, con camiseta, banderines y gorra con la fecha del 1 de enero.
La pequeña sede del PT en Brasilia no da abasto con permanentes colas de gente intentando adquirir cualquier producto con la marca «investidura de Lula». «No soy afiliada al PT, pero voté por Lula, porque creo que es una esperanza, y si los brasileños no tenemos esperanza, estamos acabados», dice mientras firma un cheque de compra Viviane Vieiro, que irá a la fiesta con 30 familiares. Los peregrinos ya comienzan a concentrarse frente al Palacio Presidencial para no perderse la llegada de Lula el día 1 de enero.
Antonio Francisco dos Santos, de 60 años, recorrió a pie 1.100 km desde su casa hasta Brasilia, empujando un carrito con la insignia: «Rumbo a Brasilia, a la investidura del Presidente».
A su lado está Robson Messias, un profesor de 32 años del Movimiento de los Sin Tierra (MST) llegado en ‘autostop’ desde el norte y que trajo una carta para Lula. «Señor presidente. Vengo observando la situación de nuestro pueblo brasileño que pasa hambre en nuestro país tan rico», comienza la misiva.
El pescador amazónico Francisco de Assis Brito, de 62 años, que diseca pirañas para turistas, llegó a la investidura gracias a su ahorro para comprar un billete de avión. «Prometí que el día que Lula ganara, iría a Brasilia», afirma satisfecho de su hazaña viajera.
Muchos de los que estarán en esa popular investidura son una imagen del Brasil que Lula se encontrará cuando asuma el poder, un país con 54 millones de pobres, casi un tercio de sus 170 millones, a los que el presidente electo ha prometido un Brasil sin hambre y con justicia social. *
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