"Es el momento de establecer una relación correcta entre lucha social y lucha electoral"
Leonel González fue uno de los más destacados comandantes guerrilleros del frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador. Hoy es un dirigente nacional de esa organización unitaria de la izquierda salvadoreña, metida de lleno en la lucha electoral, social y parlamentaria que, según encuestas y pronósticos, podría ganar la presidencia el 2004. Leonel González aborda en entrevista la coyuntura latinoamericana y la salvadoreña, en una visión a veces poco difundida en el continente.
–¿Cambió realmente el escenario latinoamericano con los triunfos electorales de Lula da Silva en Brasil y Lucio Gutiérrez en Ecuador?
–Los casos de Evo Morales en Bolivia, de Lucio Gutiérrez en Ecuador y de Lula en Brasil, hay que verlos como producto de un proceso acumulativo que se da en América Latina. En el continente se produjo una resistencia a las políticas neoliberales que generó factores acumulativos para la izquierda, que comenzó a generar ideas de propuestas alternativas. Estamos ante un fenómeno de falta de credibilidad del modelo por los desastres que ha causado; y estamos ante la viabilidad de propuestas que se han venido construyendo desde los espacios locales y desde los parlamentos, que cobran auge a partir de que la izquierda en América Latina gobierna muchas localidades y es parte de muchos parlamentos. Frente a la falta de credibilidad del modelo neoliberal, se ha levantado una expectativa alrededor de los proyectos alternativos de izquierda. El caso de Lula, de Lucio, son parte de ese proceso de maduración de este fenómeno latinoamericano; realmente son expresiones de modificaciones y cambios latinoamericanos.
–¿Pero hasta qué punto se abre un proceso de transformación, hasta qué punto sólo se pueden esperar cambios parciales?
–Todo esto plantea retos. Uno de los grandes retos es que la izquierda no tiene otro camino más que hacer cambios y transformaciones. El movimiento social, el movimiento electoral de izquierda, ha planteado un modelo alternativo de cambio. Romper con esa falta de credibilidad del modelo neoliberal significa hacer cambios. El tema es hasta qué punto van a llegar esos cambios. Pero hay una obligación y una necesidad urgente de hacerlos y si no se dan, difícilmente la alternativa de izquierda va a tener posibilidad de desarrollarse. La profundidad de esos cambios, a mi modo de ver, está primero en que tengan un respaldo muy amplio, desde sectores empresariales hasta sectores populares, y que eso sea lo que dé la posibilidad de que haya cambios con acompañamiento de la sociedad en cada país. Segundo, hay una situación en que el triunfo en Brasil es fundamental, porque ése no es ninguno de los países de Centroamérica, sino que tiene una importancia económica y en la política internacional y regional que es determinante. Eso da la posibilidad de que Brasil, con la fuerza que tiene, pueda implementar proyectos de cambio a nivel regional, de integración continental. Puede haber cambios que necesariamente planteen procesos en busca de transformaciones profundas, pero las transformaciones estructurales necesarias en Latinoamérica en lo económico y lo social, no están a corto plazo. Lo que se va generando son procesos de cambio que van a sentar las bases de transformaciones verdaderamente estructurales, y eso va a depender mucho de la claridad con que actúen los gobiernos de izquierda y del respaldo social con el que cuenten.
–¿Vuelve a tener auge la izquierda electoral?
–Creo que hay un auge no sólo de la izquierda electoral. El auge está fundamentalmente en los movimientos sociales, ése es el fenómeno que está presente. Desconocerlo puede llevar a las izquierdas a un fracaso. Es el momento de establecer una relación correcta entre la lucha social y la lucha electoral. Hay que ver estos dos campos no como antagónicos, sino como campos que se pueden complementar alrededor de propuestas programáticas. Para mí el fenómeno es un auge de la lucha social que para convertirse en transformación y cambio, necesariamente requiere de una combinación política. Creo que ésa es la experiencia de Brasil, es la experiencia de Ecuador, es la experiencia de Bolivia, donde los movimientos sociales han tenido una excelente combinación con las fuerzas electorales y han generado estas posibilidades de cambio y de transformación.
–Particularmente, ¿tiene posibilidades el FMLN de ganar la presidencia el 2004?
–Nosotros venimos construyendo esa posibilidad desde 1994. Tenemos diez años de acumulación en lo local, donde hemos demostrado que podemos gobernar de forma diferente, con mecanismos de participación ciudadana, con mayor transparencia, con capacidad para resolver problemas de la población y de invertir haciendo obra con pocos recursos. Todo eso nos ha dado la acumulación en el sentido de que un gobierno del FMLN resuelve los problemas de la gente. Hemos tenido en los espacios legislativos una posición muy clara en cuanto a un proyecto alternativo, la población ha visto que luchamos en contra de toda la política de privatizaciones y aperturistas que han debilitado a nuestros sectores productivos nacionales. A partir de ello se ve que el FMLN tiene un proyecto de país. Todo esto, aunado a la crisis económica y social que vive el país, genera condiciones para lograr el triunfo en El Salvador. El triunfo del FMLN está determinado también por ser un factor para conformar coaliciones y alianzas lo más amplias posible, que a partir de un programa antineoliberal pueda unir todo el descontento y toda la fuerza que lucha contra el neoliberalismo. Eso es lo que nos da buenas opciones para obtener alcaldes y municipales en el 2003, y a partir de entonces iniciar un trabajo muy fuerte por el triunfo en las elecciones presidenciales del 2004.
–¿Usted cree, entonces, en la alianza de la izquierda con los empresarios?
–No sólo con un empresariado expresado en los sectores medios, pequeños y de micro empresas, sino con sectores empresariales importantes que están totalmente desilusionados y no ven perspectivas de desarrollo a partir de las condiciones políticas y económicas, y que han encontrado, en el caso de El Salvador, una coincidencia de visión programática con el FMLN. Aunque pudiera haber diferencias ideológicas y diferentes visiones en el largo plazo, en el momento actual hay muchas coincidencias y creemos que todos estos sectores empresariales son parte de esa fuerza amplia que existe en El Salvador, con la cual se puede configurar una amplia alianza.
–¿Les afectó la salida del FMLN del alcalde de San Salvador, Héctor Silva, que era el candidato presidencial seguro de ustedes?
–En el caso de la alcaldía de San Salvador, el hecho de la renuncia del alcalde es un golpe fuerte para el FMLN, pero no es un golpe mortal. El FMLN es un partido político con mucha credibilidad, prestigio y aceptación en la capital del país. Ahí la mayor fuerza son los sectores de capas medias, y en estos momentos esos sectores están más vinculados a una visión programática con el FMLN. La persona es un elemento importante, pero quien expresa el programa es el FMLN. Para estas elecciones en San Salvador vamos a seguir construyendo un proyecto de coaliciones partidarias y de alianzas sociales que dan mayor probabilidad de que el FMLN pueda acumular más allá de su voto duro como partido. La salida de Silva crea una dificultad al FMLN, pero eso no significa que está en peligro de perder las elecciones.
–En este contexto de triunfos y aspiraciones electorales, ¿cómo visualizan la existencia del EZLN en México, de las FARC y el ELN en Colombia, cómo ven la lucha armada ahora?
–Nosotros como FMLN creemos que todos los pueblos tienen el derecho a elegir su
forma de lucha. El fenómeno es que en América Latina el enfrentamiento contra el modelo neoliberal, en algunas regiones el enfrentamiento contra el sistema, va más allá de la simple lucha electoral. Por lo tanto vemos que en algunos lugares la lucha militar que se lleva a cabo no es algo que viene de fuera, es algo que han decidido los propios pueblos que no han encontrado en la lucha electoral y en la lucha social los mecanismos para resolver sus crisis y optaron por la lucha militar. En Colombia creemos que la respuesta de Estados Unidos de escalar la participación militar en la lucha contra las fuerzas guerrilleras es un fenómeno desestabilizador en la región. El incremento de la lucha militar afectará a los otros pueblos.
–Se constata reticencia en organizaciones como las FARC a vivir procesos de negociación y de paz como el del FMLN en El Salvador y la URNG en Guatemala.
–Nosotros seguimos creyendo que debe buscarse también la solución política negociada. Creemos que es una responsabilidad tanto de los países de la región como de las propias fuerzas internas, del gobierno interno, de apostar a verdaderos procesos de solución política. Una solución política implica una negociación verdadera, donde se ponga en el centro del debate, de la discusión, los problemas que originan el conflicto y esos problemas no son sólo políticos sino económicos y sociales. En el caso de Colombia, yo creo que el fenómeno es que si no se quiere negociar el problema estructural, la parte económica, es muy difícil que exista una solución para el conflicto. No es el caso de El Salvador, donde negociamos una reforma política que tuviese en su base la desaparición de la dictadura militar, porque era una sociedad militarizada y la parte estructural y económica tuvo esa prioridad. Pero en el caso de Colombia, es otra la situación; allí el tema de los problemas estructurales y económicos es fundamental porque es generador de la guerra. Entonces, una solución política por la vía de la negociación abarca verdaderamente entrarle a los graves problemas que tiene el país. Creemos que hay que contribuir a que en Colombia, como en el caso del EZLN en México, se privilegien los mecanismos de solución política negociada.
–Le menciono el caso de Chile. El Partido Socialista está hace diez años en el gobierno, en coalición. ¿Es por ahí que ven a la izquierda en el gobierno?
Ese caso hay que analizarlo a la luz de la realidad. Creo que ya estamos viendo las dificultades que tiene ese proyecto de concertación política. Sabemos la situación en que se encuentra la gente, el impacto que tiene en la población chilena las privatizaciones, el impacto del neoliberalismo, que ha afectado a muchos sectores, y que hay un modelo excluyente incluso en lo electoral.
En Chile no hay posibilidades, por ejemplo, de que el Partido Comunista como una expresión ideológica, pueda tener un papel importante en el Poder Legislativo. Es decir, las propias leyes no toleran la participación del PC, o sea que son procesos democráticos intolerantes. Creemos que es un proyecto, una experiencia, que ha arrojado resultados pero que en la medida que se va agudizando la crisis del modelo, también los va afectando a ellos mismos, incluso al Partido Socialista. En ese sentido no lo vemos en el caso de El Salvador como la fórmula a seguir. Cuando hablamos de proyectos alternativos estamos hablando de proyectos de transición democrática hacia otra sociedad, nosotros aspiramos al largo plazo a una sociedad diferente.
–¿A estas alturas no les sigue haciendo ruido el cambio de fuerza guerrillera a fuerza político-electoral?
–Hemos hecho diez años de experiencia y ese cambio no implica renunciar a nuestros principios y a nuestra acción, pero sí adecuar nuestros valores a esta realidad. Eso nos ha permitido que el FMLN como proyecto electoral haya tenido éxitos y tengamos una tendencia de acumulación electoral. Hemos cambiado una forma de lucha armada a una forma de lucha política, en un escenario diferente. Hemos ido encontrando respuestas, primero en el sentido de estar vinculados a la gente, vinculados al pueblo; no puede existir una izquierda exitosa si no tiene una correcta relación con la lucha social. Sabemos también que si no existe un partido que se está adecuando permanentemente a la realidad, que hace innovaciones en su funcionamiento interno, en su visión y que si no cuenta con un proyecto programático alternativo, difícilmente será exitoso.
–¿Cómo ven el surgimiento del Foro Social Mundial, de todo ese movimiento mundial antineoliberal que se da aparte de los partidos de izquierda?
–Hay un proceso de maduración que tiene su base en la falta de credibilidad del modelo neoliberal. Y crece la confianza que van retomando las organizaciones populares y los pueblos con sus propias organizaciones y sus propias fuerzas.
Eso genera diferentes tendencias al interior del movimiento social y de la izquierda. Hay una visión desligada de la lucha política, que considera que el movimiento social de por sí se puede convertir en una fuerza de transformación y cambio que tiene su base en la incredulidad de los partidos políticos, en el debilitamiento de los partidos, que ha ayudado a generar esa visión. Pero también existe la visión de que debe haber una correcta relación entre las luchas sociales y la lucha política. Esta correcta relación es lo que está permitiendo, como te decía antes, que esos procesos devuelvan procesos triunfadores. En este sentido considero que aquellos movimientos sociales que no hagan una correcta vinculación de lo social con lo político, se quedarán en luchas reivindicativas y no se van a convertir en procesos de transformación y de cambios. Lo mismo al revés: la izquierda que considere que no debe haber una relación directa con el movimiento social, se va a quedar como una izquierda pequeña, sin incidencia. Yo creo que los foros han contribuido a esto. El Foro en Porto Alegre, Brasil, el que realizamos en Centroamérica, el Encuentro Hemisférico contra el ALCA, en Cuba, y aun hechos como el ocurrido en El Salvador, donde se reunieron alrededor de 44 arzobispos y obispos para analizar la situación económica difícil que se vive, analizaron el ALCA y el Plan Puebla-Panamá, y comenzaron a identificarse con las propuestas que hace el movimiento social, todo eso, ayuda a una complementación; ahí deben estar los partidos. Se han creado una serie de espacios amplios, plurales, en donde no solamente se ha ido a criticar al modelo, sino que se ha ido a construir ideas alternativas y a construir acciones para llevar adelante las ideas. Todo eso contribuye a un nuevo fenómeno social.
–Pero desde el movimiento social, desde organizaciones rebeldes, se plantea que la toma del poder o el triunfo electoral no tienen necesariamente que ser los objetivos. ¿Eso no plantea una diferencia clave con los partidos?
–Yo te decía que hay diferentes visiones. Para mí la visión que no vincule a la rebeldía, que no vincule a la lucha social, con la lucha política, pues muy difícilmente se puede convertir en verdadera opción de transformación, en verdadera opción de poder. Se van a quedar en el campo de la lucha reivindicativa.
–¿Ese FMLN que hizo guerrilla, que planteó el socialismo, que era marxista, quedó atrás?
–No. El FMLN tiene una estrategia de largo plazo que es cambiar el sistema. Nos hemos identificado en que estamos desarrollando una Revolución Democrática de transición hacia el socialismo. En ese sentido, para el FMLN su visión de la realidad, que reafirma la realidad, es por medio del marxismo y del dominio de las ideas revolucionarias que tratan de interpretar la realidad y transformarla.
En el caso del FMLN creemos que seguimos teniendo vigencia, y hoy más vigencia que nunca. El asunto no es sólo derrotar al neoliberalismo, para nosotros se trata de derrotar al sistema. *
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