Ser judío impide a un tucumano gobernar su tierra
El virus antisemita se introdujo en la iglesia católica tucumana.
Al menos en la testa del arzobispo de San Miguel de Tucumán, Luis Villalba, quien cree que un judío no puede ser gobernador de esa provincia.
¿Las razones? Porque la Constitución tucumana, reformada en 1990 cuando era gobernador el general represor José Antonio Bussi, indica en su artículo 80 que el gobernador electo debe jurar sólo por los Santos Evangelios.
El peronismo que vive una crisis profunda al estallar en los medios la muerte por inanición de criaturas y mayores, necesita un candidato porque se debe renovar al actual gobernador, Julio Miranda, y lo encontró en el actual senador nacional, Alberto Alperovich.
Como sabe todo Tucumán, es judío y además un próspero comerciante de automotores que tuvo pasado radical.
Fue ministro de economía del actual gobierno que encabeza el desprestigiado Miranda y no fue una alhaja. Pero su religión lo dejaría fuera de carrera.
La expresión discriminatoria del arzobispo sirvió para avivar la disputa entre los que competirán por el puesto de gobernador. Para el bussismo es al menos alentador, sobre todo frente a la decisión del genocida Antonio Bussi de no repetir como gobernador con lo que dejó a su partido sin un candidato de fuste que pueda competir con Alperovich o si las cosas van mejor, con el ARI de Elisa Carrió que sólo susurra por ahora el nombre de José Vitar. Ricardo Bussi, el hijo del dictador, no parece dar la talla.
A Bussi padre no lo dejaron jurar como diputado nacional por su pasado de violador de los derechos humanos, aunque llegó a la gobernación tanto por las botas como por los votos, manes de la sociedad tucumana.
Dicho de otro modo: el arzobispo prefiere un personaje de esa ralea porque jura por los santos evangelios, a un judío o un laico que no quiera hacerlo de esa manera. Lo curioso es el silencio de la Iglesia, tan habladora estos días por la falta de apego a la ley de los dirigentes políticos. En cambio por motivos religiosos en los hospitales porteños se viola la ley porque en su mayoría no se entregan anticonceptivos porque esa tarea pone nerviosos a los sacerdotes.
La declaración de Villalba provocó un fuerte cruce de opiniones entre los protagonistas de todos los colores que salieron con algunas posturas insólitas:
El secretario general del Partido Justicialista, Antonio Guerrero, es decir el partido que en Tucumán es gobierno, sostuvo que «Alperovich puede ser gobernador porque el Pacto de San José de Costa Rica tiene rango constitucional y establece que ningún ciudadano puede ser impedido de acceder a un cargo en razón de su credo». ¿Ir a la Corte Interamericana en un país que se precia de tolerante en lo religioso? Desde el bussista partido Fuerza Republicana, respondió Pablo Calvetti: «Si seguimos el razonamiento de Guerrero, hasta un insano podría ser candidato a gobernador. El pueblo no puede esperar el juramento del gobernador para saber si miente o no».
No todo termina en ese exabrupto. El líder islamita apoyó la prohibición porque eso ocurre –dice– en los regímenes musulmanes donde la minoría debe aceptar la religión de la mayoría: un regreso al medioevo. *
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