Denuncian interrogatorios al límite de la tortura

La CIA y los prisioneros

Los «prisioneros de guerra» experimentan desde hace meses las consecuencias del rostro «duro» de Estados Unidos, el de los interrogatorios secretos y lejos de toda «indiscreción».

Los detenidos, de pie o arrodillados durante horas, son privados del sueño o intimidados psicológicamente, o convencidos de que fueron trasladados a otro país y están en manos de la policía de un gobierno inescrupuloso, que aplica habitualmente torturas.

El periódico levantó el velo sobre las prácticas utilizadas por Estados Unidos en el afán de obtener resultados en la «guerra al terrorismo», tras recoger los testimonios anónimos de varios funcionarios de inteligencia y gobiernos norteamericanos y europeos, ligados a los interrogatorios.

La CIA decidió hace un año tener menos escrúpulos en el plano de los derechos humanos y con los arrestados a los que se considera particularmente «duros» decidió aplicar un método que se apresta a recibir críticas: los entrega a países árabes donde la tortura es una práctica habitual desde siempre.

Los resultados de la línea dura, aparentemente, comienzan a ser significativos, ya que en los últimos meses fueron capturados o asesinados numerosos líderes de Al Qaeda, en la mayoría de los casos gracias a datos recogidos en esos interrogatorios.

Desde el 11 de setiembre de 2001 se calcula que cerca de 3.000 presuntos seguidores o acusados de respaldar a la red de Osama bin Laden fueron detenidos por Estados Unidos, de los cuales 625 se encuentran actualmente en la base militar norteamericana de Guantánamo, Cuba, privados de asistencia y derechos legales.

Pero mientras en Guantánamo la Cruz Roja y grupos de periodistas pudieron documentar en estos meses las condiciones de los detenidos, es total el secreto que circunda a los otros prisioneros, encerrados en áreas muy protegidas en la base de Bagram, Afganistán, o en la isla Diego García, en el Océano Indico.

Es allí donde la CIA, de acuerdo a las revelaciones periodísticas, está utilizando métodos para obtener información bajo una línea de «tensión y dureza».

Para vencer la resistencia de los detenidos, los hombres son encapuchados y obligados a permanecer durante horas en situaciones incómodas o privados del sueño.

Como «recompensa», quien colabora recibe «interrogatorios amigables», respeto humano y sensibilidad cultural, incluso a veces, también dinero.

Pero para quien se resiste, las consecuencias son duras. *

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