Kissinger y la investigación muerta antes de nacer
Henry Kissinger renunció el 13 de diciembre a la presidencia de la comisión investigadora sobre los atentados del 11 de setiembre de 2001, para la cual había sido designado por el presidente Bush el 27 de noviembre. Dos días antes había declinado la vicepresidencia de la comisión el senador George Mitchell, autor de planes de paz para Irlanda del Norte y el Oriente Medio. La Casa Blanca anunció que rápidamente seleccionaría a los reemplazantes, pero todo quedó en agua de borrajas. Qué lástima, diría Paco Espínola.
Todos sabían menos la CIA
Porque una comisión independiente mucho podría aportar al conocimiento de los hechos reales, que derivaron en la exacerbación del clima de guerra en el mundo y la macarthización de la vida interior de los Estados Unidos. Lo único claro al respecto es que la versión oficial hace agua por los cuatro costados. En ese sentido queremos compartir las agudas reflexiones del publicista norteamericano Ralph Shoenman, un notorio defensor de los derechos humanos, que condenó las atrocidades de EEUU en Vietnam y estuvo al lado de Malcolm X y del fiscal Jim Garrison (según el cual el asesinato de JF Kennedy fue una conspiración de quienes buscaban la intervención de EEUU en la península indochina).
Su afirmación inicial es que los sucesos del 11 de setiembre fueron anticipados y prevenidos por múltiples órganos de inteligencia. La agencia de inteligencia rusa y Putin dieron señales a Washington. Reportes similares emanaron de la agencia hindú y del Mossad israelí. Se publicaron informaciones en periódicos como el Allgemeine Zeitung en Frankfurt. En suma, muchos sabían qué se estaba tramando, menos los servicios de inteligencia de EEUU.
De hecho –agrega Shoenman– el 11 de setiembre refleja lo que se denomina un stand down, es decir, que se bajó la guardia de la Fuerza Aérea, ya que los edificios fueron atacados en Nueva York una hora y quince minutos antes que el Pentágono. Cuando un espacio aéreo prohibido como el de Washington o el del World Trade Center es violado, o cuando los radiofaros de los aviones no responden, inmediatamente salen aviones a interceptar. Hay ensayos rutinarios diarios, desde hace años, en que los F-16 son enviados a interceptar aviones en áreas prohibidas. Nada parecido sucedió en este caso.
Por otra parte, los acusados del secuestro de aviones estaban en las listas de sospechosos que debían ser vigilados por el FBI y por la FAA (Administración de Aviación Federal), pero las líneas aéreas no estaban enteradas. Estas personas compraban sus pasajes y viajaban con su propio nombre sin ningún problema. Acusados como Mohammed Atta y quince o más de los imputados fueron entrenados en bases de la Fuerza Aérea estadounidense como Maxwell, en Alabama, y Brooks, en Texas, así como en el Defense Languaje Institute de Monterrey, California. Y Atta con su equipo se hospedaron en la residencia de una persona involucrada con la CIA en el asunto Irán-contra nicaragüense.
La trashumancia de Bush
El presidente Bush fue informado del atentado al WTC pero permaneció en la escuela en la que estaba hablando con un grupo de niños. De allí fue llevado a una base de la Fuerza Aérea en Louisiana y luego a otra base en Nebraska, aterrizando en Washington mucho después. El columnista de The New York Times, William Safire, manifestó su perplejidad ante la explicación oficial de estos vuelos trashumantes, en el sentido de que los secuestradores se habían comunicado con el avión presidencial para amenazarlo. Se preguntaba por qué los secuestradores previnieron al presidente si realmente pensaban atacarlo, pero además, y sobre todo, cómo habían conseguido los códigos secretos para comunicarse con el aparato y determinar su posición. Escribió que seguramente había un espía en la Casa Blanca, la NSA, la CIA y el FBI, y que «lo primero que necesita esta guerra contra el terrorismo es una operación de inteligencia para localizar a los espías».
Los padres de Bin Laden
Otro dato relevante, que se filtró por varias vías: el general Mahmoud, director del Servicio de Inteligencia pakistaní, ISI (que de hecho es el gobierno de facto de este país desde 1948), estaba en Washington, en la NSA y el Departamento de Estado, desde la semana anterior al 11 de setiembre.
El hizo una transferencia electrónica de 100 mil dólares a la cuenta de Mohammed Atta, el supuesto líder de la operación y piloto de uno de los aviones. Esto fue revelado por la agencia de inteligencia india, publicado en el Hindustani Times y retomado por AP.
Ahora bien. Es sabido que el aparato terrorista de Al Qaeda fue creado por la CIA. Osama Bin Laden y Gulbudin Hekmaryar recibieron seis mil millones de dólares de la CIA para establecer una organización que era armada, controlada y operada por el ISI pakistaní, que también se encargó de llevar a los talibanes al poder con el dinero y la bendición de la agencia estadounidense. El objetivo era controlar Afganistán y facilitar la creación de un oleoducto que atravesara el país transportando el petróleo y el gas de las repúblicas ex soviéticas del Asia Central.
El anterior jefe del ISI, general Gul Hameed, se pliega a la tesis del stand down, dice que en los atentados del 11 de setiembre está la mano de la Fuerza Aérea USA y del Mossad israelí, que la operación fue en extremo sofisticada y ridiculiza la idea de que pudo haber sido coordinada desde las cuevas de Afganistán.
Terrorismo en gran escala
Shoenman analiza operativos mayores de los servicios de inteligencia yankis (Operación Northwoods, invasión Cuba, provocación del Golfo de Tonkín) y concluye que el del 11 de setiembre estuvo destinado a proveer el pretexto y las bases de una guerra prácticamente ilimitada, nutrir la vorágine del complejo militar industrial, suspender libertades civiles y establecer una virtual ley marcial. *
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