Jefe etarra huyó por un conducto de ventilación
Un alto dirigente del grupo armado separatista vasco ETA, Ibon Fernández Iradi, arrestado el jueves pasado en Francia, huyó ayer de una cárcel de Bayona mediante una maniobra cinematográfica.
Fernández Iradi, alias «Suster», quien según las autoridades españolas es «el mayor responsable de los comandos logísticos» de ETA, fugó durante la noche del sábado al domingo, precisaron fuentes policiales francesas. El etarra, de unos 30 años de edad, consiguió introducir su cuerpo por el estrecho conducto de ventilación de la celda en la que estaba recluido, sin que los guardias de seguridad advirtieran la acción, dijeron los reportes oficiales.
Sin embargo, un grupo de elite de la policía francesa llegó ya a la sureña región de Bayona para iniciar una investigación sobre presuntas complicidades de los encargados de mantener en prisión al líder de los comandos del grupo separatista.
Fernández Iradi y otros nueve presuntos etarras detenidos la semana pasada iban a ser trasladados ayer a París para declarar ante la Justicia por cargos de «asociación para delinquir».
Las autoridades francesas pusieron en marcha el plan de emergencia denominado «Epervier», una suerte de rastrillaje sobre toda la región, incluidos los Pirineos.
El ahora prófugo etarra está acusado por la justicia por una veintena de ataques terroristas, entre ellos los atentados y asesinatos cometidos contra el empresario José María Korta, el policía autónomo vasco (ertzaina) Mikel Uribe y el periodista del Diario Vasco Santiago Oleaga.
Además, su figura aparece vinculada con el denominado «Comando Buruntza», un grupo activo después del fin de la tregua unilateral que había dispuesto ETA y que concluyó a finales de 1999.
En agosto del año pasado, agentes de la lucha antiterrorista de España desmantelaron ese comando y desde entonces, Fernández Iradi era buscado por orden del juez Baltasar Garzón.
Las autoridades francesas suponen que existió «algún tipo de complicidad interna» para facilitar la fuga, ya que el etarra había sido interrogado por funcionarios judiciales sobre la tarde del sábado y luego trasladado nuevamente hasta su celda.
Entre un episodio y el otro mediaron unas dos horas, y otras dos hasta que los guardiacárceles se percataron de la fuga, que se produjo sin violencia y en aparente sigilo ya que «nadie se dio cuenta de lo que había pasado sino hasta las dos de la madrugada». *
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