El presidente argentino Eduardo Duhalde sorteó un momento difícil

Un duro aniversario, pero con paz

Si bien las manifestaciones fueron multitudinarias, el clima de temor que se vino amasando –y donde el gobierno no fue ajeno– rebanó adhesiones, aunque no hubiera sido el número el que hubiese deteriorado más a Eduardo Duhalde. Lo que provocaba escozor es que hubiera saqueos pero sobre todo, muertos; tal vez el Presidente no hubiera sobrevivido a la tragedia, lo temido que desde el oficialismo y de sectores piqueteros señalaron al menemismo como propiciándolo.

Agrandada la amenaza o no, hay datos suficientes sobre movimientos extraños previos a los dos días de las grandes demostraciones–lo objetivo que Duhalde superó un momento crucial, aunque no tenga en su horizonte soluciones políticas para su otra obsesión: como frenar a Carlos Menem y no morir en el intento, poder terminar de abrochar aunque sea un módico convenio con el FMI capaz de darle aire hasta la entrega del gobierno a su sucesor y amortiguar –sea postergando sea con algunos instrumentos financieros– el impacto de la inminente decisión de la Suprema Corte de Justicia proclamando que los depósitos en dólares, en verdes han que regresárselos a los ahorristas.

La lectura de los hechos de las últimas semanas ofrece jugosas conclusiones. No es de pequeña importancia que la rememoración que de una u otra forma en todo el país movilizó centenares de miles de personas, no generó incidentes ni hubo que lamentar tragedias. Primera conclusión: si desde el poder se pretende limitar el derecho constitucional de manifestar, lo peor se agenda.

El movimiento piquetero que tiene ya una profusa experiencia supo manejar, a la vez, los escenarios más complejos y en diálogo con las autoridades y entre las encontradas tendencias de las organizaciones de desocupados, se creó el clima necesario –tenso, a veces– para que nada anormal sucediera.

La decisión política de asegurar que las demostraciones se realizaran en paz es una virtud que no hay que desmerecer a las autoridades que pueden pavonearse en el abismo entre lo que ocurrió en la misma Plaza de Mayo en diciembre del año pasado y ahora.

De un año a otro

No se trata de la única diferencia. Un año atrás, la presencia popular fue espontánea, masiva, unitaria. Ahora bien organizadas pero divididas, porque se definieron objetivos, salidas a lo que pasa y modos de acumular política.

La gran concurrencia al mitin de clausura en Plaza de Mayo, parte clave de los diversos actos de la cabalgata de rememoraciones no mueve por ahora el amperímetro de los objetivos gubernamentales. Pero el espacio de los piqueteros y de las organizaciones sociales son actores insoslayables cuyo papel ira creciendo.

Entre el propio peronismo y los nuevos actores sociales del último lustro sobre todo, se ha desatado una puja no siempre pacífica por el control de las masas y para donde orientarlas. El poder estatal no sólo es poderoso por los recursos que dispone (económicos, coercitivos, etc.) sino porque aún controla parte de las correas de transmisión entre el Estado y los ciudadanos. Pero le ha salido un rival, al peronismo, de riesgo.

El universo piquetero está fraccionado por las diferentes miradas sobre el proceso y su salida, y en este forcejeo adicional, crece el sector más radicalizado: es lo que se verificó en Plaza de Mayo el viernes bajo la hegemonía del Polo de tendencia trosquista. Y cabe preguntarse si la izquierda histórica no comenzó a ganarle la calle al espacio que genéricamente responde a los lineamientos de la Central de Trabajadores Argentinos, una paciente construcción con fuerte acumulación de cuadros y materia gris.

No es un mitin el que puede responder el interrogante, pero meses atrás, la izquierda que cree llegado el momento de plantearse tareas de poder, parecía proclamar su discurso en el desierto. No impone los tiempos al conjunto del movimiento social, pero obliga al resto a endurecer el lenguaje.

La larga mano de Menem

Si la mano de Menem pueda rastrearse en todo hecho resonante, es parte de su proyecto de retorno a la casa rosada. Entonces, habrá que aguardar movimientos más espectaculares porque lo que él es y lo que él representa como proyecto económico-social deben, tienen la sensación de que triunfan o sucumben. El ascenso de las luchas de masas, él cree, lo coloca en mejores condiciones frente a los poderosos de aquí y afuera.

Pruebas al canto: la sola mención que militantes menemistas incitaban la promoción de saqueos, puso en vilo al gobierno y a los piqueteros. Dato que pudo ser funcional al esquema disuasivo oficial; lo más notorio es que sirvió para colocar a Menem en el manejo de escenarios, el de los miedos incluidos.

En la inminente decisión de la Suprema Corte de Justicia dolarizando los plazos fijos acorralados, no son recatados los movimientos de los supremos menemistas que han usado todo tipo de artilugios para recomponer una mayoría de votos dolarizadores, cuando poco antes parecía que algunas maniobras del Gobierno, podrían estirar las definiciones.

Ahora tarde el duhaldismo proclama volver a la carga contra algunos supremos y promoverles juicio político. Repite lo de un año atrás, donde los amenazó con esa humillación y no se atrevió a proseguir la pelea cuando los jueces le respondieron con disposiciones que dieron en la línea de flotación del programa económico.

El anuncio de una acordada para el 30 de este mes, amortiguó la presión política de países europeos con peso dentro del FMI para que llegara a un rápido acuerdo con la Argentina, que aunque fuera por los meses que aún le restan al Gobierno es oxígeno. Ahora no se está seguro que el convenio pueda concretarse en enero (Duhalde lo había anunciado para fines de año) y perturba proyecciones económicas oficiales (alentadoras para el ministro Roberto Lavagna).

A la mano de operadores menemistas en Washington, se atribuye el endurecimiento del FMI pero nadie reconocerá que juega sucio con estos asuntos delicados por disputas de hegemonía política.

El caso Clarín

Sea como fuere, está instalado que Menem mueve todas sus piezas disponibles. Incluso la detención de la directora del diario Clarín, Ernestina Herrera de Noble, por irregularidades en la documentación que en 1976 le dio la tenencia de sus dos hijos adoptivos es analizado parte de un plan de sectores vinculados al menemismo que buscan debilitar a los grandes medios de información que le son hostiles.

Hay un viejo reclamo judicial de las Abuelas de Plaza de Mayo cuya independencia de criterios no es discutida por nadie, para que el juez Roberto Marquevich investigara denuncias que ellas recibieron sobre el supuesto origen de los adoptados, que podrían ser hijos de desaparecidos. Las Abuelas no pueden estar midiendo que hacen o que no, según la coyuntura. Su búsqueda es la verdad y deben ser respaldadas.

Pero la coyuntura existe y el juez le dio al caso explosión mediática y un criterio abusivo en la detención de la propietaria de Clarín, que es amenazante con la libertad de prensa, un aviso y puede facilitar las intrigas por el control de los grandes medios que hoy están en boga. Nadie duda que lo ocurrido es otra parte del capítulo de la interna peronista: 1) el diario apoya a Duhalde o 2) denunció casos de corrupción, en el caso de las armas, le costo a Menem meses de prisión domiciliaria.

Menem juega con todo y Duhalde solo estira los plazos de la interna donde el peronismo debe seleccionar a su pretendiente: cada vez es más seguro que ese hecho jamás ocurrirá. Hubo negociaciones para que la interna se realice el 23 de febrero, pero Duhalde no las desea.

El Presidente carece de candidato capaz de ganarle a Menem la interna. Especula que si incita a que cada uno de los pretendientes vaya p
or su lado, podría vencerlo en las presidenciales, sobre todo en un segundo turno: parte de la base que su bendecido si es de valía, le gana el balotaje al riojano. Ergo supone que los dos primeros serán del justicialismo

¿A quien bendecir?. Carlos Alberto Reutemann está afuera de todo cálculo. Este fin de semana Duhalde sondeará (o hará que sondea) el nombre del santacruceño Néstor Kirchner en las filas del poderoso aparato del peronismo bonaerense, a ver si llena los requisitos para la gran competencia. El sureño no espera una sorpresa.

Menem le ha tomado el pulso al Presidente y lo desafía a que él sea su challenger. Intuye que un sector husmea la posibilidad de ungirlo pretendiente aunque haya dicho una y mil veces que no. A los dos, confiesa un hombre del riñón menemista, le convendría que las elecciones se llevaran a su día normal de octubre. Al Presidente, le da más tiempo y al riojano le despeja cualquier impugnación a su candidatura: no cumple con los plazos constituciones de haber aguardado todo un mandato.

La crisis no es sólo peronista

Hay parches legales a tiro impugnación judicial, para remediar tantos desajustes que tienen su origen, en definitiva, en la dificultad de mantener unido al partido clave del último medio siglo y más, porque la crisis de representatividad lija sus bases de sustentación. O porque cada facción hoy representa, entre intereses propios y proyectos, cosas diferentes.

El drama que vive la Unión Cívica Radical, que agrega a su infortunio como gestionador el hundir su prestigio como el partido defensor del sufragio por las denuncias de fraude en la interna para designar el candidato, repite por otro camino, las desdichas del justicialismo.

Los dos buscan remozar con poco el desprestigio que tienen los partidos en general y terminan por no saber como salir del fangal en el que están metidos.

Nadie zafa de pagar costo político. La decisión del Partido Socialista de quitarle el respaldo a Elisa Carrió como pretendiente presidencial, no será gratuita para uno u otro.

Y menos aún el papelón dentro de Autonomía y Libertad, el grupo que puso en la cámara baja a Luis Zamora, que por los motivos que fuere, a quedado dividido del bloque que formaba con otro de sus diputados.

A veces los argentinos refutan las matemáticas: cuanto más se dividen, más se multiplican. Pueden estar pavimentando el peor de los caminos. *

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