Chávez: resiste en nombre de Dios y de Bolívar
Son los mismos símbolos de su devoción que enarboló tras sobrevivir a un golpe de Estado de la derecha empresarial y militares conservadores, el 11 de abril pasado, cuando fue rescatado por un grupo de oficiales y miles de desamparados que bajaron de los cerros de Caracas gritando «Â¡Volvió, volvió!».
Su discurso, de tintes mesiánicos, mezcla retórica nacionalista con izquierdismo revolucionario de la guerra fría, teología de la liberación, críticas al dogma neoliberal y un culto casi religioso a Bolívar, todo ensamblado con la jerga deportiva del boxeo y el béisbol, con irreverente aliento caribeño.
«Esta es una lucha entre Dios y Satanás», tronó ahora acosado por la huelga desatada el 2 de diciembre por elites empresariales y políticas, que se apoyan en cientos de miles de venezolanos de los sectores medios inconformes.
Chávez intenta hacerse heredero de una tradición de casi dos siglos en Venezuela y transformarse en una reencarnación de Bolívar, amparado en el testamento escrito por el héroe trágico, a seis de días de su muerte en 1832: «El deber de los militares es emplear la espada en defensa de las garantías sociales».
Esta huelga ha puesto en evidencia que el ejercicio chavista del poder se basa en una simplificación bipolar de revolución y contrarrevolución, adhesión o rechazo, lo que le permite tomarse cualquier libertad en nombre de objetivos supremos.
El liberal diario The New York Times, lo calificó esta semana como un autócrata, aunque no llegue a ser un tirano. Como sea, el resultado de su gestión ha sido la polarización.
Un retrato de sí mismo es su show semanal de televisión Aló Presidente, en el que Chávez, desata su carisma y sus virtudes histriónicas y gobierna tomando decisiones «en vivo».
Pero cuando habla «sin pelos en la lengua», sus adversarios crecen. Chávez ha llegado a sacar «tarjeta amarilla» a la Iglesia Católica, y mandó al presidente de la Conferencia Episcopal, Baltazar Porras, a rezar y practicarse un exorcismo para «sacar el diablo debajo de sus sotanas».
Su amistad con Fidel Castro con quien protagonizó un programa récord de ocho horas y las visitas al dirigente libio Muamar Kadafi y al enemigo favorito de Estados Unidos, el presidente de Irak, Saddam Hussein, contribuyeron a configurar su perfil mundial de líder antiestadounidense. Para Chávez y sus seguidores, Venezuela vivió un bloqueo de cuatro décadas (1958-98), que llaman la era de «punto fijo», el cual creó un orden jurídico e institucional, que impide luchar contra la corrupción, el clientelismo, la brutal dependencia del petróleo y la pobreza que agobia al 80% de los 24 millones de venezolanos.
Por eso el paradigma bolivariano podría resumirse en una frase: para modificar a Venezuela hay que cambiar esas instituciones.
De ahí su empeño en defender a rajatabla la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, un punto en el cual no ha cedido ni un milímetro a lo largo de la huelga.
La oposición le propone ir a las urnas y revalidar su mandato. Pero Chávez se resiste a una nueva prueba electoral, pese al éxito impresionante en las urnas.
El 6 de diciembre de 1998, fue electo con 56,2% de votos; en mayo de 1999 logró un 88% a favor de su propuesta de Asamblea Constituyente, en diciembre de ese año un 71% de respaldo en el referendo de la Constitución Bolivariana y el 30 de julio de 2000 fue reelecto con el 59,75%.
El conspirativo ex teniente coronel de 48 años, quien vive separado de sus esposa en pleno proceso de divorcio, tramó su actual cruzada, al formar un grupo clandestino de reflexión entre jóvenes oficiales, en 1983 que salió a la luz cuando fracasó en un golpe de Estado en 1992.
En las horas difíciles, Chávez gusta de abrevar en obras de iluminados, como uno de sus libros de cabecera, El Oráculo del Guerrero, un opúsculo que recoge todos los lugares comunes de la mística orientalista. El misticismo no falta en su ritual contra los cientos de miles que salen para manifestarse en las calles: «Que sean avergonzados los que buscan mi vida y el Angel de Dios los persiga, disputa oh Jehová, pelea contra los que me combaten», oró Biblia en mano en su último programa. *
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