Un lote de 4.000 m2 cuesta sólo veinte dólares

Para Navidad, regale la Luna

Un lote de 4.000 m

La idea es simple: mientras que ningún Estado tiene derecho a apropiarse de los planetas, conforme a tratados internacionales sobre el espacio firmados en 1967 y 1979, ninguna ley prohíbe que lo hagan individuos.

Dennis Hope se encontraba al volante de su auto a fines de 1980, sin trabajo y en pleno divorcio, cuando vio la Luna a media tarde y recordó sus clases de Derecho en la universidad.

«En una hora redacté una Constitución, estableciendo algunas reglas de base». Luego presentó una declaración de propiedad ante Naciones Unidas, Estados Unidos y la Unión Soviética, transformándose así en el único dueño legal del satélite de la Tierra y de otros ocho planetas.

Días más tarde improvisó un cartel de publicidad que cargaba por los pasillos de un centro comercial. «La gente me tomaba como un loco furioso, pero al final un tipo terminó por comprarme un kit, que comprendía un acta de propiedad, un mapa para localizar el terreno y la Constitución lunar», recuerda el empresario.

Este hombre de 54 años, que dice haber ejercido 96 oficios desde su adolescencia, siguió vendiendo secciones de la Luna en su tiempo libre.

La llegada de Internet, aproximadamente en 1996, revolucionó su comercio. «El horizonte se amplió de inmediato. En quince años sólo había vendido 3.500 títulos de propiedad. Ahora estamos en más de 1,14 millones», afirma.

El período de fiestas concentra dos tercios de las ventas. Y estos últimos meses, la empresa –que cuenta con cinco sitios de venta en línea– también adjudicó 165.000 propiedades en Marte, 25.000 en Venus y 22.000 en Io, un satélite de Júpiter.

Su volumen de negocios ascendía a 800.000 dólares el año pasado y debería alcanzar 1,1 millones en 2002, según su dueño, que prevé un futuro ingreso en la bolsa.

Siete «embajadas lunares» proponen los mismos productos en quince países, mientras que todavía queda «el 97% de la superficie de la Luna en venta, sin hablar de los otros planetas».

Gracias al desarrollo de Internet, Dennis Hope vive exclusivamente de su conquista espacial e insiste en que reinvierte gran parte de sus beneficios en proyectos futuristas.

Porque aun cuando tiene los pies sobre la Tierra, Hope todavía alienta algunas de las utopías de su juventud. Entre sus proyectos, quisiera en especial organizar viajes privados a la Luna y en algún momento construir un hotel en su superficie.

«Cuando me embarqué en esta aventura, se trataba más que nada de una manera divertida y ligera de exaltar mi lado rebelde. Pero más tarde, me sentí Cristóbal Colón, buscando financiar su viaje a la conquista de nuevas tierras», recuerda. *

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