El próspero "club" de la Unión Europea tendrá nuevos socios

10 países a un paso de añorada meta

Todos los negociadores implicados en ese delicadísimo proceso –comenzando por el jefe de la Comisión Europea, el italiano Romano Prodi– han partido para Copenhague, donde por dos días se reunirán los líderes de los quince –desde Jacques Chirac y Silvio Berlusconi hasta Tony Blair y Gerhard Schroeder– que darán la definitiva vía libre a un primer pelotón de «afortunados» países (Polonia, República Checa, Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Malta y Chipre) que entrarán en la UE.

Las tratativas están formalmente cerradas sólo para Chipre, Eslovaquia y Estonia. Para las otras naciones, la mesa de las negociaciones se trasladará al «summit» de Copenhague, para la última negociación cara a cara entre los hombres de Bruselas y los representantes de cada país candidato.

Sin duda alguna, el de Polonia es ahora el obstáculo más difícil: Varsovia quiere en substancia más dinero para sus productores agrícolas, visto que según el proyecto actual el campo de Polonia –al igual que el de los otros nueve países de esta primera ampliación– recibirá por unos años sólo una parte de los ingentes subsidios que Bruselas destina a las empresas agrícolas de los quince países del «club» comunitario.

La agricultura es uno de los grandes temas de la ampliación, hecho comprensible si se piensa que el número de los productores agrícolas de los países candidatos es tres veces mayor como promedio al de los quince estados comunitarios.

La posición polaca es muy clara, como no se cansa de afirmar el premier Leszek Miller, cuyo objetivo es «no sólo entrar a la UE sino hacerlo en las mejores condiciones». Como afirmó irónicamente uno de los negociadores de Bruselas, en sustancia el problema de la ampliación «recuerda un poco lo que decía la vieja canción de Liza Minelli, aquella que hablaba solo de money, money, money».

Polonia quiere mil millones de euros más del budget que Bruselas ha preparado para financiar la ampliación, un total de 40.000 millones de euros para los diez países candidatos para el trienio 2004-2007. Otras naciones también quieren más, entre ellas la República Checa, también por el tema agrícola.

El «costo» de la ampliación es relativamente modesto, o sea casi 25 euros por cada una de los 380 millones de personas que viven en los quince países comunitarios: una cifra de hecho equivalente a lo que se paga por una comida en un restaurante medio de cualquier capital europea.

Del lado de los quince, los países más duros en rechazar estos reclamos son Holanda y sobre todo Alemania, que es el mayor contribuyente de las arcas comunitarias de Bruselas.

Más allá de esos contrastes financieros, el tema que sin duda se robará gran parte de las discusiones de Copenhague será el de Turquía, país que no figura en el primer pelotón de la ampliación (igual que Rumania y Bulgaria).

En las polémicas de última hora sobre el «dossier Ankara» ha entrado prepotentemente Estados Unidos, que por múltiples razones –tanto políticas como militares, visto que Turquía es miembro de la OTAN– está presionando a favor del ingreso a la UE de ese país frontera entre Europa y Asia.

Los europeos están divididos entre sí (por ejemplo, Italia, Grecia y Reino Unido están a favor de un rápido ingreso, Alemania y los países nórdicos no) y por otra parte la Comisión de Romano Prodi no se cansa de decir que, antes de poder comenzar las negociaciones, Turquía debe respetar una serie de normas muy severas en el campo de la sociedad civil. Precisamente hoy, Amnesty International dijo que en Turquía la tortura sigue aplicándose «de manera sistemática».

La espinosa cuestión turca está por lo tanto en el aire y antes de poder contar con una fecha para abrir las negociaciones, el gobierno de Ankara deberá resolver muchas cosas en cuanto al respeto de los derechos humanos. *

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