Lucha antiterrorista, ALCA y las dificultades financieras de Brasil estarán sobre la mesa

Agenda abierta entre Bush y Lula

 

Sin el gabinete definido y con problemas para satisfacer a sus aliados y encontrar un nuevo titular del Banco Central, Lula da Silva será recibido el martes por el presidente George W. Bush en el Salón Oval de la Casa Blanca.

Según sus asesores, Lula da Silva intentará construir una buena relación a nivel personal con Bush y dejará claro que ya no tiene nada que ver con el líder de izquierda que hasta hace poco tiempo criticaba el «imperialismo norteamericano».

«Lula va a dejar claro que lo que Brasil está proponiendo es una discusión sin contenido ideológico», señaló el moderado Antonio Palocci, a quien se lo menciona como el futuro ministro de Economía.

La agenda de la entrevista Bush-Lula es bastante surtida: la lucha contra el terrorismo, y en ese marco el posible ataque de Estados Unidos a Irak, el comercio bilateral, las dificultades financieras de Brasil y las negociaciones sobre el ALCA. Durante la campaña, Lula da Silva criticó con dureza a Bush por las tensiones con Irak. «Estados Unidos tiene un presidente que, de cada 10 palabras que dice, 9 son para hacer la guerra», señaló en setiembre.

La guerra contra el terrorismo es la prioridad número uno de la política exterior de Bush y en los últimos días, luego del triunfo electoral de octubre, Lula da Silva no ha dicho una palabra sobre las tensiones entre Estados Unidos e Irak.

Según los analistas, es difícil pensar que Lula da Silva pueda espantar los fantasmas de Bush sobre su gobierno si no desliza una declaración de fuerte apoyo a Estados Unidos en su cruzada contra el terrorismo.

En un signo del flamante pragmatismo que caracteriza a Lula da Silva y al PT, el diario Folha de Sao Paulo informó ayer que el presidente electo está dispuesto a apoyar un eventual ataque de Estados Unidos a Irak si es avalado por las Naciones Unidas.

En relación a Estados Unidos, el objetivo principal de Lula da Silva es el mismo que persiguen los gobiernos brasileños por lo menos desde la segunda guerra mundial: que Brasil sea reconocido como el país líder de América del Sur.

Por ese motivo, Lula da Silva está empeñado en relanzar el Mercosur, aunque sea desde el punto de vista político.

En un plano más concreto, el principal tema de preocupación de Lula da Silva en relación a Estados Unidos es la propuesta norteamericana para crear el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) a partir de 2005.

Durante la campaña, Lula da Silva dijo varias veces que, «así como está, la propuesta sobre el ALCA es una propuesta de anexión y no de integración. Y Brasil no quiere ser anexado».

En este sentido, Lula da Silva refleja los temores de buena parte del empresariado brasileño que teme que el ALCA sirva sólo para facilitar la entrada de productos norteamericanos, que terminen aniquilando la industria local.

Los brasileños también se quejan de los subsidios agrícolas del gobierno norteamericano y de las barreras a la entrada de sus productos, entre ellos el acero, el jugo de naranja y el algodón.

En lo inmediato, Lula da Silva espera lograr un mensaje de respaldo de Bush para calmar a los mercados financieros y allanar el camino para que los bancos extranjeros restituyan el crédito a las empresas brasileñas.

El sábado, Lula da Silva logró un claro apoyo del director gerente del Fondo Monetario Internacional, Horst Kohler, quien señaló que el presidente electo de Brasil «es realmente un líder del siglo XXI». Bancos e inversores están optimistas con el nuevo discurso de Lula da Silva, mucho más moderado, pero aún tienen dudas sobre cómo será el gobierno y esperan ansiosos que anuncie a su gabinete. *

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