El dilema del mandatario argentino Eduardo Duhalde

Cómo frenar al ex presidente Menem y no perder en el intento

 

Eduardo Duhalde vaciló cuando se instaló en diputados el juicio político contra los miembros del más alto tribuna. Le temió más a sus decisiones sobre economía (inconstitucionalidad del corralito en febrero, ahora la amenaza de regresar a la dolarización) que exhibir voluntad de cambio. No le agregó nada esa agachada, ni tampoco haber cambiado al ministro de Justicia para seducir a los supremos. Se llegó a la inusitada situación que la aplicación de la Constitución Nacional respecto al derecho de los ahorristas de disponer de su dinero, se convierta en su aplicación irrestricta e inmediata en un factor de desestabilización.

Es una visión sesgada: nada dice que la crisis fue provocada por el saqueo al que fue sometido este país en los últimos años.

En los últimos días, lo que ocurre detrás del cortinado quedó al desnudo. El Presidente fracasó en un toma y daca con un supremo en Olivos, bloqueó un voto de la mayoría automática, ofreciéndole a otro respaldo para integrar el Tribunal Internacional de Justicia, intentó por todos los medios la renuncia de un tercero.

Bajo la amenaza de un pronunciamiento de cinco de los votos necesarios para dirimir un fallo a favor de la devolución de los depósitos en dólares, cayó del cielo el «descubrimiento» de que uno de los jueces, Carlos Fayt, tiene ahorros por 200 mil dólares y claro, no puede ser juez y parte. No hay número para fallar por la dolarización.

El dinero divide a las personas

¿Qué ganaron Duhalde y su ministro de Economía, Roberto Lavagna? Tiempo; en algún momento la Corte cubrirá tres cargos de excusados o renunciados, con jueces aptos para estas coyunturas (los llamados conjueces), pero difícilmente haya acordada antes de febrero. ¿Tiempo para qué? Para encontrarle una vuelta negociada que deje al Poder Ejecutivo decidir en qué lapso y de qué manera se devuelven los ahorros.

La forma de devolver el dinero del «corralón» divide al Gobierno y a Lavagna con los bancos y explica el trasfondo de la pelea del ministro con el titular del Banco Central que elevó su renuncia. Aldo Pignanelli es la voz de los banqueros concentrados y responde a la influencia que dentro del Central tienen los ortodoxos más duros, que son los mejores defensores del capital financiero concentrado y extranjero. Entre el ministro y el del Central hay diferencias sobre cómo negociar con el FMI y si hay que pagar o no con reservas deudas con organismos internacionales.

No hay sólo un problema ideológico sino mucho dinero en juego que los banqueros quieren que se haga cargo el Estado. La Corte tiene interés en este juego: amenaza con darle razón a Pedro Pou, un ultraortodoxo menemista, en su reclamo contra el Senado que lo desplazó de la titularidad del Central.

Como puede verse, el menemismo en cada lugar sabe en qué dirección debe marchar y por eso no es irreal que haya intentos para encontrar un espacio de diálogo entre el ex presidente y Duhalde, que no se refiere solamente a las reglas de juego necesarias para decidir quién será el pretendiente presidencial del peronismo, sino qué tareas resuelven la actual administración que no sea una carga para quien la suceda, que suponen será un hombre del justicialismo.

Menem aprieta con todo lo que tiene a mano y no es poco, para que Duhalde no le cierre el camino de las elecciones internas, que como están hoy las cosas, las puede ganar, pese a que el aparato partidario le responde a sus enemigos, que además carecen de una figura que los aglutine y venza.

Las razones de Menem

Menem tiene razón: Duhalde estirará todos los plazos para las internas hasta que encuentre la manera de impedirle al ex mandatario alzarse con los colores oficiales del PJ. ¿Es solamente eso? Sospechan en el menemismo y en el espacio de Adolfo Rodríguez Saá, que ni siquiera son seguras no sólo las internas sino las elecciones presidenciales, a pesar de que el Parlamento votó la renuncia anticipada de Duhalde y fijó el día de los comicios el 27 de abril. Si esto es así, las elecciones deberían correrse a octubre.

Hay impugnaciones judiciales en camino que pueden torpedear el actual diagrama, viciado –para los expertos– con demasiadas violaciones a lo que marca la carta magna: otro desbarajuste institucional. Si se cae el esquema, incluso puede ser impugnada la candidatura de Menem con argumentos constitucionales. No ocurriría eso si los comicios se hicieran en los términos constitucionales, es decir, en octubre.

Insólitamente, otra vez vuelve a mencionarse el nombre del gobernador de Santa Fe, Carlos Alberto Reutemann, como la figura capaz de aglutinar al no menemismo para vencer a Menem. ¿Hay algo? El ex corredor, el viernes, reiteró nuevamente que no, pero de manera sibilina propuso como candidato al propio Duhalde, que puede constitucionalmente promoverse, aunque ha jurado que no sería el hijo de la actual administración.

Es otra sospecha que tienen Menem y Rodríguez Saá y que se murmura en algunos sectores del radicalismo, más por intuición que por información.

«La idea de que Reutemann puede cambiar es para mantener cohesionado al no menemismo», confiesa alguien que conoce la trama secreta. De todas maneras, el tiempo no es eterno y Duhalde tiene que superar este diciembre que asoma tumultuoso, tanto por los recuerdos por los muertos un año atrás durante la represión contra las manifestaciones que acabaron con la presidencia de Fernando de la Rúa, como con el aquelarre que se dice, prepara el menemismo, aupándose en esa inmensa voluntad popular.

¿Mejoría?

El otro desafío es que el veranito económico actual, con cierta recuperación económica y variables macroeconómicas controladas, se estabiliza y es cierto aquello de que la recesión acabó. Hay una lectura política a este cuadro: la lenta salida ha sido a pesar del FMI, y sin el acuerdo que deja en un limbo el futuro, sobre todo en el frente externo.

Provoca estupor oír «mejoría» en el cuadro desocupacional pese a que se detuvieron los despidos, pero no se toman operarios sino que se incrementan las horas de trabajo. Y sobre todo, el avance del hambre y la desnutrición que cobra víctimas, una verdadera implosión social: hogares donde estalló la familia, se bajan los brazos y ya ni siquiera se pide ayuda: la pérdida de la autonomía social, generada por el modelo de acumulación y distribución.

De todos modos, en la City, donde las cosas de ven desde otra óptica, coinciden en destacar que un rápido acuerdo con el FMI es un tema del pasado y en que el temor a la apertura del «corralito» bancario también quedó atrás, sin que la divisa trepara.

El hecho es que el titular del Fondo, Horst Köhler, no haya visitado Buenos Aires durante su gira sudamericana desacredita las ilusiones de un acuerdo rápido. Para el gobierno se debe a una falta de decisión política del directorio del FMI, y con la renuncia del secretario del Tesoro, Paul O’Neill, alguien que se mofó de Argentina pero que se lo enrolaba a favor del acuerdo todo se congela al menos con EEUU. Pero los funcionarios de planta de esa entidad no creen que se haya arribado a un acuerdo técnico y en el directorio, no han terminado por digerir el no pago de una letra vencida del Banco Mundial.

Como en enero hay más vencimientos, con el BID y con el FMI, ¿qué hará el gobierno que se comprometió a no usar reservas para esos fines? ¿Dará otro paso hacia el default con los organismos financieros? ¿O con los dólares que compra diariamente en el mercado el Banco Central llega de aquí a un mes a juntar lo suficiente para algún gesto, abonando ciertos vencimientos, especialmente los del BID que sin ese paso tendría problemas serios?

¿Será Duhalde el candidato?

Lo que llama la atención es la inopinada dureza del discurso oficial. Lavagna recibió ovaciones en una asamblea de la Unión Industrial (lo que queda de empresas nacionales) cuando recordó que un año atrás los organismos financieros internacionales entregaron al gobierno de la Alianza 9.500 millones de dólares «que sirvieron para financiar la fuga de capitales. Y se dijo: «Algo debe andar mal cuando se financia la fuga y no se termina por concluir un acuerdo que serviría para reforzar la recuperación que la sociedad argentina ya está logrando por sí misma».

El propio canciller, Carlos Ruckauf, se sumó a la severidad: «Creo que los técnicos del Fondo están sembrando tierra y van a cosechar lodo».

Con semejante trasfondo Duhalde deberá definir si habrá internas en el PJ o si promoverá un esquema donde cada pretendiente va por su lado, seguros que los dos primeros serán del mismo palo, e irán al segundo turno, o si exhibe una carta ahora desconocida.

Algo viene a perturbar al PJ: el ascenso de Elisa Carrió en las encuestas. Según la de Mora y Araújo, Rodríguez Saá alcanza el 17,3%, la líder del ARI, 16,2%; Menem, 14,2% y Néstor Kirchner, 9,2. A todos ellos, Carrió los vencería en el balotaje y con Menem –según el experto Carlos Germano– la diputada alcanzaría el 47,7% y el riojano, sólo el 24,2. El escenario más equilibrado sería con el ex gobernador de San Luis.

De confirmarse esta tendencia, el peronismo en general y Duhalde en particular, deberán replantearse la estrategia. Sobre todo porque no son sumables los pretendientes peronistas y porque Rodríguez Saá iría, como Kirchner, con su partido propio. Son escenarios probables, no definitivos pero a medida que ha ido trepando Menem, se hace más palpable el ascenso de Carrió. ¿Buscará el no menemismo su hombre en el hoy Presidente? ¿No será que la carta secreta de Duhalde es él mismo? ¿Es viable, sin un cisma? ¿Cómo se sacan de encima a Menem?

Nada es improbable pero algún ventarrón social, o un cimbronazo externo, puede dejar en la nada algunas ilusiones que tienen ahora la fuerza de las pompas de jabón. *

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