En Bagdad, todos unidos contra Saddam

 

En Bagdad, un minúsculo pueblo minero en las áridas montañas de Arizona, todo el mundo está listo para una guerra contra Irak y terminar con Saddam Hussein, si el presidente estadounidense George W. Bush así lo decide.

Los 2.000 habitantes de Bagdad están replegados cerca de las minas de cobre en las montañas del oeste de Estados Unidos, donde nada crece. La ciudad más cercana se encuentra a 100 km y los estruendos del mundo exterior no llegan.

Kevin Kruse, de 42 años, es un viejo marino. «Quisiera que los aliados se involucraran (en una guerra contra Irak), pero si no lo hacen, habrá que ir solos», dice.

«Soy un veterano, mi padre es un veterano, el padre de mi padre era un veterano. Es el precio a pagar por la libertad», añade desde una mesa en el restaurante de mineros, ubicado en la calle principal.

Nicole tiene 16 años, Joyce 14. Ellas no saben que su pequeño poblado, como otros dos en Estados Unidos, llevan el nombre de la capital de Irak, un país que ellas sitúan en «el otro continente». Para Nicole, Saddam Hussein «es alguien que se esconde». Pero ambas piensan que su país debe acabar con él. «Es un loco», explica Stephen, de 18 años. «Mata a las personas, su pueblo no tiene qué comer», añade Derrek, de 14 años. Ray Jones, con una bandera estadounidense en su carro eléctrico, se apresta a ingresar a un campo de golf, generoso entretenimiento que la compañía minera ofrece a los trabajadores, así como las casitas blancas con tejado rojo por un alquiler irrisorio. «Apoyo totalmente a mi presidente», dice este vital octogenario. «Si Saddam Hussein representa tal amenaza, debemos ir. Podemos ganar un enfrentamiento directo», añade con más dudas sobre el resultado de la guerra contra el terrorismo.

«Mi hijo es marino de un portaviones. Me dijo:’Mamá, si muero, es por ti. Estoy preparado'», explicó por su parte la dueña del restaurante de los mineros, Sandy Jackson.

Aquí como en el resto de Estados Unidos, el drama de los atentados del 11 de setiembre también dejó sus marcas. Pero son pocos los que saben la diferencia entre Saddam Hussein y Osama bin Laden.

«Probablemente Saddam Hussein es el principal patrocinador del terrorismo», asegura Ray Jones.

En esta ciudad en el desierto, que carece de cine pero que cuenta con seis iglesias, el mundo está dividido en dos: de un lado el buen George W. Bush, defensor de la libertad, y del otro el tirano Saddam Hussein. ¿Por qué Estados Unidos es tan detestado en el exterior? «Es envidia, porque somos ricos», explica sin dudar Ray Jones. «También es por nuestra religión», añade. «Es por eso por lo que los iraquíes y los afganos nos atacaron».

«Nos ven como el gran matón, es sencillo, pero esto no tiene nada que ver con armas de destrucción masiva», protesta por su parte Kevin Kruse. Ante esta unanimidad, algunas voces más moderadas intentan comprender. «Nuestros dirigentes no hacen suficiente en favor de los países pobres. Somos el país más poderoso del mundo, podríamos dar un mejor ejemplo», dice Bob Delgado, responsable del pequeño museo de Bagdad, siempre cerrado por falta de visitantes. *

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