Feliz sin necesidad de permiso
– ¿Te generó cierta resistencia dar el paso?
– Claro, ahora hay que hacerse cargo de María Paz. Si bien yo siempre la sentí y me resulta horrible esto de hablar en tercera persona, una vez que me cayó la ficha, que lo vi en el documento, dije: ¡guau!? ¡hasta los recibos vienen a mi nombre ahora, antes yo no los sentía como míos! (se ríe).
– ¿Cuándo fue que sentiste por primera vez que – eras María Paz?
– En realidad tenía otro nombre: era Colorinda, por una novela que daban acá cuando yo era chiquita. Tendría 6 años. Yo siempre me sentí, de hecho, una mujer diferente. En ese momento ni se hablaba de identidad de género, pero jamás me sentí hombre.
– ¿Crees que hay un momento en el que las personas definen su identidad de género?
– Hay varias teorías. La mía es que tú naces sintiéndote de determinada manera. Mamá ya a los tres años y medio me llevó al psicólogo, porque yo me vestía muy de nenita. Fue difícil, porque para mí era un estado natural digamos.
– ¿Y quiénes fueron tus referentes?
– Mi primer referente como mujer fue mi tía, una mujer espléndida, muy paqueta, muy encantadora. Yo decía: ?Quiero ser como mi tía?. Además, cuando me fui de casa, a los 14 años, ella me dijo: ?¿Tu madre te pidió permiso a ti para tenerte? No. ¿Te pidió permiso para volver a casarse? No. ¿Tú le tienes que pedir permiso para ser feliz??. Y ahí me cambió todo. Después, cuando conocí las primeras trans en Argentina, vi a la mujer espléndida que me gustaba como prototipo en una trans real. Sin almohadones en el cuerpo, sin maquillaje exagerado, quedé fascinada?
LA CONSTRUCCION
– ¿Cuándo fue el quiebre?
– Lo más difícil fue la adolescencia, porque estás descubriendo tu identidad y te miras en el espejo y no te identificas. Yo no actuaba como varón.
A mí de chiquita me gustaron los hombres, la orientación estaba definida. Pero en el pasaje al liceo, porque los mandatos sociales me decían que tenía que ser varón, de hecho me vestía como tal. Me cambié de la escuela pública al liceo Clara Jackson y fue cruel el cambio: tuve que simular, tener novias.
– ¿Y eso qué implicaba para vos, afectivamente?
– No me daba asquito ni nada, yo no tenía problema, de hecho la mujer me gusta en esencia. Pero me acuerdo que mamá tenía empleada y la puso a la empleada para que yo me la curtiera. ¡Es muy loco!
Después nos fuimos a Argentina con mi familia y me iban a poner en un colegio de chicos.
– ¿Cómo lo viviste?
– Por esas cosas del destino, dejé el pase internacional de estudios en un taxi; por ende, me tuve que quedar sin estudiar. Mi madre me rezongó, porque yo era muy torpe. Igual creo que, claro, ya me sentía un bicho raro, no porque lo fuera, sino por las circunstancias. Entonces primero me puse a trabajar en el negocio de mis viejos, un almacén y me deslumbré con Argentina, la amé. En realidad me hice allá: mis primeras hormonas las tomé con 15 años y allá conocí a mi primer amor.
– ¿Tus padres qué decían?
– Mi padre era re-homofóbico. Cuando venían y decían algo sobre la nena en el almacén, él enseguida saltaba: ¡no es nena, es varón! Y yo me sentía humillada. Entonces decidí trabajar por mi cuenta. Vi un cartel en una heladería a unas cuadras de casa, en Palermo, a los tres días estaba trabajando. A través de una trans que conocí en una comparsa de allá, tomé una hormona y a los tres meses tenía tetitas. Yo de atrevida, de inconsciente total; es todo un proceso, porque además estás en pleno crecimiento.
EL AMOR
– ¿Cómo fue que conociste a ese primer amor?
– Fui a un ensayo de la comparsa de barrio y ahí conocí a ese chico. Fue la primera vez que me quedé hasta las 6 de la mañana hablando sin ser abusada sexual o emocionalmente por un hombre, besándonos, en Palermo, bajo un árbol, hasta que amaneció. Yo me sentí tan feliz! A la mañana me dijo: ?¿Vamos al mediodía al Botánico??, que quedaba a diez cuadras de casa. Era amor evidentemente. Con él por primera vez me sentí amada por un tipo que no me usaba. Y ahí ya estaba María, y María batalló con todo. Una vez que yo me acepté, todo el mundo lo hizo; así vas construyendo tu identidad.
– Eso debe haber significado mucho para vos
– Sí, me di cuenta que el ?patito feo? podía ser amado y dije: ¡váyanse todos a la mierda! Ahí fue cuando mi tía me dijo que tenía que ser feliz y yo me fortalecí. Me escapé de casa y mi madre me encontró y me llevó de vuelta. En vez de echarme, bien mamá, dijo vos tenés una casa y vas a vivir aquí hasta que cumplas la mayoría de edad.
Le costó los primeros meses y creo que el primer año. Pero vio que yo tenía cierta luz. Vivíamos en Palermo viejo, ahora Palermo Hollywood y los vecinos se sentaban a tomar mate en la vereda. Yo pasaba por ahí y de un día para el otro me empezaron a llamar Roxana Lyon. Me vieron con el hincha de River de la mano y quedaron de cara, pero me doy cuenta que nunca tuve el rechazo de esa gente. Era más el rechazo de mi familia propia, de mis viejos, que del entorno. Así fue naciendo María Paz, aunque primero fue Roxana Lyon; el nombre era por una novela.
POCAS OPCIONES
– En cuanto al trabajo de la población trans, ¿es difícil optar por otras cosas que no sean el comercio sexual?
– Yo hace 25 años que soy una mujer diferente y antes no quedaba otra; hoy sigue siendo muy difícil insertarse en otro tipo de trabajos. Imagínate, sólo presentabas el documento con un sexo diferente al que aparentabas y ya estaba. Ahora el nuevo documento ayuda un poco…
– Pero implica una violencia agregada ¿no?
– Yo como ex cortesana te puedo asegurar que no es indigno. Indigno es que cuando me retiré del comercio sexual, hace 6 años atrás, pasé hambre durante un año. Eso fue indigno. Te baja la autoestima, no tenés para comer, para pagar los impuestos, entonces te genera más baja autoestima. No reivindico la actividad, pero lo entiendo. No es una buena opción porque el hombre te bastardea. Y a ninguna compañera le gusta estar parada en pleno invierno toda la noche de portaligas.
– La dominación está presente?
– Claro, el cliente aprovecha de la situación, vos en ese momento no sos persona, sos objeto. Ni hablar del abuso policial que había ni de los vecinos que te tiraban agua caliente. Ni hablar de que en Buenos Aires yo me comí calabozo por identidad de género, no por prostitución, porque hasta hace diez años por estar con vestimenta de mujer te comías 24 y 48 horas adentro. Por eso cuando me vienen a decir a mí ´tú no eres mujer´… Querido, querida: ¡yo tuve que hacer mucho para sostener mi identidad de género!
EL ACTIVISMO
– ¿Cómo fue este proceso de ir al juzgado, solicitar el cambio de nombre?
– Me removió muchas cosas. En realidad Diana (González, abogada) se ofreció a hacerlo porque trabajamos en el proyecto de ley de cambio de nombre con ella y con Margarita Percovich (ex senadora). Fue muy gratificante elaborar algo que tiene que ver con tu identidad, porque no lo pueden hacer expertos solos. Nos convocaron a nosotras para ver qué sentíamos, cómo queríamos llamarnos, por qué. Y llegamos a la conclusión de que nosotras somos felices con ser mujeres, mujeres diferentes. Sentirse mujer trasciende lo morfológico y supongo que participar del proyecto ayudó para que no fuera tan traumático.
– ¿Tuvieron dificultades?
– Sí. Fue traumático cuando tuvimos que transar y negociar, que salía, que no salía. Durante dos años estuvimos llevándoles el proyecto a los legisladores de todos los partidos, muchos directamente no lo leyeron. Escuché cada palabra? ?aberración? y otras. Hubo modificaciones que estuvieron mal, como sacar el cambio de nombre para las personas menores de edad, aunque si cambiaban de opinión podían rectificarlo. Eso particularmente me puso muy triste, porque que a un adolescente que está en la
secundaria y se llama Marta, le digan Pedro por su cédula, es horrible, y viceversa también. Además, me frustró mucho que la gente en general aceptaba el cambio de nombre y sexo registral, pero no el sistema político.
– Personalmente, ¿qué significa para vos el cambio de nombre en el documento?
– Yo no me di cuenta del cambio hasta que fui a cambiar el documento. Me presenté a audiencia, con toda mi onda, en personaje quizás. Ya todos respetaban mi identidad de género, porque recuerdo que en el Abitab por ejemplo ponían una A en mi nombre, en vez de una O. En El viejo almacén, cuando trabajaba, figuraba en planilla como María Paz. Con Omar Gutiérrez, trabajando en el espacio SOS María Paz, en los créditos era María Paz Gorostizaga. Eso me ayudó un poco, porque fue como una previa. Y en cinco meses salió la sentencia aprobada para cinco compañeras. Fue muy fuerte y aún me cuesta.
– Además has hecho un crecimiento a nivel laboral ¿no?
– Sí. Ahora estoy como asesora de vestuario, pero fui anfitriona de un boliche. Estuve trabajando en un hospital como empleada de servicio, me capacité como tal. Eso fue como integrante de la cooperativa Compromiso Social, donde ahora trabajan quince personas trans. Y siempre estoy buscando nuevas oportunidades. Participé de la campaña contra la violencia doméstica de Mujeres de Negro, representando a una mujer golpeada. También me contrataron para una publicidad de yogurt en Colombia, en la que representé a una mujer. Esas cosas ayudan mucho a integrarte.
LO QUE FALTA
– Si tuvieras que hacer un balance en cuanto a los derechos de la población trans en Uruguay, ¿qué dirías?
– Creo que hemos logrado muchísimo en cuanto a identidad de género. Tenemos las leyes, ahora hay que aplicarlas. Y tenemos que aprender a convivir con los demás, creo que los guetos de la propia comunidad LGTB a veces son muy fuertes.
Si las mujeres ya sufren un montón de desigualdades, más aún cualquier mujer diferente: negra, discapacitada, sin estudios. Se transversaliza la discriminación mal.
Compartí tu opinión con toda la comunidad