Solidaridad sin adjetivos

Las latinoamericanas, desde la República Dominicana, han conseguido movilizar esa solidaridad que debe existir entre mujeres que, como Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, comprendieron que sin la mitad del mundo no se puede construir la democracia y los millones de aquellas que encontraron en el 8 de marzo motivos para organizarse.

En la práctica, somos herederas de una lucha emprendida en la antigua Grecia por Lisístrata, que empezó una huelga de relaciones sexuales para que los hombres pusieran fin a las guerras. Ahora se levanta el movimiento que exige hacer efectiva la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre Mujer, Paz y Seguridad, que entre sus 18 puntos promueve la participación de las mujeres en los procesos de pacificación o arreglo de conflictos internos, donde no están consideradas.

La lucha de Lisístrata se vio reflejada en la Revolución Francesa: las mujeres parisienses que pedían «libertad, igualdad y fraternidad» marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino. Pero no fue sino hasta los primeros años del siglo XX cuando se comenzó a proclamar, desde diferentes organizaciones internacionales de izquierda, la celebración de una jornada de lucha específica por las mujeres y sus derechos.

 

LA REALIDAD DE LAS HAITIANAS

Este año, la conmemoración de esa larga travesía estará dedicada a las feministas emblemáticas que quedaron bajo los escombros en Haití: Myriam Merlet, jefa de Gabinete del Ministerio de la Condición Femenina y los Derechos de las Mujeres y fundadora de la Coordinadora Nacional para la Defensa de los Derechos de la Mujer; Myrna Narcisse, directora general del Ministerio de la Condición de la Mujer, así como Magalie Marcelin, fundadora de KayFamn y directora del refugio para víctimas de la violencia de género; Anne-Marie Coriolon, fundadora de Solidarité Fanm Ayisyen, uno de los mayores grupos de mujeres haitianas y la guatemalteca Mirna Patricia Rodas, que trabajaba en la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en el devastado país caribeño.

Y a quienes envían sus voces cada día, en montones de comunicados y testimonios, algunos recogidos por Bill Quigley de ?Counter Punch? y difundidos por el informativo Rebelión, a partir del reconocimiento de que hay 1,2 millones de personas que viven en ?asentamientos espontáneos? o campos para los carentes de vivienda alrededor de Puerto Príncipe y están a merced de las intensas lluvias.

Reproduzco aquí dos de esas voces haitinas:

– ?Me llamo Jean Dora, nací en 1939. Vivo en una plaza frente a la iglesia St. Pierre en Petionville (en las afueras de Puerto Príncipe). Estoy aquí con doce miembros de mi familia. Todos perdimos nuestro hogar. Tenemos una lámina de plástico verde para protegernos del sol. Colocamos algunas sábanas alrededor de nuestro espacio. Numerosos nietos pequeños viven aquí conmigo, mi hijo y mis hijas también viven aquí. Mi hija espera un niño para dentro de poco, irá a la carpa de la Cruz Roja cuando llegue la hora del nacimiento del bebé.

Trabajé para la Embajada China durante 36 años, limpiaba sus oficinas, me jubilé el 2007. Hasta el terremoto vivía en un apartamento con mi familia. El edificio resultó destruido.

En la noche ponemos un trozo de alfombra en el suelo, luego colocamos frazadas y tratamos de dormir. Cuando llueve entra el agua. En toda mi vida nunca he visto nada parecido, no estoy en condiciones de decir qué pasará ahora. Pienso que las cosas no cambiarán, pero espero que mejoren aunque no lo creo, el futuro no es claro, lo vemos oscuro?.

– ?Me llamo Nadege Dora, tengo 28 años, tres hijos y una hija. Espero un bebé para este mes. Ahora vivo en la plaza de Petionville con el resto de mi familia. Nuestra casa fue destruida, solía vender pan en la calle para ganar algo de dinero. El padre de los niños no nos ayuda, es como si no existiéramos para él, sólo tratamos de sobrevivir. Nadie trabaja en nuestra familia, no hay trabajo. Ahora mismo nos queda un poco de arroz, pero no tenemos aceite ni carne ni leche, sólo arroz. No tenemos dinero para comprar otros ingredientes. Desde el terremoto no he comido ni una sola comida normal?.

Esa realidad nos regresa cien años, precisamente a cuando Clara Zetkin llamó a realizar la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague y se proclamó el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La propuesta fue aprobada unánimemente por más de 100 mujeres procedentes de 17 países, entre ellas las tres primeras elegidas para integrar el parlamento finés.

 

EMERGENCIA Y FUTURO

La solidaridad con las mujeres haitianas tiene sentido de emergencia y sentido de futuro. Si no se logra trasmitir en esta jornada su importancia, nos vamos a perder en un inmenso mar de indiferencia.

Las latinoamericanas que convocó Sergia Galván y a las que se han sumado todas las líderes del movimiento institucional y no institucional del continente, también saben que Honduras primero y Haití hoy demandan más profundidad, y la urgente necesidad de comprender que el feminismo no es un modo de apreciarse individualmente sino de transformar el mundo.

El 8 de marzo de aquella Conferencia de 1910 tendrá cien años este 2010, también el año de los bicentenarios regionales, de la reafirmación de independencias que no nos incluyeron, de repensar el mundo, ese donde somos la mitad de la población.

Este grupo, ahora convocado por Ximena Machicao, recogerá los pasos de las haitianas que perdieron sus documentos, sus historias; se trata de reconstruir y aportar a esa historia que podría perderse. La lucha haitiana por construir mujeres plenas y mujeres con derechos desde que el país se hizo independiente; desde 1934, con la fundación de la Liga Femenina de Acción Social, que derivó en la lucha política pero que no pudo incidir en reivindicar los derechos económicos. Mujeres que vivieron la terrible dictadura; las que se asomaron al sol con la caída del dictador Duvalier y sus Ton Ton Macoute.

Haití nos ha vuelto a recordar de qué se trata la lucha, que está más allá de puestos de poder.

Ley———-

1———Miriam Merlet

2———-Malie Marcelin

3——–Anne Marie Coriolan

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