Cuando lo imposible es sentirse preciosa
La vida de la adolescente afroamericana Preciosa no puede ir peor: tiene 16 años, está embarazada por segunda vez de su padre, soporta los maltratos cotidianos de su madre y ya no la aceptan más en el sistema educativo donde, huelga decirlo, no ha aprendido nada. Estamos en Harlem, un barrio afro de Nueva York, en plena era Reagan ?los 80- donde se entrecruzan en ?el gueto? ignorancia, delincuencia, drogas, desempleo, malos tratos, abusos sexuales, violencia doméstica y un perverso Estado de bienestar que jamás se extralimita en su asistencialismo, anestesiado ante las múltiples caras de la desigualdad y la pobreza, tanto material como espiritual y mental.
Preciosa además es obesa ?su madre la incentiva a comer todo el tiempo frente a la pantalla del televisor- y ya tuvo una hija con síndrome de down a los 12 años, también de su propio progenitor, que cría su abuela en otro lugar. Su mundo cotidiano puede arrancar con un golpe, un insulto, la visita aterradora de un padre que sólo sabe violarla con el consentimiento de su madre -que por eso mismo la odia-pero jamás con una caricia o una palabra de aliento.
Frente a todo ese cúmulo de situaciones límite, desgarradoras, que desarman a cualquiera, la chica suele evadirse por el único lugar que le queda disponible: la imaginación. Se sueña linda, flaca, alta, rubia ?como en aquella novela, con novio y con una vida de glamour como la que suele ofrecerse por televisión. Nada más irreal que los sueños, una muy mala medicina si nos quedamos demasiado tiempo viviendo en ellos, pero nada más vital para que Preciosa aún quiera alejarse de todo lo que no puede evitar.
EMPUJAR HASTA QUERER(SE)
Le ofrecen una ?escuela alternativa? donde van otras como ella, despojadas de todo; donde no saber el alfabeto es lo de menos comparado con sus historias de vida. Sin embargo, es a través del lenguaje, del poder que da nombrar y decir con palabras, que Preciosa encontrará su camino y sabrá que tiene una voz propia.
Basada en la novela ?Push? (Empuja, Anagrama, 1999) de Sapphire, una escritora que vivió la experiencia de enseñar en estos contextos descorazonadores, la película es un compendio de malas acciones y elecciones que no sólo hacen los afroamericanos pobres que viven en Harlem. Aún a riesgo de que se convierta en un burdo estereotipo, es claro que los componentes étnicos juegan en contra para que se visualice como viven las personas situaciones que jamás deberían tolerarse y mucho menos aceptarse como ?normales?: abuso, maltrato, violencia.
Un final abierto, realista, no alivia nuestra conciencia -estas cosas no deberían pasar jamás- pero podemos sentir que han recuperado su voz, su dignidad, hasta llegar a sentirse dueñas de su propio destino. Y no es poca cosa.
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