Efectos diferenciales de la crisis en el ?mundo rico?
Mientras nuestro país transita la actual crisis económica planetaria sin demasiado sobresalto, el ?mundo rico? y, en especial, la potencia mundial que es Estados Unidos vive una impactante recesión considerada de igual o mayor magnitud que la de 1929.
Si ya pasó o todavía no, es una evaluación que admite más de una lectura. Pero si nos concentramos exclusivamente en el mercado laboral, la recesión ?considerada cronológicamente de diciembre 2007 a julio 2009, (última medición disponible)- arroja algunos resultados que no deberían sorprender: más mujeres han ingresado al mercado de trabajo estadounidense, mientras que el desempleo afecta en mayor cantidad a los hombres, dado que la industria y la construcción son los sectores más golpeados por la actual situación.
VIGENCIA DE LA BRECHA DE GÉNERO
En 1970, las mujeres eran el 43.8% de la población económicamente activa; en la actualidad alcanzan casi el 50% (49.8% a junio 2009).
Pero a pesar de esta ?paridad?, las mujeres no son la mitad de la clase trabajadora de todas las ramas de actividad. Los ?típicos trabajos femeninos? siguen siendo abrumadoramente los de secretarias asistente administrativa, cajera, enfermera, maestra, vendedora, moza, recepcionista y mucama. Esta segregación sexista del mercado laboral también explica por qué sigue existiendo la brecha de género y por qué las mujeres ganan, en promedio, el 78% de lo que gana un hombre haciendo ese mismo trabajo. Si además tomamos en cuenta lo racial, la brecha se dispara aún más: las afroamericanas ganan un 69% y las hispanas un 59% respecto a sus pares varones.
Un estudio realizado por la Asociación Americana de la Universidad de Mujeres (AAUW) de Estados Unidos, arroja resultados sobre los efectos de la brecha de género entre quienes alcanzan una graduación universitaria. Un año después del egreso, la mujer gana el 80% de lo que gana un profesional varón y en los siguientes 10 años esta diferencia se va ensanchando hasta caer al 69%. Lo que interpreta el estudio es que ?controlando las horas de trabajo, ocupación, paternidad/maternidad y otros factores asociados directamente a la paga salarial, las mujeres profesionales ganan menos que los hombres y no puede ser explicado exclusivamente por las `elecciones personales´ que hacen las mujeres?.
Cuando en 1963, bajo la presidencia de John F. Kennedy, las estadounidense lograron que se aprobara el Acta de Paga Equitativa (Equal Pay Act), una mujer ganaba promedialmente el 59% de lo que percibía, a trabajo de igual valor, un hombre. Quiere decir que en 46 años, la brecha de género bajó en 19 puntos (entre las mujeres blancas), pero persiste pese a todos los mecanismos legales y políticas públicas implementadas desde entonces.
La primera ley que firmó el actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al inaugurar su mandato en enero de 2008 fue el Acta Lilly Ledbetter de Restablecimiento del Pago Justo, para enmendar la discriminación salarial que sufrió esta mujer en su vida laboral en la empresa de neumáticos Goodyear. Al momento de jubilarse, la entonces supervisora Ledbetter, se enteró que en los últimos 15 años le habían pagado el 40% menos que a sus pares masculinos y presentó una demanda. Como tardó en hacerlo, su pedido fue rechazado hasta el momento de asumir el actual mandatario, quien decidió reparar la situación en un emotivo acto público.
¿CUÁL MITAD DEL MERCADO?
Hasta que comenzó la recesión, en Estados Unidos 7 de cada 10 hombres adultos tenía trabajo. Pero el 74% de los 6.4 millones de puestos de trabajo perdidos corresponde a empleos masculinos, 3 millones de los cuales se perdieron en la construcción y la industria manufacturera. Esto, entre otras cosas, significa que ahora hay 2 millones de mujeres trabajadoras cuyos esposos/compañeros están desempleados. Teniendo en cuenta siempre una situación promedio, en un hogar donde ambos cónyuges trabajan, la esposa aporta poco más del tercio de los ingresos (35.6%), por lo que los problemas económicos continúan en esos hogares y la situación dista mucho de parecerse a ?un logro equitativo?.
Además, con la pérdida de los empleos masculinos, no sólo ya no están los mayores ingresos en esos hogares, sino tampoco la cobertura de la salud familiar, de por sí ineficiente en ese país, más allá de que la actual administración está empeñada en reformarla.
Los únicos sectores donde ha crecido la oferta laboral son la salud, la educación y el empleo gubernamental, y allí están las mujeres reforzando la clásica feminización de estos empleos. Sólo el año pasado el gobierno empleó 69.000 trabajadoras; fundamentalmente, esto se dio a nivel de los gobiernos locales y la incorporación de más educadoras en los presupuestos federales.
Las mujeres están llegando cómodamente al 50% de la población económicamente activa, aunque no se prevé que se pueda mantener así cuando la economía se reactive y los hombres encuentren trabajo. Como sucedió al finalizar la Segunda Guerra Mundial, aunque en menor magnitud, algunas de estas mujeres que fueron empujadas a emplearse por la crisis volverán a casa o se conformarán con un ?empleo-complemento? (un part-time, por ejemplo).
El techo de cristal de las más calificadas
Aún cuando la fuerza de trabajo femenina alcanza cifras tan altas, sólo el 18% de las mujeres se encuentran en posiciones de liderazgo en los diez sectores de la economía estudiados: política, negocios, leyes, deportes, academia, periodismo, religión, cine/tv, militar y las organizaciones sin fines de lucro.
En política, de acuerdo a la Unión interparlamentaria, Estados Unidos se encuentra en el lugar 71 (de 189); en su actual legislatura hay un 17% de representación femenina, por detrás de Cuba, Emiratos Árabes o Pakistán.
De 500 compañías estudiadas, sólo en 15% de ellas se encuentran mujeres en las primeras posiciones, 16% en lugares intermedios corporativos y tan sólo un 3% en cargos ejecutivos (esta brecha se agiganta si además se introduce la variable ?raza?). Incluso en sectores como las ?organizaciones sin fines de lucro?, donde la feminización es evidente -75%- tan solo un 26% se encuentra en los cargos directivos/gerenciales.
?El color rosa a través del cual examinamos la categoría ´género´ en la fuerza de trabajo oculta una perversa realidad: las mujeres ?y en particular las afroamericanas- están muy lejos de alcanzar la paridad, tanto a nivel de participación como de inclusión en las posiciones de liderazgo. Hoy en día, contrariando al punto de vista más popular, el ideal cultural para las mujeres no se ha movido de ese `abrumador espacio neutro´ que recuerda permanentemente su rol impregnado de lo doméstico y la maternidad?, señala el ?Informe Benchmarks? recientemente dado a conocer desde la Casa Blanca.
?Nada me ha sorprendido más trabajando en el avance de las mujeres hacia posiciones de liderazgo que cómo miden los éxitos y los caminos ensayados las propias interesadas. Como me dijo una chica joven en una firma financiera: ´Ellos miran lo que tú haces aquí, si perciben que te involucras mucho con tus hijos entonces no te ven como una buena candidata para los cargos gerenciales. Pero si no te involucras lo suficiente quedas vista como una mala madre, entonces no eres confiable´. Una mujer más adulta agregó: ´Hay muchos niños a los que puedes dar amor, ve y encuéntralos. Pero si tu quieres triunfar aquí no tengas hijos propios?, contó Mary Wilson, funcionaria de la Casa Blanca.
Esas duras afirmaciones se respaldan con cifras: 52% de las mujeres ejecutivas no se ha casado y 61% no tiene hijos (contra 5% y 3% de hombres, respectivamente). De acuerdo al informe, estos números evidencian el rezago en materia de políticas estatales para proporcionar buenos cuidados infantiles (guarderías) a aquellas mujeres trabajadoras que desean seguir ascendiendo. Pero, naturalmente, el cambio cultural es una batalla todavía por dar en
el esquema occidental de nuestras sociedades, donde estos estereotipos de género se mantienen desproporcionadamente vigentes.
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