EL MACHISMO ENTRE LA O Y LA A
Los idiomas indoeuropeos, como el español y el italiano, distinguen entre el masculino y el femenino, a diferencia del inglés moderno, que carece de género gramatical.
«La discriminación lingüística de que son objeto las mujeres se realiza por múltiples cauces», asegura José Luis Aliaga Jiménez, profesor de lingüística de la española Universidad de Zaragoza. «La configuración y funcionamiento del género gramatical en idiomas como el español o el italiano quizá no sea el más importante, pero sí es el de mayor calado simbólico», plantea.
Cuando se trata de títulos de importancia, en italiano cabe la posibilidad de leer «il ministro Mara Carfagna», pese a que Carfagna es precisamente la ministra de Igualdad y es mujer. Por el contrario, en español no existe otra opción que ?ministra?.
«La mayoría de los países adoptaron recomendaciones para evitar el sexismo al referirse a las mujeres. También en Italia, en 1986, la presidencia difundió recomendaciones similares. Pero en lugar de tomarlas en serio y aplicarlas, fueron objeto de bromas y, finalmente, olvidadas», recuerda Angélica Mucchi-Faina,
«En contraste con lo ocurrido en otros países, en Italia no existe una regla general y cada uno puede elegir si utiliza neologismos como ?ministra? o el tradicional ?ministro? para las mujeres?, añade la docente.
La política Luisa Capelli, del partido L?Italia dei valori (La Italia de los valores), opina que «dejar atrás la supuesta neutralidad universal de la forma masculina es un paso esencial para que se respete la experiencia femenina».
«No es verdad que esas formas femeninas (para los cargos de poder) no existan en italiano: abundan los ejemplos de feministas, lingüistas y semiólogos que realizaron varias propuestas?, puntualiza Capella.
«Se puede decir ‘avvocata’ (abogada) y ‘ministra’, pero nadie lo hace. Aunque muchos de nosotros utilizamos esas palabras, se nos ignora. Cambiar el orden simbólico es un trabajo arduo que requiere un consenso basado en convicciones profundas de la gente», afirma.
UN PROBLEMA INTERNACIONAL
El sexismo en el lenguaje fue identificado como un problema internacional durante la primera conferencia mundial sobre la condición de la mujer, celebrada en México en 1975, y que dio paso a numerosas propuestas y recomendaciones posteriores.
En 1989, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) publicó el folleto ?Recomendaciones para un uso no sexista del lenguaje?, con el objetivo de ayudar a «autores y editores a evitar escribir de una manera que refuerce actitudes y supuestos cuestionables sobre las personas y los roles sexuales?.
A partir de la década de 1980, España e Italia tomaron rumbos distintos.
El ?Manual de lenguaje administrativo no sexista?, publicado por la Asociación de Estudios Históricos de la Mujer de la española Universidad de Málaga resume el sentir común.
«La lengua evoluciona en cada época para responder a las necesidades de la comunidad que la utiliza, de ahí que en una sociedad como la nuestra, en la que se demanda una mayor igualdad entre los sexos, la lengua, como producto social, no solo ha de reflejar esa igualdad, sino de contribuir a ella», señala.
Sin embargo, aunque el femenino se generalizó para los títulos de importancia, el español no ha eliminado la discriminación del idioma.
El tema en apariencia aburrido de los títulos en femenino ocupó espacio destacado en los medios de España recientemente, cuando la ministra de Igualdad, Bibiana Aido, utilizó la palabra ?miembra?. ¿Por qué tanto alboroto? Es que la palabra no existe oficialmente. Aún.
«En la mayoría de sustantivos referidos a personas -dice Aliaga Jiménez- existe una correlación entre el género gramatical y el significado referencial ?sexo?. Se trata de una correlación culturalmente significativa?.
«Todo sustantivo referido a personas contará con variación de género, más tarde o más temprano. Es en este contexto donde hay que ubicar la aparición de palabras como ?miembra? o ?testiga?, en las que se ha interpretado la terminación ?a? como propia de un sustantivo femenino, de acuerdo con la regla más común en español», explica.
Miembro y testigo son actualmente dos excepciones a esta la regla y no tienen variación femenina aceptada académicamente.
«Quienes no poseen conocimientos de la historia de la lengua son quienes se indignan con la aparición de neologismos, cuando aceptan sin problemas muchas otras palabras que escandalizaron a sus antepasados -señala el profesor- La idea de que los cambios en el idioma son para peor no tiene ningún fundamento lingüístico».
Para Irene Giacobbe, de la asociación feminista italiana Power Gender, la diferencia con España es que en ese país «ha habido una postura clara y una reacción positiva del gobierno de (José Luis Rodríguez) Zapatero?. ?Nosotros llegamos tarde a todo?, sostiene la activista.
«Italia modificó las leyes sobre la familia en los años 70. La ley fascista que consideró la violación una agresión moral y no un delito contra la persona, recién se modificó en 1996. Este es un país en el cual la fobia histórica contra las mujeres se ha enmascarado con una gran atención a la madre, y hace falta mucho para retirarla?, opina Giacobbe.
SE NECESITAN MAS MUJERES EN EL PODER
¿Qué se necesita, entonces?
«El problema es la escasez de mujeres en cargos de poder -agrega la activista- Este es un país con uno de los índices más bajos de mujeres en la dirección de empresas y en el parlamento. Las niñas y los niños creen que son iguales mientras estudian. Descubren la diferencia cuando ingresan al mundo del trabajo?.
«Las jóvenes descubren que incluso cuando se gradúan con mejores calificaciones y en menor tiempo que sus colegas hombres, el sistema no las recompensa. Todo eso ha sido estudiado y analizado. Pero aún no fue integrado al debate público», se lamenta Giacobbe. (IPS)
Histórico: dos mujeres compiten por la IMM
Los gobiernos departamentales tienen una historia hipermasculinizada. En rigor de verdad, coherente con la persistentemente escasa representación política femenina, pero todavía más extrema.
Con el único antecedente en Montevideo de la elección de Alba Roballo como integrante del Consejo Departamental, organismo colegiado que sustituyó la figura del intendente entre 1954 y 1959 y, tanto en la capital como en otros departamentos del país, de interinatos ejercidos por ausencia de los varones titulares, no ha habido intendentas en Uruguay. Un caso de interinato recientemente concretado es la asunción de la arquitecta Helena Hainzen como intendenta del Departamento de Paysandú, para completar el mandato de Julio Pintos Ruiz, quien dimitiera para postularse a la reelección en ese ejecutivo comunal.
Por eso llama la atención que para mayo de 2010 se postulen dos mujeres en Montevideo: Ana Olivera candidata única del Frente Amplio con serias posibilidades de acceder al cargo y Ana Lía Piñeyrúa por el Partido Nacional ( Unión Nacional)
La notoria particularidad -por defecto que no por derecho- fue reconocida por el presidente electo al saludar la proclamación de Ana Olivera. ?Parece que vamos a tener una señora intendenta, lo que no es poco en un país machista como este?, dijo José Mujica.
Compartí tu opinión con toda la comunidad