Margaret Randall: Estados Unidos o la caída de Roma
Margaret Randall considera que su país está viviendo un verdadero retroceso en la lucha feminista y manifiesta una ?profunda decepción? con la actual presidencia de Barack Obama en quien, tanto ella como muchas organizaciones feministas, depositaron esperanzas de cambio que casi un año después se han desvanecido.
Durante una breve presentación introductoria, en el encuentro promovido por la Red Temática de Estudios de Género de la Universidad de la República, Randall se refirió particularmente a los recortes presupuestales para financiar abortos anunciados en la reforma de la salud recientemente votada en su país. ?Los años de presidencia de George Bush le han hecho mucho daño a la nación?, dijo, asegurando que el aborto legal, vigente en Estados Unidos desde 1973, viene ?perdiéndose? con medidas restrictivas de todo tipo desde los 90 a la fecha.
Para Randall, el feminismo es una cuestión de distribución del poder donde la inclusión de la mujer en el espacio público sigue sin lograrse cabalmente aún en aquellos países donde se han llevado a cabo revoluciones -como la cubana o la sandinista en Nicaragua, ambas vividas muy intensamente in situ por la escritora? ya que estos temas tampoco se resuelven, ?quedando siempre para después?.
La existencia de, por un lado, un discurso pos feminista que no reconoce la lucha de las generaciones pasadas del feminismo estadounidense ?aunque disfruta de sus logros? y, por otro, el avance de un fundamentalismo cristiano que ha prendido en los sectores más retrógrados y conservadores de su país, no permite seguir avanzando en el terreno ideológico y político. Sumados a la gran crisis económica imperante y a que no se han detenido los envíos de tropas a Afganistán o a Irak, la espiral de violencia y conflictividad social interna no ha parado de crecer.
La llamada ?guerra preventiva? con la que Bush embarcó a la nación en la cruzada ?contra el eje del mal?, ha llevado a un llamativo incremento en los índices de violencia en la población. Randall cree que los altos índices de suicidios entre las tropas que regresan de las guerras así como los homicidios y episodios de violencia doméstica están ligados a este fenómeno. ?A veces pienso en mi país igual que si fuera la caída de Roma?, vaticina apocalíptica.
TODAS JUNTAS Y TAMBIÉN SEPARADAS
Consultada por Valeria Rubino, representante del colectivo Ovejas Negras, respecto al movimiento por la diversidad sexual y, en particular, sobre las luchas pro identidad de las lesbianas dentro del feminismo, Randall se refirió a que hay momentos históricos que exigen ser más separatistas que otros como una forma de afirmación de la identidad y para exigir una postura política que las reconozca y les de fuerza inclusiva. En ese sentido, recordó que en su país hubo mucha discriminación hacia las lesbianas dentro del propio movimiento feminista, y que fue en la década del 70 que se logró una mayor visibilidad y compromiso con el tema. ?Pero lo ideal no es que yo me tenga que definir como lesbiana como una toma de posición política exclusiva?, afirmó, porque de ese modo tampoco se logra la integración frente a las identidades múltiples inherentes a cada ciudadano/a.
Actualmente en Estados Unidos existen bastantes problemas con la vigencia de los matrimonios gay en lo civil, un derecho que ha tenido algunos traspiés en los últimos tiempos. Al no ser reconocido federalmente sino peleado en cada uno de los estados, los avances y retrocesos presentan diferencias. Entre 2004 y 2009, cinco estados han reconocido la legalidad de la unión: Connecticut, Massachusetts, Iowa, Vermont y Maine. En el caso de California, un estado donde esta lucha ha sido emblemática desde los 70, ha perdido su legalidad en un peleado referéndum conocido como ?la proposición 8? (enmienda para prohibir el matrimonio homosexual) el 4 de noviembre de 2008, cuando el 53.5% de la población votó porque la Constitución de California invalide este tipo de uniones desde entonces, contra la posición contraria del 47.5%. Hawai, Nueva Jersey, Maryland y Colorado han creado uniones legales para parejas del mismo sexo que ofrecen sólo algunos de los derechos y las responsabilidades del matrimonio, con lo que el panorama es muy heterogéneo y, por cierto, nada universalista. ?Para mí todo se reduce a una cuestión de derechos humanos?, sintetiza Randall.
CUANDO LAS PALABRAS PIERDEN SU SIGNIFICADO
En el mundo académico, Randall cree seguir detectando problemas de inserción para la teoría feminista aunque nadie puede desconocer los avances en ese terreno, por ejemplo en las estructuras universitarias que comenzaron como ?estudios de la mujer?, áreas, departamentos muy acotados y hoy son institutos de estudios de género. Pero el vínculo entre la acción política y la teoría todavía le parece que están en el debe y forma parte de la gran crisis política que dice constatar en su país. ?Hay un estancamiento?, lamenta.
Consultada por algunas de las académicas presentes, se manifestó a favor de las acciones positivas en este terreno, porque si las mujeres no avanzan en las estructuras de poder del mundo académico se debe a las mismas razones por las que no avanza en el mundo político, que es la falta de distribución equitativa de las tareas comprendidas en la esfera familiar/privada/doméstica, todavía ?naturalmente? asignables al sexo femenino. ?Yo te ayudo? sigue siendo, en el mejor de los casos, el apoyo con el que cuentan las mujeres -sean académicas o no- para moverse en el mundo cotidiano, y esto les impide proyectarse en puestos y cargos de mayor jerarquía.
?Las palabras han perdido su significado original? a juicio de Randall, haciendo que se desvirtúen también las luchas sociales que deberían aparecer detrás de los conceptos. Ironizó con los usos y abusos de palabras como ?revolución?, tantas veces utilizado en el mundo publicitario-mercantil de hoy: ?si comprás tal auto, tal o cual marca de ropa o celular sos un revolucionario?. Perversamente, el sistema toma aquello que alguna vez rechazó para darle su propio uso y eso también ha pasado con muchas de las consignas del feminismo, haciendo que el/la ciudadano/a esté mal informado o, peor aún, que no se interese por los verdaderos asuntos de fondo que no pasan ni pueden reducirse a la ley de la oferta y la demanda.
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