No se puede terminar este año electoral sin hacer referencia a que tres mujeres de las que más batallaron por los derechos de todas nosotras, que fundaron e impulsaron la Bancada Femenina, por diversas (¿diversas?) razones no estarán en el Parlamento. Me refiero a Beatriz Argimón, Margarita Percovich y Glenda Rondán.
Esta situación me indigna de tal manera que, quebrando mi promesa de años sobre no militar, no investigar y no opinar más sobre política (salvo la excepción de alguna agencia noticiosa extranjera), por considerar la forma de funcionamiento partidario una ?máquina de picar carne?; quiero hacer oír mi voz porque esa máquina ?pica? especialmente a las mujeres y, dentro de las mujeres, más aún a las que se ocupan de ?los temas de la mujeres?.
No me importa que Margarita se haya agotado de luchar contra las contradicciones, que esas contradicciones le hayan ganado la batalla a Glenda hace rato en su partido y más recientemente a Beatriz en el suyo. Como socióloga, hago la lectura más allá de la anécdota y la circunstancia: las tres están pagando el precio de poner en evidencia una situación que se expresa en ser el ?segundo país? (por la negativa obvio) en América Latina que peor remunera a sus mujeres y cuya evidencia más dramática es la muerte de una mujer cada 9 días a manos de un hombre con el cual mantuvo o mantiene alguna relación.
Solamente mi solidaridad, mi hermandad con esas tres mujeres, con todas las diferencias que pueda tener con cada una de ellas y mi profunda, enorme compasión por los hombres políticos, de todas las ideologías, que se siguen perdiendo reconocer a la mitad del país.
(*) Socióloga Teresa Herrera
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