SEXO A LA CARTA

Quería comentarte algo que me interesó mucho y que leí, días atrás, en este medio de comunicación.

Me refiero al ?viagra femenino?, tan esperado por todas las mujeres que, de una manera u otra, tenemos algún tipo de problemas con la falta de apetito sexual.

Tengo entendido que se trata de una droga llamada ?flibanserina?, que todavía está a nivel experimental.

¿Qué esperanzas concretas hay de que pronto llegue al Uruguay? ¿Qué otro tipo de información tienes al respecto? Admiro y valoro mucho tu trabajo.

 

Hace ya tiempo, casi simultáneamente a la aparición del sildenafil (viagra, maxfil, plenovit, etc.), y cada tanto sale alguna nueva propuesta que se dice similar pero para la mujer, que no vemos en el mercado porque no pasa las pruebas requeridas para ser vendida como tal.(Un ejemplo fue el arginine de aplicación sobre los genitales, como una crema).

El tema es que tampoco el sildenafil aporta deseo sexual al varón, sólo funciona si lo tiene antes de tomarlo y si el partenaire (ya sea mujer o varón) le provoca estímulos directos sobre sus genitales (pueden ser masajes o sexo oral), pues lo que hace es facilitar el acceso de sangre hacia el pene, nada más. O sea, lo ayuda a lograr la rigidez necesaria para la penetración, pero no cambia sus sentimientos.

En el año 2000 aproximadamente, vino al Uruguay una droga que se promovió como provocadora del deseo sexual, aunque no gustara el o la partenaire (clorhidrato de apomorfina con el nombre comercial de uprima) pero el costo era tan alto que dejó de venderse aquí, puede ser que se consiga en otros países. Dado que estuvo poco tiempo en nuestro medio no se pudo saber si, pasados los efectos ?placebo?, realmente producía el resultado prometido ni tampoco sus efectos secundarios, salvo lo que decía en su prospecto. Tampoco se aconsejaba para mujeres.

Llamamos «placebos» a diferentes elementos que tomados o usados con fe, producen el efecto deseado al menos por un tiempo. Es así que el agua de Querétaro (México) hizo milagros realmente, durante un tiempo, en especial cuando toda la familia se ponía en gastos para traer una botella a alguien enfermo en la familia. Pero no era el agua la que curaba, era la fe con que se tomaba. Hay muchos estudios sobre este efecto placebo, como darle a alguien una pastilla cualquiera diciéndole que es una aspirina y resultándole un analgésico porque lo tomó con fe de que le iba a producir ese efecto.

El deseo sexual puede venir a una persona que crea que toma algo para ello, así sea una sacarina o una pastilla de talco, pero en realidad no sería porque la pastilla actuara mágicamente produciéndolo, sino que por autosugestión surtiría ese efecto.

Hay varias razones que sí aportan deseo sexual y que están fundamentalmente en nuestro cerebro, que es el órgano sexual por excelencia y te voy a mencionar algunas, sin que el orden indique prioridad:

– el recuerdo de una relación sexual gratificante es fundamental, pues sabemos -o más bien creemos- que ese encuentro nos va a producir placer nuevamente y nuestra idea positiva hacia esta u otra actividad va a incidir en que así sea. Si, por el contrario, la última vez no nos gustó- y peor aún si fueron varias las veces en que quedamos desconformes- las «ganas» de hacer una nueva prueba cada vez serán menores, con esa persona al menos, pues anticiparemos mentalmente que no vale la pena y posiblemente así sea. Puede ser que con otra surja el interés por probar algo diferente o nuevo y sobre todo para confirmar que no somos él o la culpable de los fracasos anteriores. Y quizá sea así, pues nuestra idea es positiva al encarar este nuevo vínculo y también tendrá su peso en nosotros.

– la armonía con la persona con la que tenemos oportunidad de tener el encuentro. Es necesario que nos atraiga sexualmente, que no haya elementos que distorsionen ese entusiasmo, como ser su aseo personal (barba, notoria ausencia de higiene, mal aliento, ropa que nos desagrada, perfume excesivo o algún otro elemento que no nos gusta, etc.), pero fundamentalmente es importante sentir que estamos en buena onda los dos, que no hay enojos o molestias ni rencores previos (no sirve el pretender arreglar conflictos en la cama, por lo general, siempre hay excepciones), que la otra parte desea y valora el estar juntos.

– la situación en que se mantienen las relaciones o el contexto. Es muy diferente si se está de vacaciones, con todo el tiempo del mundo, en un hotel donde tenemos todo solucionado, que si se deben realizar un montón de tareas pocos minutos después o si se está cansado por el trabajo realizado anteriormente. No es lo mismo si se tiene la intimidad necesaria, que si hay otras personas a pocos metros que pueden interrumpirnos. Sin embargo, es sabido que el peligro de ser descubiertos en algunas personas sirve de estímulo, pero no es lo habitual.

También incide la temperatura ambiente: el excesivo frío o calor del lugar puede disuadir, mientras que un clima agradable puede colaborar en sentirse cómodo/a y poder distenderse para disfrutar de otra forma de la situación.

– lo económico: en muchas personas el deseo se relaciona con estar bien económicamente, con haber recibido un buen regalo de la pareja, con un logro personal, ya sea a nivel laboral como de estudio o azar y por lo mismo sentirse optimista con respecto al futuro. Lo contario también incide negativamente, lógicamente.

Seguramente a ti se te ocurrirán muchas otras cosas que estimulan el deseo sexual, y también que lo inhiben.

Gracias por la valoración que haces de mi trabajo.

La psicóloga y sexóloga Soledad Márquez contestará, a través de esta columna, las preguntas que se le dirijan al teléfono 908 4510, al e-mail [email protected] o a la redacción de La República de las Mujeres (Avda. Garibaldi 2579, Montevideo). No responde preguntas hechas a su celular.

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