Con ojos de mujer

Entre el 2 y el 6 de diciembre pasados, el ?Colectivo Ojos de Mujer? llevó a cabo el II Festival internacional de cine en tres lugares bien disímiles de la ciudad: el Ateneo de Montevideo (Plaza Cagancha), el Centro Cultural Dodecá (Carrasco) y la Federación de Obreros de la Industria de la Carne (Foica) en el Cerro. La propuesta incluyó la exhibición de otras expresiones artísticas visuales, así como paneles de reflexión respecto a la construcción de la subjetividad y los estereotipos de género en el séptimo arte.

Imposibilitadas de dar cobertura a todo el festival ?incluía exhibiciones en simultáneo en distintos puntos de la ciudad- sí podemos dar cuenta de algunas de las cosas que sucedieron en el Ateneo de Montevideo.

La presencia de las artes visuales podía notarse ya desde los escalones de tan emblemático edificio, donde una intervención desplegaba una multitud de ojos en blanco y negro que parecían mirar en todo momento como un panóptico insoslayable.

La muestra colocada en el hall, estuvo a cargo del Taller Musso ?Arte y género? del Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes (Universidad de la República). Allí se podían ver técnicas y temáticas muy diversas casi siempre centradas en el cuerpo femenino, epicentro de tantas batallas, las más de las veces morales y por eso mismo perdidas a lo largo del tiempo pero hábilmente rescatadas por la mirada del arte urbano contemporáneo. Óleos, fotografías, collage, grabados en madera, una instalación con materiales reciclables que proponía una mujer exhibiendo transistores en su cuello, un muy particular ?Mujeres su-Fridas? que recordaba el cuadro ?Las dos Fridas? de Frida Kahlo, formaban parte de la exhibición.

Tanto los cortos como las películas exhibidas tuvieron la particularidad de estar realizados por mujeres, abarcando temáticas muy diferentes: desde el fundamentalismo islámico hasta las dictaduras y las resistencias latinoamericanas más recientes. También se ofreció una retrospectiva de cortos de la realizadora francesa Agnés Varda, y para el cierre del festival, la participación del grupo de narrativa oral ?Pipoka cuenteros? y la actuación en vivo de ?La dulce?.

 

MUJERES MULTIFUNCIÓN

Es sabido que nuestro país, poco a poco, ha ido desarrollando toda una producción audiovisual ?publicidad, cortos, documentales, películas- dignos de elogios, premios y la aparición de una todavía incipiente pero sostenida industria/producción nacional. Un panel de mujeres realizadoras muy jóvenes dio cuenta de esto a la hora de reflexionar sobre una supuesta sensibilidad femenina presente -o no- en todo el armado audiovisual de esta expresión artística cautivadora de masas por excelencia en el mundo de hoy.

La antropóloga y documentalista neoyorkina Rachel Lears -también música y compositora en una banda- es la joven realizadora de ?Aves de paso?, un documental uruguayo que sigue de cerca las vicisitudes de dos cantores provenientes del interior del país -Salto y Artigas- que sueñan con poder llegar a grabar su primer trabajo. Lears considera que las mujeres suelen saber trabajar en equipo mejor que nadie y para ello recurrió a la imagen arquetípica de la madre que sabe hacer de todo un poco. Advirtió a los realizadores que no hay nada como saber desempeñarse en todas las partes que hacen a una producción audiovisual (manejo de cámara, edición, diagramación, audio más todo lo técnico) y saber crear redes sociales para encontrar los recursos y la colaboración necesaria.

La uruguaya Belén Baptista, coautora del interesante corto ?Ya pasó todo? ?donde se plantean los dilemas de la vivencia del aborto en dos jóvenes de muy diferente condición económica- considera que el enfoque, tanto desde lo teórico como en lo técnico-práctico de la Escuela de Cine Dodecá es el de una formación colectiva para que todos participen del proceso creativo en cada instancia, por lo que la multifunción simplemente se asume como lo más natural del mundo.

La realizadora Ana Cecilia Pacheco, brasileña radicada en nuestro país y docente de la Licenciatura en Comunicación de la Universidad Católica (Ucudal) presentó en el festival el corto ?Aguardiente? y el video instalación ?Tatuajes invisibles?. Ella considera que, si existe discriminación de género o repetición de estereotipos en el set, tanto de ficción como de publicidad, viene por el lado de la adjudicación de roles. A título de constatación personal, observa que no hay mujeres camarógrafas, directoras de fotografía o integrando los equipos técnicos. En cambio sí las ve como asistentes de dirección, ?hiperorganizadas y súper dinámicas? o como productoras.

 

SIN NECESIDAD DE REIVINDICAR

El mundo de la subjetividad puede llevar a sentirnos identificados con protagonistas masculinos ?sobre todo si no aparecen sus pares femeninas- pero el panel consideró que ya no hay necesidad de hacer esa reivindicación porque felizmente la diversidad, los cambios de los estereotipos y roles de género han llegado a la pantalla grande.

?Gracias a que hubo un movimiento feminista, yo no tengo que reivindicar eso ahora?, afirmó Pacheco cuando relató como fue el proceso creativo de ?Aguardiente?, un corto que muestra una mujer que al terminar una relación afectiva decide ir a un bar y emborracharse para ?ahogar las penas de amor?. Todavía puede parecer rara la idea de una mujer sola acudiendo a un bar ?enseguida recordé a Delmira Agustini cuando hace casi un siglo se quejaba de no poder sentarse libremente en un café por motus propio sin que nadie la acosara-. Impresionada por el entorno que me rodeaba -el Ateneo, lugar donde las sufragistas, de la mano de Paulina Luisi, se reunían periódicamente para ver cómo organizarse mejor en pos de los derechos femeninos (también de esto hace casi un siglo), traté de creer que efectivamente es una conquista más de las definitivamente superadas. Sin embargo, al mirar ?Barakat?, una de las películas del festival, en medio del ascendente fundamentalismo en la otrora rebelde e independentista Argelia, la escena en que las dos mujeres protagonistas entran a un bar y son tratadas abiertamente de ?prostitutas?, me provocó la misma sensación de injusticia que occidente ?superó? con innumerables mecanismos más sutiles ?pero sumamente eficaces- de discriminación que hacen que no se vea ?lo que ya no existe?.

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