SEXO A LA CARTA
Si bien hace sólo cuatro años que estamos casados, últimamente he notado que mi mujer no quiere tener relaciones con la frecuencia que acostumbrábamos cuando comenzamos a tenerlas. Eso me tiene preocupado, pues no quiero pensar que sea porque está teniéndolas con otro. ¿Podrías recomendarme algo para solucionar esto o decirme al menos a qué puede deberse su desinterés?
No me dices si viven solos, si tienen hijos ni tampoco si hubo cambio de actividades últimamente por parte de alguno de los dos o si hay algún problema en concreto que pueda estar incidiendo, por lo que mi respuesta irá sobre las generalidades de todo lo que puede ser causa de falta de deseo sexual en tu mujer.
Se calcula que más del 50% de los matrimonios tienen problemas sexuales, que pueden ir desde los desacuerdos a las disfunciones, y no siempre aparecen enseguida sino que van surgiendo con el tiempo de convivencia.
Algunas de sus causas pueden ser:
– Desinformación: en muchas parejas los problemas se suscitan por la falta de conocimientos acerca de la actividad sexual, desconocimiento del propio cuerpo y sus reacciones, así como también el de la otra persona. La respuesta sexual de cada sexo es diferente y la mujer requiere del doble de tiempo para excitarse (llenar sus genitales de sangre) que el varón y así disfrutar adecuadamente del encuentro sexual. Muchas veces el varón no tiene esto en cuenta y la mujer siente que la relación fue para placer exclusivo de su pareja.
– El cansancio y la falta de tiempo: el intercambio sexual exige energía física y mental. Requiere de una actitud relajada, que no esté pendiente de la hora. Tampoco es bueno que se reserve sólo para el horario de acostarse, cuando las actividades del día quizás hayan sido agotadoras. (El horario mejor es después de haber descansado un mínimo de 4 horas y sabiendo que no hay un compromiso inmediatamente después).
– Los hijos: la atención que los mismos requieren, la reducción de la privacidad de la pareja desde que nacen y por lo tanto la espontaneidad del acto sexual, requiere de adaptación a la nueva situación. Ya no se cierra la puerta por si alguno de los niños llora, tose o llama, no lográndose la misma concentración que antes.
– Rutina: ya no es necesario buscar el lugar más romántico, se tiene una cama común, no surgen ideas nuevas, el juego que precede al acto sexual se reduce o se pierde. Ya no se busca conquistar al otro/a y se emplea poco tiempo en el atuendo personal, en la higiene previa (afeitado, perfumes, ropas, etc.). El mal aliento, el olor a transpiración pueden ser disuasores del deseo sexual.
– Intromisión de los medios masivos de comunicación: bombardeo de imágenes, de actitudes, de prácticas que generan falsos conceptos sobre la vivencia de la sexualidad compartida. Las películas ?porno? hacen creer que determinadas posiciones o situaciones son placenteras, o que es necesario un gran tamaño de pene o que la mujer tiene que llegar rápidamente al orgasmo, etc. etc., y no se tiene en cuenta tanto las necesidades de la pareja que se tiene al lado sino lo que se supone que debe ser, de acuerdo a lo que allí se transmite.
– Causas físicas: con el tiempo, comienzan a surgir cambios corporales y problemas de salud que no siempre son fáciles de asumir por la propia persona y/o por su pareja.
– Bloqueos psicológicos: las discrepancias entre los dos integrantes de la pareja, sus conflictos, se llevan a la relación sexual, generando disfunciones tales como la falta de deseo o de orgasmo en la mujer y la consiguiente sensación de que no vale la pena. La falta de comunicación entre ambos, en ese momento, sobre lo que están sintiendo o en su defecto el análisis posterior de lo vivido, hacen que cada uno se sienta solo ante la dificultad que se le presentó o la molestia para que la relación sea gratificante. Desconfianza de la sinceridad y fidelidad de la otra parte, que no se hablan pero se manifiestan en actitudes. Preocupaciones comunes sobre la casa, el trabajo, la economía, pueden causar interferencias en el momento de hacer el amor, por no haberse resuelto y estar latentes.
¿Qué puedes hacer entonces? Lo primero es tomar conciencia de lo que está sucediendo entre ambos. Luego conversarlo y ver posibles soluciones para cambiar lo que deduzcan que está perjudicando a la pareja. A continuación, buscar hacer acuerdos en función del bienestar de los dos, no sólo de una de las partes. De no lograrlo, pienso que lo mejor sería concurrir cuanto antes a un/a psicólogo/a-sexólogo/a para que los ayude, ya sea a reencontrar los elementos que los unían y despertaban el deseo sexual de los primeros tiempos o a enriquecer las relaciones sexuales para salir de lo rutinario.
La psicóloga y sexóloga Soledad Márquez contestará, a través de esta columna, las preguntas que se le dirijan al teléfono 908 4510, al e-mail [email protected] o a la redacción de La República de las Mujeres (Avda. Garibaldi 2579, Montevideo). No responde preguntas hechas a su celular.
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