Inclusión denegada
La historia personal -genuina o ficcionada- empleada como vehículo para exponer realidades sociales sobre cuya inequidad hay que llamar la atención, podría decirse que es el marco en el que se desarrolla el monólogo ?Estigma: informe sobre una verdad y una mentira? que, con dirección de Verónica Linardi y Cristophe Bauzet, representó la actriz Natalia Lampach en el Centro Cultural de España el pasado 21 de noviembre. Habla de la dificultad para incluir la diversidad, concretamente la de las personas con capacidades diferentes, en las que coinciden la joven representada y su representadora: veinteañeras nacidas con síndrome de Dawn.
A modo de homenaje al Día Universal del Niño, el Centro Cultural de España puso en escena ?Estigma: informe sobre una verdad y una mentira?, de la escritora y docente Silvia Prida, que plantea un tema del que se habla poco y menos desde la óptica de los derechos humanos.
El deseo de una joven con síndrome de Dawn de realizar su vocación de actriz confronta con una sociedad hostil, que la excluye por no encajar en el modelo conforme al cual se ha estructurado.
Desde una escena despojada, con sólo una puerta representativa de todas las que se cierran a la diferencia, y una silla que será el punto de referencia para dirigirse al público de un supuesto foro, Natalia Lampach cuenta la historia de Fernanda Magariños que, más allá de los detalles, se superpone con la suya propia. Miedo, ignorancia, prejuicios, ilusiones, deseos, frustraciones, impotencia, desfilan sin solución de continuidad, en un increscendo que estalla en el reclamo del derecho a ser quien se quiere ser, más allá de la dotación de capacidades con las que se llegue al mundo.
Desde los fríos diagnósticos que siguen al suceso inesperado del alumbramiento de una niña con síndrome de Dawn -sentenciosos de un futuro desalentador y sin alternativas- pasando por la incapacidad del sistema educativo para integrar su diferencia, hasta la negación de su afectividad y sexualidad, el tránsito por la infancia, adolescencia y juventud aparecen signados por obstáculos que remiten a rechazo e intolerancia.
Excepción a la regla son la inquebrantable voluntad familiar de ampliar sus posibilidades, estimulando a la niña desde temprano, así como la empatía de algunas (pocas) instituciones y maestras dispuestas a respetar lo que puede y lo que quiere. Pero son excepciones, que como tales confirman la regla y no alcanzan para evitarle frustraciones.
Colocada en el lugar de los que no pueden, ?del otro lado de la barrera? como dice la protagonista, el alegato procura mostrar que ser distinto no es igual a ser menos y que todos los humanos tienen derechos.
Mosaico de inequidades mostradas de a ratos con humor y en otros con verdadero desgarro, ?Estigma?? es una denuncia sin atenuantes de todos los derechos que se le niegan a diario a quienes no encajan en el modelo, comenzando por su invisibilización como seres con derechos.
Presentada en la agenda del CCE como ?Teatro para docentes y educadores?, entre el público que asistió a la función del 21 de noviembre pasado, hubo un numeroso grupo de niños, niñas y adolescentes del Centro de educación alternativa Gira Luna, una organización no gubernamental que desde hace 20 años trabaja en Nuevo París, atendiendo actualmente a ciento veinte de ellos. Acompañados por sus docentes, atendieron la dramatización de Natalia Lampach, tal vez asomándose por primera vez a realidades de las que ni siquiera habían oído hablar.
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