Zelia a todo pétalo
Acostumbrada a andar siempre descalza entre los senderos del vivero de su padre donde las orquídeas de cultivo asombraban a los visitantes vernáculos y extranjeros, Zelia fue adquiriendo una dificultad crónica para usar cualquier tipo de zapato. Ni las consabidas ojotas soportaban la libertad de sus pies. A los quince años y ante la exigencia de tener que concurrir calzada a un baile en conmemoración de la fundación de su poblado al norte del Matto Grosso, Zelia da el gran salto de su vida al concebir la fabricación de calzados artesanales de origen vegetal. Para asombro de las autoridades políticas y religiosas presentes en el evento, Zelia luce un increíble par de sandalias construido con hojas de plátano y pétalos de orquídea procesados misteriosamente para resistir el calor y la humedad. Mediante un hábil trenzado de las hojas de plátano había logrado una plataforma verde y compacta a la que se adherían delicadas guías de tallos trenzados e incrustados con pétalos de brillantes colores. Un diseño transgresor y autóctono que despertó inmediatamente el interés de exportadores de productos regionales. Mediante un suculento contrato que le permitió independizarse económicamente de su padre, Zelia instala un taller de manufacturación de calzado vegetal, sin duda un tributo a la manufactura efímera. A pesar de los secretos procesos de preservación ambiental, inevitablemente las sandalias nunca duraban más de seis o siete días. Un tipo de calzado vegetal y descartable constituyó una avanzada en el pacato orden conservador de sus contemporáneos. De acuerdo al sentir de su biógrafa, la sociedad de la época se sintió amenazada por una mujer que a través de su ingenio creador denunciaba la transitoriedad y lo efímero de nuestro paso por la vida. Poco a poco las damas más poderosas dejaron de comprarle sus peculiares sandalias y volvieron al calzado tradicional de los talabarteros locales. Por su parte, y de acuerdo a su biógrafa, los hombres no pudieron aceptar de ninguna manera quedar al margen de la innovación y esa fue en realidad la mayor causa del fracaso. Sumida en el desencanto y despreciada por su padre, Zelia se refugia en el cultivo de margaritas silvestres. Un grupo de mujeres, entre las que se cuenta su biógrafa, intentaron en la pasada década, reinstalar la artesanía del calzado vegetal para comercializar en regiones cálidas. Pero nuevamente una andanada de incomprensiones y de conservadurismos en las legislaciones de protección a la flora nacional, impidieron la concreción del proyecto.
Actualmente las pintoras populares de la región, pertenecientes a la Fundación ?Lo efímero no es débil?, reivindican a través de su arte lo que la industria le negó en vida a la desafortunada Zelia. Los cuadros y souvenirs de las artistas locales muestran a desafiantes mujeres de belleza nordestina calzando sandalias con pétalos de orquídeas, fucsias, y margaritones. Todos los souvenirs llevan el nombre de cada artista y el lema común de la Fundación ?Zelia vive?.
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