Dos Alemanias: dos realidades para las mujeres

Antes de la unificación alemana, la situación de las mujeres era muy diferente según de qué lado del muro vivieran. ?En Alemania Occidental se debía cubrir en forma privada un considerable porcentaje del trabajo doméstico y del cuidado de niños, niñas y ancianos. Hasta el tercer año de vida, los niños y niñas permanecían casi exclusivamente al cuidado de la familia. Los jardines infantiles o escuelas de media jornada requerían que la media jornada restante fuera cubierta en forma privada. Como consecuencia de ello, se registra una tasa relativamente baja de inserción laboral de las mujeres con hijos (en 1989, en Alemania Occidental, sólo aproximadamente el 40% de las madres con hijos menores de 15 años eran económicamente activas). La mayoría de las madres económicamente activas tenían un trabajo limitado a la jornada parcial. Disposiciones tributarias como el esquema de partición de la renta de los cónyuges o la integración automática de la esposa como carga en el seguro de salud, brindaban cierta protección a las mujeres casadas, sin permitir su autonomía económica. Distinta era la situación en Alemania del Este: allí, la necesaria tarea del cuidado de personas estaba organizada socialmente y a gran escala. La cobertura de salas cuna y escuelas de jornada completa era total; en consecuencia, también era alta la tasa de inserción laboral de las mujeres con hijos, que rondaba el 80%. Las mujeres de Alemania Oriental estaban aseguradas de manera autónoma a través de su propio trabajo remunerado y no, como en territorio occidental, a través de sus maridos?, explicaba recientemente la doctora Barbara Stiegler (Fundación Friedrich Ebert, Bonn) en un seminario organizado por el Observatorio de Género y Equidad de Chile en mayo de este año.

Un estado omnipresente también hizo que las mujeres de la ex RDA alcanzaran altos índices de profesionalización, incluyendo las áreas científicas y técnicas ?en donde podemos ubicar, precisamente, a la doctora Angela Merkel, actual canciller de Alemania- por lo que la ?brecha salarial? no era tan visible como en la RFA.

?Al momento de la Unificación, el Parlamento Federal de Alemania Occidental contaba con un 15% de parlamentarias, mientras que en el Este llegaban al 30%?. Pero ya se estaban impulsando mecanismos de cuota para corregir ese déficit de participación política femenina en la ex RFA, algo que del otro lado, bajo la fuerte impronta del ?igualitarismo socialista?, no se veía como una necesidad.

El modelo occidental impuso el sistema sociopolítico ?que partía de la base de la diferencia fundamental y la complementariedad de los sexos, preservando el carácter privado de lo vinculado a la familia y la tradicional división de roles entre hombres y mujeres?. En consecuencia, las mujeres del este perdieron empleos, cobertura de servicios estatales y derechos como la interrupción voluntaria del embarazo (despenalización aborto). La migración masiva hacia occidente -no sólo a la ex RFA- sigue siendo una realidad instalada en los viejos países ubicados detrás de ?la cortina de hierro?, y muchas de estas mujeres no encuentran mejores empleos ni una mejor calidad de vida en los países de ?la Europa libre? , donde además deben competir -en un mismo plano de desigualdad y desventaja- junto con todos los migrantes que no cesan de llegar desde el ?Tercer Mundo? amenazando seriamente al endeble equilibrio bienestarista universal que como ideal suena bien, pero cada vez hay menos lugar para todos.

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