Símbolos que potencian los conflictos
?Todo en todo no eran más que ladrillos en la pared
Todos ustedes no fueron más que ladrillos en la pared?
Pink Floyd (Roger Waters)
La sufrida Alemania emergente del fin de la segunda guerra mundial ?a la que perseguirá eternamente el fantasma del nazismo- continuó siendo la protagonista de la guerra fría en su máxima expresión escénica: la construcción de un muro, por parte del bloque comunista (URSS, RDA y todos los países que por entonces vivían bajo el ?socialismo real? en Europa del este) que dividía la ciudad de Berlín en dos -del otro lado quedaba la ciudad ?libre? repartida en tres sectores ?aliados?: americano, francés y británico-, existente desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 9 de noviembre de 1989.
Construido prácticamente en una sola noche como ?secreto de Estado?, el muro llegó a tener una altura de 3,75 metros y una longitud de más de 120 kilómetros. Claro está que fue mejorado en sucesivas etapas. Un muro de ?cuarta generación? fue construido en 1975, de hormigón armado que completaba todo un sistema de vigilancia permanente -había 186 torres de vigilancia, 31 puestos de control, trozos de muro prefabricado y alambradas de púa-; dispositivos similares se encontraban en toda la frontera de la RDA (también existían campos minados que fueron la muerte segura de muchas personas).
Mientras existió el muro hubo más de 5.000 fugas; 192 personas murieron en el intento de cruzarlo, otras 200 fueron gravemente heridas pero posiblemente el caso que más se recuerda sea el de Peter Fetcher, a quien se dejó morir desangrado a la vista de los medios de comunicación occidentales el 17 de agosto de 1962.
Una fuga exitosa se concretó por el túnel cavado por los berlineses occidentales en octubre de 1964, que permitió que 57 personas pudieran pasar.
Aunque debieron pasar 28 años de un sistema opresivo y decadente, como suele suceder, la presión de la población precipitó la caída del régimen ?a la URSS, no obstante, le llevó 2 años más desintegrarse-. En la noche del 9 de noviembre de 1989 varios berlineses del este se presentaron a los puestos de control y exigieron pasar al otro lado. Esta avalancha fue recibida con entusiasmo por el Berlín occidental donde miles de desconocidos se abrazaron, tomaron cerveza gratis hasta emborracharse o cantaron espontáneamente el himno nacional alemán. Otros se animaron a escalar por encima del muro y con picos, martillos o lo que tenían a mano empezaron a romperlo hasta lograr que cayera, mientras el imparable fervor de la libertad hacía el resto del trabajo.
MÁS MUROS
Todo esto ya es historia ?vivamente recordada por estos días- y si bien el proceso de unificación alemana puede exhibir aún viejas heridas, lo que resulta increíble es que en otras partes del mundo se apliquen las mismas recetas para ?resolver? conflictos similares de exclusión e intolerancia.
La ?Valla de seguridad? que desde el año 2002 viene construyendo Israel, no es otra cosa que un nuevo muro separatista desalentador de cualquier esperanzadora salida al viejo conflicto que mantienen palestinos e israelíes. De los proyectados 721 kilómetros ya se lleva construido cerca del 60%. Tiene partes de hormigón prefabricado que llegan hasta los 7 metros de altura, torretas de control militar y un complejo sistema de vallas, alambradas y barreras, con sensores electrónicos, pistas de rastreo, etc. Hasta el momento, todas las protestas nacionales (tanto desde territorio palestino como desde grupos israelíes) e internacionales ?Naciones Unidas, Corte Internacional de Justicia, Amnistía Internacional, Cruz Roja, Artistas sin fronteras, etc- no han logrado detener su construcción.
PORFIADA INMIGRACIÓN
Pero si hay un problema difícil de resolver en este mundo globalizado que ha superado la bipolaridad de la guerra fría, es la inmigración de los países pobres hacia el ?mundo rico?.
España ha construido dos grandes vallas: la de Melilla y la de Ceuta en su frontera con Marruecos, para tratar de detener la inmigración y el contrabando ilegal. En parte financiadas por la Unión Europea, se trata de vallas que llegan hasta los 6 metros de altura, provistas de alambres de púa y poderosos sensores electrónicos terrestres, equipos de visión nocturna, videocámaras de vigilancia, etc. Sólo en 2005, en un desesperado intento por cruzar la frontera, más de 700 inmigrantes subsaharianos fueron tiroteados, mientras se calcula que más de 4000 africanos han muerto ahogados en el estrecho de Gibraltar al intentar cruzar a territorio español.
Si nos venimos a nuestro continente, un muro proyectado a escala mucho mayor es ?la solución? que encontró Estados Unidos para detener la incesante inmigración latinoamericana y, en particular, la mexicana. Y es que su frontera con México se extiende por más de 3200 kilómetros por lo cual su dimensión es gigantesca, sólo comparable con la Gran Muralla China.
Su construcción comenzó en 1994 en la frontera de Tijuana-San Diego, pero otros tramos del muro se han construido en los estados de Arizona, Nuevo México y Texas. En algunas zonas de la frontera no sólo hay un muro, sino tres vallas metálicas más que lo refuerzan y la vigilancia atenta de las patrullas de la policía fronteriza estadounidense. Su altura promedio bordea los 4 o 5 metros de altura. Recientemente se ha avanzado en la construcción del llamado «muro virtual», una serie de dispositivos tecnológicos como detectores infrarrojos, cámaras, radares, torres de control y sensores de tierra que han hecho más eficientes los controles.
Lejos de contener la inmigración, esta se vuelca a pasar por las zonas donde no hay muros, aunque existen otros obstáculos naturales como el gran desierto de Arizona, donde en estos últimos años han muerto al menos 5600 personas que tuvieron ?la suerte? de no ser atrapadas por las patrullas policiales, pero perecieron de hambre y de sed en el camino hacia el inalcanzable ?sueño americano?.
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