LA ?DAMA APLICADA? QUE DIRIGE ALEMANIA

Si bien muchos analistas coinciden en afirmar que Angela Merkel no tiene mucho que festejar ?fue reelecta con el 33,8%, un porcentaje aún menor que lo que había obtenido en las reñidas elecciones de 2005 y le debe su actual triunfo a la coalición que hará con los liberales- nadie pareció sorprenderse demasiado con el resultado. La caída estrepitosa de los socialdemócratas, el partido más antiguo de Alemania -apenas obtuvo un 23%- es la contracara de este resultado. ¿Consecuencias del desmantelamiento del estado de bienestar y la desaparición de la clase obrera que tradicionalmente sostenía este partido? Junto a los Verdes y la izquierda pasarán a integrar la oposición y habrá que ver si concretan una alianza que los proyecte mejor para dentro de cuatro años.

Pero el gran desafío para Alemania en este momento es enfrentar la crisis económica y los altos niveles de desempleo que, ya se sabe, subirá aun más cuando se agoten los programas de ayudas públicas impulsados en los últimos dos años, posibilitando que mucha gente ?un millón de trabajadores- se quede trabajando en las empresas con jornadas reducidas.

La alianza con los liberales promete un giro hacia la derecha que impondrá reformas estructurales pro-mercado: baja de impuestos, ajustes en el gasto público, privatizaciones en salud y educación, flexibilizaciones en el mercado laboral ?en el anterior período Merkel ya había reformado el sistema jubilatorio exigiendo más años de trabajo-.

 

UNA MUJER INDEFINIDA

Sin embargo, la científica de átomos y moléculas devenida en política, no puede ser catalogada simplemente como una ?conservadora? y le gusta trabajar en equipo. Su liderazgo hasta el momento no ha sido ejercido al estilo ?dama de hierro teutónica? -fantasma inevitable al que se enfrenta toda mujer en política en la era pos Tatcher- aunque algunos ya le vaticinan deberá asumirlo con esta reelección por la inevitable alianza hacia la derecha.

Tampoco proviene de los movimientos feministas; en la vieja Alemania del este el sistema comunista que la educó no distinguía demasiado, en su falso igualitarismo, las diferencias de género. Aunque dice cocinar bien, no es la típica esposa devota y tuvo que aprender a vestirse y maquillarse diferente ?sin estridencias, como parece ser su personalidad- para ser aceptada en el rol de canciller. La falta de carisma, de ideología, de empatía, de lealtades pueden jugarle una mala pasada, pero fue lo que los alemanes ?y las alemanas- vieron en ella como la opción más racional para salir de la crisis.

 

ALEMANAS DIVIDIDAS

?Las mujeres con Merkel? reúne a doctoras, abogadas o gerentas de éxito y, según explican en su web, la apoyan porque ?es una persona que se dedica de manera totalmente profesional y competente a sus obligaciones (…) No se pone a sí misma en primer plano». La ven como a una gestora de éxito, que se deja aconsejar por los expertos que la rodean y toma después decisiones prudentes.

?Más para Merkel?, que funciona desde 2003, reúne un grupo de mujeres conocidas del mundo empresarial alemán, como la editora Friede Springer y la empresaria Ann-Katrin Bauknecht, que trabajan comprometidamente en un lobby, con red en cada región, para la canciller.

Pero también se ha ganado algunas aliadas insospechadas, como la revista de izquierda y feminista alemana ?Emma?. Su editora, Alice Schwarzer, se siente reconfortada con la figura de la primera canciller aunque no sea ?progre?.

Sin embargo, algunas más jóvenes no opinan igual: ?Angela Merkel tiene una manera de gobernar agradable, nunca se coloca en primer plano, pero no comparto sus ideales políticos. Me parece muy bien que nuestra canciller sea una mujer, pero me gustaría que fuera otra» (Louise, 28 años). «Merkel es difícil de valorar, porque nunca opina claramente. Primero deja que los demás se manifiesten y luego se une a la opinión general» (Kathy, 26 años).

 

BREVE HISTORIA DE ?ANGIE?

Hija de un pastor luterano y una maestra de escuela, creció en la antigua Alemania Oriental, donde su fe no era muy bien vista por el régimen comunista de entonces. Estudió Física en la Universidad de Liepzig. Allí conoció a su primer marido, Ulrich Merkel, de quien se divorciaría en 1982 pero del que sigue usando su apellido; en Berlín se convirtió en especialista en Química cuántica. En 1986 obtuvo el doctorado bajo la tutoría del profesor Joachim Sauer, con quien inició una relación sentimental que no sería formalizada en segundas nupcias hasta el 30 de diciembre de 1998. El catedrático sigue siendo su pareja, aunque la prensa lo ha apodado ?el fantasma de la ópera?, porque sólo se los ve juntos en público cuando asisten a ese tipo de espectáculos.

Después de la caída del muro, la doctora se afilió a Despertar Democrático (DA), un pequeño partido impulsado en Leipzig por círculos contestatarios de las iglesias protestantes. Partidaria de proceder a la unificación rápida de Alemania, su agrupación participó en las negociaciones multipartitas Alianza por Alemania, una coalición conservadora integrada con otros grupos cristianos, que ganó rotundamente a socialdemócratas y poscomunistas.

La Unión Cristiano Demócrata (CDU), emergente con el logro de la unificación alemana -3 de octubre de 1990-, llevó a Ángela Merkel a la Cámara Baja del primer parlamento panalemán. Como producto de las negociaciones con los democristianos, Merkel fue nombrada ministra de Mujer y Juventud, cargo que ocupó sin ningún lucimiento (se pronunció contra la libre regulación del aborto, contra las cuotas femeninas, contra el reconocimiento de las uniones homosexuales). En la interna de su partido, llegó a ser la jefa en 1993 y ya en un nuevo gabinete pasó a ser la ministra de Medio Ambiente, Conservación de la Naturaleza y Seguridad Nuclear.

Indiferente a quienes la minusvaloraban por ser ?la protegida? del todopoderoso y patriarcal Helmut Kohl, fue consolidando su posición en la CDU. Tenaz, austera, discreta, con esos aires de sufrida tan propios del protestantismo, salió indemne luego de cuatro períodos de gobierno, de la aplastante derrota que en 1998 le dio el triunfo a los socialdemócratas liderados por Gerhard Schröder.

El desastre la catapultó al liderazgo de su partido. Un inesperado escándalo de corrupción envolvió a los democristianos y a la otrora poderosa figura de Kohl. La investigación parlamentaria que dejaba al descubierto una ?donación? de un millón de marcos al gobierno de Kohl en 1991 por parte de un fabricante de armas, colocó a Merkel, secretaria del partido, en un lugar donde nadie querría estar. Exhortó a ?su protector? a que aclarara el asunto, quien se vio obligado a hacer declaraciones sin dar nombres de los donantes ni siquiera ante la comisión parlamentaria. Al afirmar que la era Kohl estaba «terminada sin remedio» y sugerir que debía retirarse de la política, Merkel dio el paso valiente -o desleal, según se mire- de romper con la figura clave de la CDU durante un cuarto de siglo y con uno de los grandes estadistas alemanes de la posguerra. Angie, como le gusta que la llamen desde que emergió a la vida política, se quedó con la presidencia del partido y fue electa candidata sin que ni siquiera dentro de sus filas confiaran en el triunfo.

Pero esto ya es historia. Aquel 22 de noviembre de 2005, Alemania vivía una situación triplemente atípica: Merkel era la primera mujer, el primer antiguo ciudadano de la RDA y, con 51 años, la más joven titular en alcanzar la Cancillería desde la creación de la RFA en 1949. En el contexto europeo, era la decimocuarta jefa de gobierno desde que Margaret Thatcher abriera el camino en el Reino Unido en 1979, aunque sólo la cuarta que llegaba al puesto como resultado de una elección y como jefa del partido ganador, siendo las anteriores Thatcher, la noruega Gro Harlem Brundtland en 1993 y la finlandesa Anneli Jäätteenmäki en 2003.

Hoy repite en el cargo y 20 años después de la c
aída del muro, será la gran protagonista de esos festejos: es que su historia personal sintetiza la cara historia de la unificación alemana.

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