HUMORGRAFIAS

ARACELI TRANSGRESORA

Podría decirse que haber nacido en San Nicolás fue para Araceli un motivo de rebeldía innato. Nunca, ni siquiera de niña, fue una señorita de San Nicolás al uso: no supo coser ni bordar y despreció siempre el arroz con leche clásico. Ni bien pudo disponer de un tabutere a su medida, innovó la preparación a más no poder. Suprimió el clavo de olor, la canela y la leche, manteniendo el arroz como ingrediente básico pero hervido en agua de trigo burgol, fórmula que más tarde sustituyó por el agua de amapola. Desde los ocho años fue convocada para las ceremonias de bautismo no ortodoxas para preparar y servir el postre local, preparado por ?la niña de San Nicolás? como se la llamaba por entonces. Nunca, a pedido de la propia Araceli, fue cambiado el nombre del tradicional plato o sea que se siguió llamando ?arroz con leche? aunque no llevara leche. Esto de comer lo que en realidad no se estaba comiendo llevó a la población de San Nicolás, sobre todo a la población femenina, a una verdadera revolución de hábitos y costumbres que se expresaba tanto en casarse sin casarse como en coser sin coser y en bordar sin bordar. Nacida en el seno de una familia humilde, más allá del apoyo popular, Araceli tuvo que atravesar infinidad de prejuicios para abrir a los quince años una academia de cocina, a la que mayoritariamente concurrieron hombres deseosos de iniciarse como chef y matricularse en expertos en arroz con leche sin leche, luego de dos años de ensayo y error probando hervir el arroz en agua con pétalos desecados de amapolas tanto como en agua con pétalos naturales. Según Araceli, los pétalos desecados tenían cierto poder afrodisíaco muy apreciado por las señoras mayores. El éxito de Araceli produjo malestar en las cúpulas gastronómicas de San Nicolás y en la federación de tamberos locales que veían diezmadas sus ganancias. En su defensa surgieron diferentes agrupaciones que se opusieron tenazmente a la tercerización láctea de las vacas, aduciendo que la leche vacuna tiene por único y primordial objetivo alimentar a la descendencia vacuna y no a la descendencia humana. Y mucho menos a humanos adultos cuya aficción desmedida al arroz con leche constituía, según las mencionadas agrupaciones, un atentado y una afrenta al derecho natural de la descendencia vacuna a hacer uso y abuso de la leche que les corresponde. A pesar del apoyo de estas agrupaciones, Araceli decide abandonar San Nicolás y se traslada al norte de los Alpes suizos, donde el arroz con leche era totalmente desconocido y donde sin ningún esfuerzo impuso su fórmula con agua de amapolas directamente trasladadas del sur de Rusia. La repostería internacional ha intentado en las últimas décadas reivindicar los aportes de Araceli, pero han topado siempre con la feroz resistencia de los fundamentalistas del arroz con leche que ven señales apocalípticas en la preparación con agua de amapola. Sus biógrafos insisten en cierto paralelismo entre las amapolas y Araceli, ya que tampoco se explican como es que siendo tan linda pudo vivir tan sola.

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