Atentado a la dignidad
La joven de 18 años, desconocida hasta el momento de pasar la meta de los 800 metros en 1:55,45, fue rápidamente criticada por sus pares en la competencia: algunas salieron a decir que ?no parece una mujer?. Su abundante musculatura y vellosidad, su voz gruesa, su aspecto ?varonil? aparecieron en todos los titulares de prensa. ?A la chica, o lo que sea (sic) hay algo que la motiva?? tituló ?El Mundo? de España, por ejemplo. Buena parte de la prensa británica ?incluyendo a la BBC- fue hasta Masehlong, la distante aldea del noreste de Sudáfrica, hasta hace muy poco tiempo sin electricidad y con distantes pozos de agua potable para abastecerla, donde se crió la hoy atleta de alta competición.
Todos hablaron de Casten Semenya, también nuestros noticieros locales se hicieron eco de la misma ?noticia?. Su logro deportivo no era lo importante sino que su identidad sexual y de género estaba bajo sospecha y, de alguna forma, esto la descalificaba en su mérito profesional.
En una época donde el dopaje está a la orden del día en estas esferas de alta competencia, la decisión de la IAAF (Asociación Internacional de la Federación de Atletismo, por su sigla en inglés) de someter a Semenya a un examen de verificación de género, para algunos fue adoptar un buen criterio (aunque nadie sabe por qué no se hizo antes de la competencia en que ella terminó ganando la medalla de oro), mientras que muchos otros entendieron que el trato recibido por la joven ha sido humillante y descalificador.
Un test de verificación de este tipo supone un análisis complejísimo que abarca estudios hormonales, cromosómicos, ginecológicos y psicológicos, cuyos resultados demorarán en ser conocidos. Podría darse el caso de que sea descalificada y se le retire la medalla, si el equipo médico decide que Caster ?no es una mujer? aunque toda la vida ella se haya considerado a sí misma perteneciente al género femenino y así lo diga su propia partida de nacimiento, exhibida con orgullo por su familia en la remota aldea africana donde, lejos de las especulaciones europeas, los pobladores bailaron y cantaron toda la noche del gran triunfo.
MÁS ALLÁ DE LA IDENTIDAD SEXUAL
Aun cuando Caster parece tener más testosterona que otras mujeres deportistas o algún tipo de intersexualidad cromosómica ?como ya empiezan a especular los expertos de los que se hace eco la prensa-, ni ella ni su entorno dudan de cuál es su identidad sexual.
?Yo mismo le cambiaba los pañales?, es una de las frases que más ha repetido su padre, mientras que su abuela de 80 años, relató al diario inglés ?Times? que su nieta, estudiante de primer año de la carrera de Educación Física, siempre sufrió burlas por su aspecto masculino y por haber sido la única chica en el equipo local de fútbol. Su entrenador llegó a contar la anécdota de cuando Caster quizo ir al baño en una estación de servicio y le indicaron el de los varones, ella habría respondido: ?¿quieres que te muestre mis genitales??
Pero sin duda que donde peor se sintió fue en el magnífico estadio de Berlín. Según Leonard Chuene, presidente de la Federación Sudafricana de Atletismo, Caster estuvo a punto de renunciar a la medalla de oro. «Me dijo que no quería subir al podio, pero le contesté que debía hacerlo». El malestar de la atleta fue evidente en su contestación: ?¿Para qué me trajeron? Mejor me hubieran dejado tranquila en mi pueblo».
Las reacciones en Sudáfrica y en buena parte de la comunidad internacional no se hicieron esperar. Un país donde la sensibilidad racial sigue estando a flor de piel tras décadas de Apartheid -recordemos que este sistema de segregación racial se mantuvo legalmente vigente entre 1948 y 1994- salió a defenderla desde las más altas esferas del gobierno pero también desde la sociedad civil. No falta quienes consideran ?como puede verse en el sitio de Facebook ?In Support of Caster Semenya and African Women? que al cierre de esta nota contaba con 51.764 miembros- que la IAFF no sólo saca a relucir sus estereotipos sexistas, sino intencionalidades de corte racista y hasta imperialista.
La joven, por otra parte, es un caso paradigmático para esa nación. Una buena historia de superación y pobreza, como lo consideró el presidente sudafricano Jacob Zuma quien, junto a miles de personas y pancartas, fue a recibirla al aeropuerto de Johannesburgo. Desde ese día Caster es una heroína nacional; en la batalla mediática el apoyo hacia ella y su medalla de oro es cerrado, mientras que el gobierno anunció que le regalará una casa ?digna? para ella y su numerosa familia.
LA POSICIÓN DEL GOBIERNO SUDAFRICANO
«(El) Ministerio demanda transparencia de parte de la IAAF sobre la secuencia de eventos que llevaron a que el género de Semenya fuera puesto bajo tal escrutinio injustificado. (?) Hubo un evidente descuido de su dignidad como humano. Cuestionar su género está basado en una imagen estereotipada de los rasgos físicos y las habilidades atribuidas a las mujeres», dice un comunicado del Ministerio de las Mujeres, Niños y Personas Minusválidas de Sudáfrica, que también acusa a la IAAF de ser parte de un ?patriarcado? en el deporte mundial.
La ministra de esa cartera, Noluthando Mayende-Sibiya, instó a «todos los sudafricanos, y especialmente a las mujeres», a darle su apoyo y «despreciar las insinuaciones que se han hecho» sobre su feminidad.
El parlamento sudafricano ya decidió llevar el caso al Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas.
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